La violencia doméstica continúa destrozando hogares en Misiones

Ana Esmerio carga sobre sus espaldas con 62 años de edad, con la doble misión de ser abuela y madre de sus siete nietos, quienes quedaron huérfanos productos de la extrema violencia doméstica en la que perdieran la vida los padres de los niños en la Capital del Trabajo.
domingo 23 de marzo de 2008 | 0:00hs.

Ana Esmerio carga sobre sus espaldas con 62 años de edad, con la doble misión de ser abuela y madre de sus siete nietos, quienes quedaron huérfanos productos de la extrema violencia doméstica en la que perdieran la vida los padres de los niños en la Capital del Trabajo.
Cuando todos los vecinos del barrio Roulet aún no salen de su asombro por la determinación de su vecino Julio Coronel (64) de matar de varios puntazos a su esposa Haydee María Moraís de 41 años, a unos 30 kilómetros de allí, esta vez en Santiago de Liniers, el jueves santo la violencia familiar volvió a ser protagonista y casi termina con la vida de dos familias más, cuando el hombre hirió a puntazos a la esposa y a la suegra e intentó luego suicidarse.
Esto demuestra que los casos de violencia doméstica aumentan en forma diaria en esta ciudad y, por ahora, una de las pocas respuestas de una justicia abarrotada de causas, es la expulsión del agresor del hogar.
Ello es producto de la falta de un equipo interdisciplinario que brinde contención ya que muchas veces, la familia termina forzosamente disgregándose.
Esta es la lectura que hacen profesionales vinculados a la problemática.

Los casos denunciados
En Eldorado,  en promedio, se registran hasta dos casos de violencia doméstica extrema, tanto ante la Comisaría de la Mujer como ante la Justicia.
 "La ley de Violencia Familiar fracasa por falta de recursos y estructura", sostiene un informe publicado por El Territorio en relación a situaciones similares.
"En casos de violencia doméstica se expulsa al agresor pero no hay un equipo interdisciplinario para contener y solucionar conflictos y las instituciones para proteger a personas en riesgo están saturadas", se indicó.

Un caso testigo
Por violento, Julio Coronel fue expulsado de su hogar después de la denuncia formulada por su esposa, Haydee María Morais.
"Aquel que fue excluido por violencia familiar, es muy difícil que vuelva al mismo lugar y si vuelve, lo hace para peor", había advertido el abogado especialista en temas familiares Otto Moscher.
Los profesionales médicos y abogados coinciden en que se adoptan las medidas inmediatas y preventivas como la exclusión del presunto agresor pero queda pendiente, la recomposición del grupo familiar, porque a ello apunta la Ley de Violencia Familiar. Es decir, no disgregar sino al contrario intentar buscar las causas y solucionar los inconvenientes surgidos en la pareja.
Esto no ocurrió con la pareja Morais-Coronel. Desde la última navidad de 2007,  Coronel había sido denunciado por malos tratos y la Justicia dispuso la expulsión temporaria del hogar.
La ley 4405, que modifica la 3325 de violencia física y psicológica, fue aprobada en noviembre del año pasado por la Cámara de Representantes de Misiones. Entre los aspectos novedosos, incluye la obligación del Estado de garantizar gabinetes para la asistencia psicológica gratuita de las víctimas, así como refugio para las personas agredidas que hayan tenido que abandonar su hogar por ese motivo.
Justamente ese es uno de los aspectos en el que hacen hincapié quienes están vinculados a la problemática. Mientras el texto de la ley propone asistencia psicológica y refugio para los agredidos, nada de eso existe en la realidad o es insuficiente.
Esta familia sin saber nada de esa ley, lo sufrió en carne propia. Aunque Julio Coronel tenía prohibido rondar la vivienda familiar, lo seguía haciendo con total libertad y hasta prometía venganzas.

La abuela presentía el final
La abuela Esmerio temía por sus nietos y por su propia hija de que cumpliera esas amenazas, pero no tenía a quien recurrir.
 "El no quería separarse y a veces le corría con machete, siempre le decía que la iba a matar y ella vivía con miedo". Ante la tragedia, es la abuela quien busca cómo hacer frente a la tragedia, fundamentalmente para criar a los siete hijos que perdieron a sus padres.
Para agregar a sus limitados ingresos como jubilada, sale a ofrecer cada día los productos de cartillas de cosméticos pero no descuida su rol de ama de casa, en su humilde vivienda del barrio Roulet. A no más de 50 metros de allí, sobre la calle Benteveo vivía una de sus dos hijas, Haydee María Morais de 41 años, sobreviviendo con sus siete hijos con los ingresos percibidos como ama de casa.

El día del crímen
 El presentimiento de Esmerio, se cumpliría el jueves 13 de marzo pasado, de una manera inesperada para los vecinos, aunque pensada hasta en los mínimos detalles por el agresor. Éste, al ver que no sería aceptado, por la fuerza, cambió su actitud. Tomó contacto con Clara Morais de 21 años, la única hija nacida fuera del matrimonio Moraís y Coronel.
El padrastro le pidió que intercediera ante su madre, porque le dijo que "estaba enfermo y necesitaba atención médica y quería estar con sus hijos y la familia".
Aunque la hijastra desconfiaba del rotundo cambio, le convencieron finalmente aquellas promesas de Coronel de no continuar bebiendo alcohol en exceso, abandonar el cigarrillo y sobre todo, cambiar su actitud siempre hostil para con la familia.
"Y yo le creí", se lamenta ahora Clara Morais, quien con su intervención permitió a este hombre volver a su hogar un día domingo. Esa actitud pacífica se transformaría en menos de una semana en la peor expresión de violencia, provocando una  tragedia familiar que todo el pueblo aún hoy llora.
Julio Coronel, asesinó a su esposa Haydée Morais de al menos siete puntazos y luego se suicidó clavándose el puñal a la altura del corazón.
Todo sucedió en presencia de tres de los siete hijos de la pareja. El principal testigo de la tragedia fue Federico de 13 años, mientras Catalina de siete años, inocente, dormía mientras su madre recibía los puntazos mortales en el lecho matrimonial. Su hermanito, Facundo de ocho años, en un arrojo golpeó a su padre con un escurridor, en un desesperado intento por proteger a su madre.
Tampoco de nada sirvieron los arrojos de valentía de los hermanos, de abrir la ventana para sacar a su madre y correr de la violencia, porque  Coronel había echando cerraduras a las  puertas de salidas y había preparado su plan con mucha antelación. Tanto como para afilar con tiempo su cuchillo con el cual terminó la vida de su esposa y se hincó delante del pequeño de ocho, terminando así su vida.

Después de la tragedia
La tragedia no solo dejó huérfanos a siete niños y adolescentes, también quedó al descubierto las falencias y la falta de contención anterior y posterior por parte del Estado, a situaciones similares o de extremas violencia doméstica.
El Territorio tomó contacto con los familiares, principalmente para saber cómo serían las vidas de los pequeños huérfanos y para solidarizarse, haciendo público los reclamos y necesidades de esta familia.
Los dos únicos hijos mayores son Clara (21) y Lorena (19). Los demás aún concurren a la escuela 635 y son Néstor (15), Federico (14), Fernando (11), Facundo (8) y Catalina (7)
La abuela se hará cargo de sus nietos, quienes reciben asistencia psicólogica y ayuda de una asistente social, pero requieren de más contención como la reclamada conformación de un equipo multidisplinario, tal como lo prevé la postergada creación del Juzgado de Familia.


Roulet, un barrio solidario
Héctor Rolón es el presidente del barrio Roulet, cuyos habitantes se caracterizan por su solidaridad, dijo: "nos golpeó mucho este hecho y se manifestó durante el fin de semana, nadie salió y la gente continúa de duelo".
Recordó que desde el primer momento, notaron que se necesitaba la contención de todos, amigos y parientes. "Y si las autoridades no responden a nuestros pedidos, cosa que todavía estamos esperando como el corte de casa y vamos a trabajar para conseguirles".
Los huérfanos necesitan una casa, porque fueron alojados en casa de la abuela donde viven apretujados en un dormitorio, una pequeña sala y una galería. "Nos chocamos entre todos acá", graficó Clara. Improvisaron la sala como un dormitorio donde colocan colchones, para refugiar a todos en el lugar. Justamente, también requieren de colchones y los chicos necesitan zapatillas y útiles para continuar concurriendo a la escuela.
Los pobladores, unos 1.300 habitantes, reclaman guardia permanente en el destacamento policial y ambulancia, para trasladar porque deben recorrer unos nueve kilómetros en caso de emergencia como ocurriera con esta familia.


Un problema presente a lo largo del todo el país

Sólo en Argentina, en las tres primeras semanas de 2008, al menos tres mujeres fallecieron en manos de sus parejas o ex compañeros -en Tucumán, Río Negro y Entre Ríos- y estuvieron  muy graves tras ser atacadas y golpeadas, en las provincias de Buenos Aires y Tucumán.
A estos datos deben agregarse otras tres citadas en esta misma página y ocurrida en la ciudad de Eldorado. Una con resultado fatal y otras dos, con graves consecuencias.
Según estimaciones de la ONU, una de cada tres mujeres en el mundo tiene probabilidades de ser golpeada, de ser obligada a mantener sexo, o de recibir malos tratos psicológicos. Este dato fue difundido el 24 de febrero de 2008 por el Secretario General de la ONU, durante la presentación de la campaña anual de intensificación de las iniciativas dirigidas a acabar con la violencia contra la mujer y la niña (la campaña finalizará en 2015).
Se trata de una temática que se circunscribe al espacio familiar pero que precisa una acción de gobierno para prevenirlo. La violencia -que muchas veces termina en muerte- principalmente se manifiesta en la familia y particularmente en la pareja. La violencia hacia la mujer puede ser física, psicológica, emocional, financiera  y puede provenir de cualquier miembro de su entorno (marido, cónyuge, compañero, hijo).
“El asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como público” es conocido según la ONU en la actualidad como feticidio o femenicidio.