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Emilia Behr de Peralta a sus 89 años con alegría y fortaleza

domingo 28 de enero de 2007 | 2:00hs.
Emilia Behr de Peralta a sus 89 años con alegría y fortaleza


Pasaron algunos años de  cuando, habíamos dialogado en San Ignacio con una agradable señora. Tenía en su rostro ternura y la sonrisa  siempre dispuesta, tal como hoy. Buena memoria para contar su existencia con sus familiares, que hasta ahora conserva. En estos momentos, claro que ya perdió algo de salud  física. Así,  la vista y no hace las labores a mano que realizaba. Pero cocina y cuida sus plantas. Contestó a nuestro interrogatorio, bien predispuesta y amable.

¿ Doña Emilia Behr de Peralta usted dijo que conoce muy bien de privaciones, que pasó junto a los suyos. Además sabe de los  trabajos forzados de la gente de humilde condición económica. Puesto que ha  puesto su  mirada, en los que viven en las chacras misioneras.?
Es así. Porque pasé mi existencia en ese mundo distinto. Lejos de las incomodidades. Constantemente me pongo en el lugar  de las familias necesitadas.
Claro está . Que mis descendientes eran labradores santafesinos, procedentes de “Las Toscas”, un pueblo de dicha provincia. En ese lugar, mis mayores plantaban la caña de azúcar ,que vendían a un ingenio azucarero.
Mis padres  se casaron en 1902, e inmediatamente, viajaron en barco rumbo a la que denominaban, la próspera Misiones. Vinieron en busca de mejoras económicas. Se instalaron en los terrenos conocidos como chacras de Rudecindo Roca, ex gobernador de Misiones en 1882. Y hermano del presidente, Julio Argentino Roca. Justamente en la colonia de San Ignacio. En sus  inmediaciones, desmontaron, para plantar y criar animales para su consumo.

¿ Entonces , como estaban lejos, selva adentro, al nacer cada hijo, en total diez, fueron atendidos, por su  padre , don Roberto Behr. , usted nos relató ?
Bueno, por cada hijo que iba a nacer, ya tenían preparada la tijera hervida en un latón. Desinfectados, los elementos rústicos de que disponían. Ya que no había partera, él leía y llevaba las instrucciones a la práctica.
En el entorno familiar llevábamos una vida sana y alegre. De trabajo, donde todos ponían manos a la obra en los quehaceres de los colonos. Grandes y chicos; a cooperar, consumían, lo que cosechaban.

¿ Refirió que  los animales que se criaban y lo sembrado, salían a venderlo casa por casa, en el pueblo y en jardinera. Además vendían miel, puesto que eran apicultores.?
Asimismo, vendían  yerba mate, a los franceses de una empresa rosarina. Éstos eran dueños del establecimiento Martín y Cía.  
Cruzaban las picadas
?Doña Emilia, usted aclaró que hoy tiene el humor de siempre y está feliz junto a los suyos. ?

Por supuesto. Pero antes... yo  podía atender a los ancianos imposibilitados. Niños pobres... desprovistos de todo un poco. Me acercaba a ellos, dándoles ropas y comestibles, merced a la tarea encomendada por Cáritas de la iglesia.

¿Comentó que poco y nada asistió a la escuela Nº 44, donde cursó hasta el 3° grado.  Les costaba concurrir al establecimiento educativo. Cruzaban  el sendero selvático, era  larga la distancia y oscuras las picadas. Sí en cambio, aprendió las primeras nociones de lectura, escritura, matemática, historia. Redactaba correctamente.?
Hasta lo que memoro hoy, es a una  apreciada docente de Posadas, la maestra Rosita de Nelly. Recuerdo a mis compañeras: Yunis y Solís. Cuando cumplí 15 años, fui a vivir al pueblo de San Ignacio y me hospedé en casa de Max Bose y su esposa. Estos, estaban a cargo de la Compañía Internacional de Teléfono. La central era a cable. Se daba vuelta una manija del negro aparato. La gente debía pedir el número al que quería llamar. Ya sea desde sus teléfonos particulares o desde esa central. Mi hermana mayor, Julia, trabajaba en esa telefónica, con su esposo Augusto Spizer.

¿Quien sería su esposo, Andrés Totí Peralta, le hacía la pasada todos los días.?
Si. Fue mi compañero durante 35 años "hasta que Dios lo llamó en 1974”. En la telefónica, yo  trabajé desde 1932 al 40.  y tuve la oportunidad de conocer a Horacio Quiroga. A quien definé como "parco”. Entraba y se retiraba sin saludar a nadie.
Al mismo tiempo destaqué que, con la familia Bose, me unía una gran amistad.

El intendente Andrés Peralta
¿Había manifestado que se casó con don Andrés en 1940, por civil y por iglesia, en el domicilio de sus padres, los Behr.  Andrés “Totí”, era hijo de Pedro Peralta y Tránsita Chaves. El progenitor de Andrés , nacido en 1915, se desempeñaba como capataz de personal, en la empresa yerbatera Martín y Cía, de la citada localidad. ?
Si. Por lo tanto, desde jovencito se empleó en el establecimiento. Como dependiente de la proveduría. Años después fue encargado de carga y descarga, de los camiones que trasladaban la yerba, al molino o secadero. Luego se empaquetaba para distribuirla a Rosario.
En el establecimiento se elaboraban las marcas “El Tigre” y “La Hoja”. Mas adelante trabajó acopiando carbón de los colonos. Abastecía en el camión a los Altos Hornos Zaimán, hasta Posadas.

¿ Había recordado una anécdota. Que su esposo ,tenía un peón llamado Ramón Sande, a quien le gustaba "tomar unos tragos de alcohol de más". Su marido, lo  trataba como a un hijo, pero cuando lo reprendía,  era porque “estaba bebido". Ramón le contestaba: "Hombre es hombre y tiene que tomar".?
Recuerdo sí. Mi esposo  se desempeñó por varios años como intendente municipal de San Ignacio. Fiel al partido político donde militaba. Andrés  falleció a los 59 años.

Una lucha sin tregua
Haciendo una reflexión sobre  días juveniles, narró cuando conoció a “Totí”Peralta,  en la proveeduría, donde estaba empleado . Ella iba a comprar provista,  el galán le regalaba golosinas y le hacía piropos, costumbre de antaño. Nada fue en vano.  Al principio vivieron en la chacra del establecimiento yerbatero. En una casa amplia que aún se conserva, con galería, jardín, y huerta. Plantaban maíz, mandioca, sandía, melones, árboles frutales. Criaban  animales, vacas, gallinas, gansos. La vida fue sacrificada, pero había tiempo para todo porque el día comenzaba a la madrugada. A Emilia  al recordar,  la hacen revivir con fé. “Yo  prendía el fuego, ordeñaba, atendía a mis hijos Gladys, Dora, Gabina, Carmen, Pedro, Zulma y Zulema. Pues tuvimos tres veces mellizos (dos fallecidos)” contestó. El carácter amplio y ameno del  matrimonio coadyuvó, para que superaran os obstáculos, indicó . Pese a las dificultades juveniles, el matrimonio salió airoso. Hicieron estudiar a sus hijos, varios tienen títulos. Dijo que su esposo era un hombre de buen corazón. Amigable, buen anfitrión y de una alegría contagiosa. Le gustaba recibir visitas. Bailar con su esposa, escuchar chamamé y era amigo del músico encarnaceno ,Juan Carlos Soria. En cambio ella, durante 30 años, trabajó para Cáritas de la iglesia San Ignacio de Loyola y formó parte de la comisión del templo. La Municipalidad de San Ignacio le otorgó el título de ciudadana distinguida. Emilia es fervorosa cristiana, devota del Sagrado Corazón de Jesús y Santa Rita. Reunía a los niños de las villas, en su casa. Que eran  más de 150 chicos. Les brindaba calzados, ropas. En  días de Santa Rita, preparaba un banquete especial para la gente menuda. Tenía como vecinos a las familias; Rivas, Martínez, Sosa, Skudras, Mattos, entre otras, que escapan a su memoria. Reza novenas, es devota además del Divino Niño Jesús y la virgen del Rosario de  San Nicolás.

Mercedes Villalba

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