“El iconoclasta”
La escoba
“Ismael Fernández era un contemporáneo. Un día fui a verlo y le dije que hacía teatro y le recordé que era mi tío. El conocía mi existencia y me intersaba mucho charlar con él y aprender. Me dijo: “Mirá allá en el fondo está el escenario, está la escoba ¿por qué no comenzamos por el principio?” Mi ego no me permitió eso y no se lo perdoné jamás. Tardé años en venir y agarrar la escoba.”
El ego
“El hecho de la escoba era un hecho ineluctable. Había que hacer eso y después sufrir y mucho, angustiarte. No sé si un lastre o producto de una disciplina acérrima, fuerte, hasta que uno se despoja de eso. Duró mucho tiempo.”
Stanislavsky
“Llegué a la escoba, renegando contra la escoba para entender después que quizá ese era el principio. Después me dijo “Vas a apuntar… el viejo oficio del Apuntador”. Lo apasionante era que Ismael conceptualizaba cada cosa y dignificaba el oficio de todos. Yo no me daba cuenta que estaba enseñándome Stanislavsky. Me decía: “por favor hablá con el boletero de la entrada e interesate si comió ese día, si su familia está pasando bien, si su mujer pare bien”. Pero yo le decía “¿qué pasa con la técnica, con la memoria emotiva?” Y el me decía “si, si, pero fijate…” Me llevó quince años darme cuenta que me estaba enseñando Stanislavsky.
Aprendiz de brujo
“El proceso fue largo, penoso, maravillosos. Luego me dijo Te subís a la cabina de luces con el señor aquel que tiene cincuenta años de profesión y que te enseñe a hacer un empalme, que te cuente lo que es magenta, un tacho”. Por esa época no existían los dimmers. Lo hacíamos barritas de sal que nos cagaban a patadas…Fui clavijero y aprendí a manejar las bambalinas”
La Realidad Cero
“Eso fue maravilloso porque salíamos mucho al interior. Y vimos un panorama terrible: hambruna y más hambruna, el analfabetismo y el hecho de poner tractores para iluminar el escenario…”
El teatro debe dar noticia
“Todo ese tipo de cosas me empujó a dar noticias. Había que dar noticia de todas las cosas raras que pasaban en aquella época. Ya en ese tiempo, la gente desparecía por pedir aumentos de sueldo, la capanguería seguía y se pagaba todavía con vales de grasas y harina. Miraba todo eso y en mi cabeza retumbaban las palabras de Ismael: “si el teatro no es pueblo, no es un carajo, hay que dar noticias, porque el escenario tiene el mismo valor del púlpito o la tribuna”.
La realidad y su sabor
“Todas las obras terminaban con una moralina del orden, de encausar las cosas. Eso fue borrado, pude apropiarme del discurso y decidí que cueste lo que cueste, tiene que saberlo la gente.”
Dramaturgia misionera
“Mis abuelos vivían en un lugar atípico de Misiones: Cerro Corá, un páramo en un lugar exuberante, como toda la provincia. Sigue en el mismo estado como hace años. Es un lugar desértico, la gente se va y las casas quedan abandonadas. Es un lugar totalmente mágico, por la soledad y por lo diferente. Todo crece desesperadamente, todo es tan exuberante, que te minimiza. Te pone en caja muy rápido. En el monte tenés la visión cortadita. Eso corresponde a nuestra música. Ahí me di cuenta de otra vida y otra magia. Comenzaba a descubrir ese famoso realismo mágico.
Episodio del realismo mágico
“Estaba en un bar y un hombre me toca el hombro preguntando la hora. Sin mirarlo contesto “son las cinco de la tarde”, él dice:” tengo que apurarme entonces, porque me van a cerrar el cementerio y tengo que enterrar a mi hijo” Me doy vuelta y veo la escena: llevaba el cajón de su hijo muerto, en la bicicleta”.
El mito
“La revelación de lo mítico influye muchísimo en mi escritura, me hace profundizar, me hace conceptuar. Me hace incluso a veces renegar de la técnica. Me obliga a escarbar para ver lo esencial”.
Fugacidad
“No es en la dramaturgia, quieta, ni en la puesta, viva y fugaz donde se materializa mi aporte al teatro, sino en el gerundio, en el andando, en la puesta. Es lo que tiene de valioso esa fugacidad. Repito a ultranza cómo queda grabado en ese desnivel traumático en el escenario, como lo que se dice arriba tiene valor de verdad.”
Convención
“Aunque finalmente, nosotros por defensa o vaya a saber porqué, un acuerdo tácito que dice: van a creer en notros 40 minutos que vamos a exponer nuestras verdades, nuestros miedos y después olvídense… si pueden Esa es la verdad. La literatura teatral, en el anaquel de la biblioteca.”
Potencialidades
“Hay textos capaces de voltear gobiernos, replantear vidas o provocar suicidios.”
La puesta en escena
“Son una cantidad de códigos que hay que respetar total y absolutamente. Los signos, los significantes, los símbolos…”
La dirección
“Se trabaja con el alma y con la historia del actor. Eso es Stanislavsky, ortodoxo. Hablamos con otros maestros y nos dimos cuenta que hacíamos todo y de todo. Podé dedicarte más a centrarte en el trabajo con el actor y su entrenamiento, en su capacidad de comunicación y permitir que otros revisen los significados de las luces, que ordenen los símbolos, que no haya nada gratuito sobre el escenario.”
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Rulo Fernández, director teatral, lo ha confesado en tres soportes: el verbal (ideario), el escrito (mensaje) y el creativo (obra). Que hace lo que piensa lo dicen sus meritorios pergaminos que arden en la hoguera. No deja rastros. Sin embargo van aquí mismo, algunas sabrosas piezas cazadas en su coto. Como cenizas.