Quedó firme la condena a prisión perpetua para Castillo por homicidio

domingo 09 de abril de 2006 | 2:00hs.
La sentencia definitiva para el autor de los crímenes más escalofriantes de los últimos años quedó firme la semana pasada y deberá ser cumplida por el ex policía César Javier Castillo, quien fue condenado a la pena máxima en prisión por “homicidio calificado y aborto en concurso ideal” delito del que fuera víctima Lorena Basabes, de 24 años. La mujer estaba embarazada de cuatro meses. El cuerpo apareció flotando en aguas del arroyo Yabebiry, el 4 de mayo de 2001.
Estaba atado a una máquina de escribir que luego se comprobó, por el número de inventario, pertenecía a una dependencia policial y que Castillo la tenía en su casa, lo que lo incriminó directamente y fue detenido por la justicia de Instrucción.
Por el hecho, accedió a un juicio abreviado en el cual aceptó la comisión del delito.
Su abogada y la fiscalía acordaron la pena a prisión perpetua, pero cuando el Tribunal Penal Dos se aprestaba a homologar la condena, el homicida se evadió de la seccional Tercera, junto a otros compañeros de celda, el 16 de julio de 2003.
Vivió anónimamente hasta el 7 de febrero en el Brasil, en una favela de Campo Bom, donde trabajaba en una fábrica de zapatos.
Allí, fue atrapado por la policía local y traído hasta la frontera argentina, donde lo tomó la justicia misionera.
Finalmente la pena fue dictada por el triunvirato de jueces presidido en esta oportunidad por Juan Enrique Calvo e integrado también por los vocales Roque Martín González y Alfredo Rafael Escribano.
En el extenso expediente del caso constan todos y cada uno de los detalles más tenebrosos que determinan la crueldad y la frialdad con que fue llevado a cabo el asesinato de la muchacha que, a sus 24 años, dejó de existir de manos de su concubino.

La cruel historia
Según pudo saber El Territorio, Lorena Basabes tenía un pequeño hijo de una relación anterior y al momento de ser asesinada estaba embarazada de cuatro meses. El feto era de sexo femenino.
La triste historia, según los testimonios recolectados en la investigación del caso, habría comenzado en el momento en el que Lorena presentó a su familia a su nueva pareja: César Javier Castillo. Tiempo después, ellos se fueron a vivir juntos y la familia empezó a escuchar y notar cosas extrañas.
Una de ellas era que Lorena había estado embarazada, y por causas que no pudieron saber, perdió al bebé. Con relación a esto, algunos allegados habían escuchado que Castillo decía que no estaba preparado para tener un hijo.
Además, la relación entre ellos no era muy buena. Según el propio ex policía, tenían discusiones de seguido y él la golpeaba. Inclusive, algunas veces ella se habría desmayado por las agresiones.
Otras cuestiones extrañas que notó la familia fue una declaración del ahora condenado, en la que manifestó que algún día “la iba a matar y la iba a enterrar debajo de algún galpón”.
De todas maneras, todo parecía no ser cosa de preocuparse, pero las situaciones violentas fueron reiterándose e inclusive, algunas veces, el hijo de Lorena no pudo visitarla porque Castillo “estaba enojado” y no lo permitía.

El hallazgo del cuerpo
Nadie habría imaginado el crimen hasta que en la comisaría de Santa Ana y en la de San Ignacio, el 5 de mayo de 2001 a las 10.15, unos pescadores avisaron que habían encontrado un cuerpo al costado del arroyo Yabebiry, en un paraje de difícil acceso llamado La Pelinela.
Por esta razón, una patrulla del destacamento reforzado de Santa Ana de la Prefectura Naval Argentina, trasladó el cuerpo hasta el peñón del Teyú Cuaré.
En ese momento, el cadáver no estaba identificado. Sólo sabían que era una mujer de entre 20 y 25 años, que estaba vestida con un pantalón gris, una remera mangas cortas color bordó y con cuello verde.
Estaba atado con alambres a una máquina de escribir Olimpia.
El hecho trascendió y luego de la publicación en los diarios del caso, la madre de Lorena, quien no la veía desde hace varios días, fue a la policía y dijo que, por la ropa, esa mujer podría ser su hija.
A partir de ese momento, los detectives del caso comenzaron a atar cabos sueltos.
Castillo, por su parte, completamente desentendido de todo y asombrado, había denunciado el 18 de abril en la seccional Octava que cuatro días antes había discutido con Lorena y que ella se había ausentado de la casa con sus pertenencias. Suponía él que a Buenos Aires.

Pruebas clave
Sin embargo, la máquina de escribir fue una clave y llevó la investigación a su persona (Ver: La máquina..).
Luego, la empresa de peaje situada sobre la ruta nacional 12, brindó a la justicia una cinta de video donde aparecía el coche del suboficial pasando por la estación, un VW Gacel. Primero pasó desde Posadas hacia Santa Ana, a las 2.18 del 17 de abril. Para las 3.12 del mismo día, volvió a pasar hacia la capital misionera.
Así, la policía incautó el automóvil y encontró en su interior una pinza. En la casa del sospechoso halló un rollo de alambres, el que coincidió con los que sujetaban el tórax de la víctima a la máquina de escribir. Todo cerró perfectamente.
La autopsia determinó que la mujer fue arrojada aún con vida al cauce de agua. La causa de muerte fue “sofocación por inmersión”.
En su vientre, Lorena Basabes tenía un feto de unos cuatro meses de gestación y que se estableció que era de sexo femenino.
Así, con las pruebas abundantes en su contra, César Javier Castillo se vio casi obligado a aceptar un juicio abreviado.
En la sentencia, una parte reza de esta manera: “Aquí se ve la crueldad del autor. La alevosía es traición, obrar sobre seguro y sin riesgos”, como fue este caso.


La máquina de escribir “habló”
Luego de que la familia de la víctima reconociera el cuerpo de Lorena Basabes, las sospechas comenzaron a caer sobre Castillo.
El cadáver, en avanzado estado de descomposición, estaba atado con alambres a una máquina de escribir. La misma tenía estas inscripciones: en letras negras “J.P. N°96.172”; en blancas “P.J. N° 18023”.
Con estos datos, los pesquisas buscaron el origen de la máquina. El inventario correspondía a una que estaría en el destacamento reforzado del barrio Aeroclub. En ese lugar, Castillo prestaba servicios.
Es más, de declaraciones de la madre se supo que estaba en el domicilio de César Javier Castillo.
Con estos elementos, fue detenido y alojado en la seccional Tercera.