Un 13 de febrero murió Lucía, la última testigo de Fátima
El 13 de febrero del 2005, a los 97 años, falleció la última sobreviviente de los tres pastorcitos que vieron a la Virgen, en Cova de Iría, Fatima, Portugal, mientras estaban cuidando los rebaños. Lucía era la única que podía conversar con la virgen María y fue la portadora de los mensajes recibidos hasta en sus últimos años de vida.
En 1921, Lucía ingresó en el colegio de las Hermanas Doroteas,en Oporto, y en 1948 entró en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra, Portugal, donde estuvo hasta su fallecimiento. Era la última pastorcita con vida, pues Francisco y Jacinta Martos fallecieron a corta edad. La hermana María Lucía del Corazón Inmaculado fue bautizada cuando nació en 1907, como Lucía de Jesús Dos Santos.
El papa Juan Pablo II beatificó a Francisco y Jacinta Martos durante el 2000, el año jubilar, en Cova da Iría, en el santuario de las apariciones. Allí estaba, junto al Papa, Sor Lucía.
Ella escribió dos volúmenes con sus “Memorias" y los “Llamamientos del Mensaje de Fátima".
Murió durante la novena de los beatos Francisco y Jacinta, en su querido Carmelo. Allí era visitada por la Virgen, según expresaba. Hasta allí fue también el papa Juan Pablo II.
La aparición hizo de Fátima uno de los lugares de peregrinaje más reverenciados por los católicos de todo el mundo.
La conversión de Rusia
En uno de los menajes recibidos en Cova de Iría, la virgen María comunicó la caída del comunismo en Rusia.
Muchas personas asocian la aparición de la Virgen en Fátima con el enigma del tercer secreto. Al preguntásele a Lucía, en una nota periodística, si el secreto de Fátima tenía que ver con el Concilio Vaticano, la religiosa se limitó a responder: “No puedo contestar".
Día a día, en Cova de Iría, miles de peregrinos de todas partes del mundo visitan el lugar de las apariciones, hasta las últimas horas de la noche.
En cuanto al comienzo de la historia de milagros, fue el 13 de octubre de 1917. En una fecha posterior, ante la presencia aterrada de 70.000 personas, el día indicado por la Virgen, el milagro de Fatima se dio a la multitud con el sol luminoso girando como una bola de fuego y una copiosa lluvia. El espectáculo asombró a quienes lo tildaban a los “pillos” niños de mentirosos.
El lugar, de gran recogimiento cristiano, comprende una extensión de varios kilómetros de la diócesis de Leiría, Fátima, pero a pesar de haber pasado varias décadas, el lugar no perdió ni un ápice del fervor y la paz, aseguraron quienes se conectaron con la monja Lucía, que en aquel entonces contaba con 92 años y estaba recluida en el convento de las carmelitas de Coimbra, ciudad que posee una de las mas célebres universidades del planeta.
Hemos visto y nos conmovieron las oraciones en silencio, los promeseros caminando en cuclillas, además de la paz interior que transmitían las personas que se acercaban a la pequeña capillita en forma de tinglado (capelihna), ubicada en el mismo lugar donde la Virgen del Rosario o de la Paz se apareció a los pastorcitos, de los cuales, Lucía, de diez años, era la mayor.
La Virgen se les manifestó cuando cuidaban sus rebaños en la Cova de Iría, municipio de Vila Nova de Ourém, hoy diócesis de Leiría, Fátima. Jacinta y Francisco fallecieron a los pocos años de la aparición.
Los testimonios de fe, esperanza y sanación son numerosos. Todos los días, desde la alborada hasta las 23, sacerdotes y obispos presiden misas en varios idiomas. Asisten grupos de todas las corrientes católicas. Finaliza la jornada con cánticos de coros, y el público eleva farolitos encendidos al son de las campanas de la Basílica, que repican al compás de la música en honor a la Virgen de Fátima. Al unísono los peregrinos cantan con fervor religioso el Ave María.
La Virgen realiza el milagro a través de la transformación espiritual de las personas. Ella brinda recogimiento espiritual y sana las enfermedades espirituales.
Las personas llevan el agua (hoy llamado fontanario) para la sanación de los enfermos del manantial, donde brotó hace muchos años.
Las primeras apariciones
Los datos registrados en folletos y libros escritos por diferentes autores dan cuenta de que los niños vivían en Ajustrell, pequeña aldea de la parroquia de Fatima. Las apariciones tuvieron lugar en la propiedad de los padres de Lucía, en Cova de Iría.
Lucía, después monja, contaba que la “Señora” apareció sobre una encina de un metro de altura o un poco más. Francisco sólo la veía pero no la oía. Jacinta la veía y la oía. Lucía, la mayor de ellos, veía, oía y hablaba con la santísima Virgen. Las apariciones tenían lugar al mediodía. La primera ocurrió el 13 de mayo de 1917, cuando vieron dos resplandores como relámpagos, después de los cuales a la Madre de Dios sobre un árbol de encina. “Estaba vestida de blanco, más brillante que el sol y esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal atravesado por rayos del sol, más ardiente”, comentaron los niños videntes.
El 15 de agosto del mismo año ocurriría la cuarta aparición, como lo había prometido la Virgen a los niños, pero éstos fueron raptados por el administrador del Ourém. Éste quería que les confesaran la verdad, por qué sólo ellos veían a la Virgen de Fátima.
Pero un día en que los niños no estaban, a la hora de costumbre, en Cova de Iría se oyó un trueno, al que siguió un relámpago. Varios espectadores notaron una pequeña nube blanca que flotó algunos minutos sobre la planta de encina. Se observaron fenómenos cromáticos de diversos colores. Tanto en el rostro de las personas, las ropas, en los árboles y el suelo. Nuestra Señora, ciertamente había venido, pero no encontró a los videntes. Como los niños eran acosados, acusados y burlados por alguna prensa de Portugal de aquellos tiempos, pidieron a María un milagro para que la gente creyera que efectivamente la veían y se comunicaban con ella. La Virgen les prometió que el día 13 de octubre de 1917 cumpliría con esa promesa.
Milagro del sol
Ocurrió el 13 de octubre del mismo año, ante una gran multitud de espectadores que asistió al milagro del sol.
Había llovido durante toda la aparición a los niños. Al terminar el coloquio de Lucía con la Virgen, la niña gritó: “Miren el sol". Las nubes se entreabrieron dejando ver el sol como un inmenso disco de plata. Brillaba con una intensidad jamás vista, pero no cegaba la vista. Esto duró apenas un instante. Cual gigantesca rueda de fuego, el sol giraba rápidamente. Paró un cierto tiempo, para enseguida volver a girar vertiginosamente sobre sí mismo. Después sus bordes se volvieron escarlata y se deslizó en el cielo, como un remolino esparciendo llamas rojas. Hizo tres veces un movimiento loco, el globo de fuego pareció temblar, sacudirse y precipitarse en zigzag sobre la multitud. Duró unos diez minutos. Finalmente, el sol volvió en zigzag hasta el punto de donde se había precipitado, y de nuevo quedó tranquilo y brillante.
El milagro del sol fue observado por numerosos testigos situados fuera del lugar de las apariciones. Estaba también presente la prensa local.
Actualmente, el obispo emérito de Oporto, Portugal, de 86 años, da referencias sobre el gran acontecimiento de las apariciones. Con precisión habla sobre estos milagros. Dice que vienen ocurriendo en todos los tiempos en varias partes del mundo.
Nuestra Señora de Fátima le dijo a Lucía: “Sí, a Jacinta y Francisco me los llevaré en breve. Pero tú quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción de mi inmaculado corazón”.
En años posteriores, la virgen María y Jesús se manifestaron constantemente a través de milagros confirmados por el Vaticano, máxima autoridad de la iglesia Católica Apostólica Romana.
Mercedes “Mecha” Villalba