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La herencia de Juan Carlos Solís

lunes 23 de agosto de 2004 | 2:00hs.
La herencia de Juan Carlos Solís

En la sala del Museo Municipal de Bellas Artes Lucas Braulio Areco que lleva su nombre, hoy a las 20, se inaugurará una muestra en homenaje el multifacético profesor Juan Carlos Solís quien enriqueció con sus aportes las diversas disciplinas artísticas de la vida cultural de Posadas.
La muestra reunirá las obras de Solís que atesora su familia que permitirán recorrer la intensa labor creativa que desarrolló este santafesino que eligió vivir en Misiones. Junto a los cuadros se expondrán muñecos de su hija Cristina Solís. La inauguración en si misma será un homenaje a todo lo que el artista amó y cultivó, ya que también bailarán tres alumnas de danza de Cristina -Ailín Bernal, Diana Romero y Mora Mazal- quienes, en una búsqueda entre la danza y el teatro, “bailarán hadas”.
Cristina y Ana María, hijas del artista, heredaron la casa donde aún hoy se cultiva la devoción al arte que movió a Juan Carlos Solís.
La muestra es la continuación de una costumbre que estrenó el propio artista de exponer periódicamente junto a su hija. “Con papá siempre hacíamos una exposición juntos. Mostrábamos lo que cada uno estaba haciendo”, recordó Cristina.
La tradición comenzó en el año 84 y se extendió incluso durante los años en que Cristina vivió fuera de la ciudad; costumbre que hoy la artista interpreta como la manera que encontró su padre de inculcarle la disciplina de trabajar en función de producción y de introducirla en el circuito de los salones locales.
A 20 años de estos comienzos, Cristina se propuso renovar el pacto tras dos años sin que se expongan los trabajos de su padre.

Autodidacta
Tanto a Ana como a Cristina las mueve el deseo de que las nuevas generaciones conozcan el trabajo de su padre.
“Fue un autodidacta”, destacó Cristina. “Trabajó con las tintas, incluso pintó con café. Fue un investigador”, remarcó su hija recordando que, como resultado de ese trabajo y disciplina, su padre desarrolló su propia técnica tanto en dibujo como en pintura.
En las tintas trabajaba a partir de la superposición y cuidaba mucho la composición. “Había una búsqueda. Yo lo veía borrar y armar de nuevo. Algo que no muchos hacen, son pocos los que trabajan tanto el boceto”, recordó Cristina.
Juan Carlos Solís tuvo maestros. Entre ellos Irene Crespi, quien llegó desde Buenos Aires para dictar cursos.
Esa disciplina paterna fue valiosa para la carrera de Bellas Artes que finalmente eligió Cristina. “Cuando me decidí, papá me preparó. Me había entrenado tanto, que en el primer año me aburría”, contó la hoy titiritera y artista.

Docente
Sus hijas también recordaron su faceta docente. “Fue uno de los primeros que enseñó historia del arte. Al ser autodidacta te volvés muy puntilloso con lo que hacés. El autodidacta es el que más lee”, reflexionó Cristina.
Y como docente “era una persona muy generosa con sus conocimientos. Enseñaba todo lo que sabía. No se quedaba con nada. No todo el mundo hace lo mismo”, lo calificó Cristina.

Raíz misionera
Su obra está fuertemente vinculada con Misiones, sus paisajes, su gente, sus colores. “Papá eligió vivir en Misiones. Trabajaba sobre el indio, sobre el monte que ya entonces, en los años 70, se estaba perdiendo”, recordó Cristina. “Todo su trabajo es muy personal. Tenía una formulación, una imagen propia. Cuando mirás un cuadro suyo podés decir: es un Solís”, definió. Sus hijas recordaron una serie de las vírgenes, que colocó en escenarios de la región.


Hadas y magos
Cristina Solís se suma a la muestra homenaje a su papá con muñecos: magos y hadas. “Cada uno es como el alma de una plata”, explicó la artista. Los muñecos son el resultado indirecto de una investigación sobre las hierbas y flores medicinales de la zona en la que Cristina Solís está colaborando.
“Creo en el poder curativo de las plantas y flores”, remarcó. “Hay tanta necesidad, la medicina actual tiene sus limitaciones”, reflexionó. Cristina está trabajando con flores junto con una persona que escribe un libro sobre el tema. Y de alguna manera, la imagen interna de cada flor, resultado de este trabajo, fue dando forma a los muñecos que desde hoy se verán en el museo.
“Las flores me llaman. Nunca ví una flor mal compuesta. Me parecen de un extremo buen gusto”, dijo hasta divertida con la idea. Y más allá de una búsqueda estética, la mueve “limpiar la cultura de la pastillita”, que para arreglar una parte del cuerpo desarregla otra.
La muestra ya fue presentada en Eldorado en el marco del Festival de Títeres Tatá Pirirí.


El Perfil
Juan Carlos Solís
Nació en Esperanza, provincia de Santa Fe. Fue profesor de inglés, de danzas clásicas, catedrático universitario.
Fue bailarín y coreógrafo. Como artista plástico fue autodidacta. Recibió numerosos premios. También tuvo un destacado desempeño en diversos cargos públicos, siempre vinculado con la gestión cultural.

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