El dueño de la pelota

Miércoles 14 de abril de 2004

Los grandes no necesitan presentarse con nombre ni apellido, y con el apodo alcanza para saber que son ellos. Así, la gente del deporte sabe quien es Pepe. Y no hace falta más protocolo, porque Pepe (Martínez, para algún distraído) es sinónimo de básquet.      
La cita fue pactada a las cuatro y media de la tarde en el complejo. Pero ante el retraso del cronista, el protagonista de la nota aprovechó para tirar al aro y demostrar que los años pasan pero la puntería se mantiene intacta, impecable como siempre.
“De 200 tiros, metí 140. Un setenta por ciento no está mal”, afirmó. Y cuántos jugadores en actividad desearían tener ese porcentaje de efectividad, que no es casualidad, sino fruto de cuarenta años de constancia y pasión por el deporte.
Protagonista de las mejores páginas del básquetbol local y provincial, el próximo viernes José Ubaldo Martínez (55) será uno de los agasajados en la fiesta del básquetbol que organiza la agrupación sanlorencista Rodolfo “Lobo” Fischer en el Oberá Tenis Club de esta ciudad.
Además de su prolífica y extensa carrera deportiva, con varios títulos a nivel provincial y nacional, Pepe tiene una notable memoria y la virtud de compartir sus mejores recuerdos deportivos.
Los primeros años. Es difícil sintetizar tantos años de básquet, y casi imposible si se trata de un personaje tan rico en anécdotas. Pero toda historia tiene un comienzo.
“El profesor Andrés Quetglas me enseñó a picar la pelota cuando comencé la secundaria, y así le tomé cariño al básquet -contó Pepe-. Nos juntábamos en el Centro Recreativo Juventud con Nene Krawczyk, Rogelio Maciel, Chopa Panasiuk, Catilo Escobar y una barra grande. Así fuimos creciendo, mejorando e integrando distintos equipos”.
Toda una generación de grandes jugadores se vio beneficiada por la pujante Asociación Obereña de Básquetbol, que en los años 60 llegó a tener una decena de equipos, como Ex Alumnos 185, Olimpia, Vanguardias, Recreativo, Sporting, El Taladro, Oberá Tenis Club y Banco Nación.
“Comencé a jugar en Sporting con mi gran amigo Gerardo Ullrich, que fue una especie de guía de muchos chicos, y luego pasé al tenis. Y en el 64, a los 16 años, tuve la suerte de integrar la selección obereña que jugó el provincial de Concepción de la Sierra, donde perdimos la final por poco”.
En esa primera selección jugó con Thomas Osmer, Osvaldo Mariño, Alfredo Uljools, Feversani, Pereyra, Barón Rodríguez y Chiquito Dalmau, entre otros. Desde entonces participó en 22 provinciales.
“En el 65 comenzó el recambio generacional y se sumaron Rogelio Maciel y Chopa Panasiuk, pero otra vez perdimos por un tanto contra Posadas en Apóstoles”, recordó Pepe.
Rompieron el tabú. Así como la Asociación Obereña vivía años de esplendor y los torneos provinciales de selecciones eran el máximo atractivo, también es cierto que el equipo de la capital era imbatible y arrasaba con los títulos.
“Nunca podíamos ganarle a Posadas, siempre perdíamos por uno o dos tantos. Hasta que en el 73 inauguramos el complejo y pensamos que era nuestro año, pero también perdimos”.
Al año siguiente, en Montecarlo, el profesor Quetglas solicitó árbitros de afuera, porque en las finales siempre cobraban jueces de Posadas. Ahí apareció Ramón Fraixedes, un árbitro FIBA que dirigió los Juegos Olímpicos de los Ángeles 84.
Con un arbitraje más equilibrado, Oberá y Posadas se enfrentaron en semifinales. El partido fue muy luchado, pero los obereños rompieron el maleficio y lograron el triunfo.
Ya en la final, Oberá logró una abultada victoria ante Aristóbulo del Valle y obtuvo el ansiado campeonato.
Así, el conjunto de la Capital del Monte destronó a los capitalinos que sumaban once títulos consecutivos, y ese hecho se vio reflejado en la revista El Gráfico.
“Qué rápido que pasó el tiempo, parece que fue ayer que vivimos esa experiencia inolvidable”, comentó Pepe con emoción, y destacó que “el título del 74 marcó un hito muy importante, porque era como un tabú que no podíamos ganarle a Posadas. Eso nos cambió la mentalidad y fue un vuelco total”.
El profesor Quetglas se dio por hecho y dio un paso al costado, pero en el 76 llegó Damaceno López. Para marcar la superioridad del básquet obereño durante esas temporadas, basta decir que en el 76 fue campeón provincial invicto y ganó todos los partidos por más de 30 puntos, a Posadas incluido.
Según el protagonista de esta historia: “La característica número uno del equipo era la garra y la unión del grupo. No teníamos mucha altura, pero sí una buena preparación física y marcábamos en toda la cancha. Primero defendíamos a muerte y luego pasábamos al ataque”.
Además, destacó que gracias al recambio generacional el básquet obereño se fue nutriendo de excelentes jugadores como Julio Romero, Fabián Croux, Oscar Ruiz Díaz, Rubén Sandberg, Willy Lescano, Roberto Rochol y Cacho Stadler, entre otros.
Lo que Pepe no dijo, tal vez por pudor, es que esos chicos que venían de atrás lo tuvieron a él como referente de un deporte hermoso y tan querido en Oberá como es el básquet.


Los equipos ideales
Entre tantos y buenos jugadores que tuvo como compañeros, Pepe Martínez aceptó el difícil desafío periodístico de confeccionar su equipo ideal. Aunque al tratarse de una trayectoria tan extensa, tuvo la posibilidad armar dos quintetos.
De los años 60: Cacho Ramírez alternando con Jorge Romero, Pepe, Chopa Panasiuk, el Flaco Silvero y Nene Krawczyk.
De la Liga Nacional del 86: Pepe, Willy Lescano, Rubén Sandberg, Joe Manley y el gran Finito Gehrmann. 
Pepe integró la selección obereña desde 1964 hasta 1987. En total disputó 22 campeonatos provinciales, y logró los títulos del 74, 76, 80, 84 y 86.
Además, integró el equipo de OTC en la ex Liga Nacional B del 86 y varias veces la selección misionera.


Un asado y un título
Al recordar su trayectoria en la selección misionera, Pepe destacó la gran campaña y el tercer puesto de 1966 en Jujuy, donde el equipo estuvo integrado por glorias del básquet provincial como “Finito” Gehrmann, “Pichón” Sfeir, Ratier y el capitán “Tupi” Varela.
Ya en 1975, en la provincia de Chubut y con la base de Oberá, Misiones se consagró campeón argentino zona promocional y logró el ascenso a la categoría superior.
“Como ganamos el provincial del 74 tuvimos el derecho de ser la base del equipo para el torneo nacional, porque antes Posadas casi no invitaba a nadie. Pero nosotros hicimos un equipo bien federal. Con el Pato Brítez de Aristóbulo del Valle; Perensson, Ayala e Ibáñez de Posadas; Kohler de Eldorado, y Ratier y Sfeir de Buenos Aires”, resaltó Pepe.
“Nos llevamos una gran sorpresa cuando nos enteramos que viajábamos en avión, y antes de partir los dirigentes de Oberá nos dieron un sobre con dinero para los viáticos”.
Y con la piel erizada, dijo que “en aquel momento fue algo muy importante y hermoso desde todo punto de vista. Conformamos un grupo buenísimo y LT 13 pudo transmitir los partidos gracias a la pericia de Ralf Haupt”.
Pero en la charla con Pepe las anécdotas surgen una tras otra. Así, recordó que antes de la final con Río Negro fueron a comer un asado a la casa de un señor Ortiz, que era de Misiones.
“Fue un asado maravilloso, pero comimos sin darnos cuenta que era contraproducente para la digestión. Esa noche pareció que el equipo estaba aplastado. Hasta que digerimos el asado y en el segundo tiempo mejoramos y logramos el objetivo”. 
Después, con los años, el torneo nacional de selecciones perdió la mística y dejó de ser el “Más Argentino de los Campeonatos”, como se lo conocía.
“Cuando comenzó la Liga Nacional, los valores se fueron aglutinando en las grandes capitales y los Campeonatos Argentinos fueron perdiendo brillo”, explicó Pepe.


Daniel Villamea