Un aguacil gigante vuela en Misiones

Viernes 8 de julio de 2005
El viento parecía arremolinarse, invisible, en heladas brisas que aumentaban su velocidad en todas direcciones. El hangar del helipuerto de Santa Inés estaba poblado de personas, invitados a la presentación del primer helicóptero armado en Misiones con materiales argentinos.
La máquina reposaba sobre el césped, una amplia pista rectangular rodeada por alambrados paralelos. Frente al hangar, una construcción en forma de castillo sobresale en la espesa vegetación que se pierde a sus espaldas.

El origen
El responsable del proyecto es Guillermo Sorhge, un amante de la aviación que creció entre hélices y alas. Desde chico le gustaban los helicópteros y “tenía dos opciones: entrar a la fuerza aérea o hacerse uno”, contó Sorhge sobre la opción que eligió.
Así fue que comenzó a remontar vuelo la idea de fabricar un helicóptero. “Al principio no sabía nada sobre estos aparatos, a pesar de que me crié en un ambiente aeronáutico porque mi papá tenía aviones desde que nací. Pero de helicópteros no sabía nada, sólo de aviones”, explicó el piloto del aguacil gigante que se presentó ayer.
A partir de esa pasión, Guillermo comenzó a informarse sobre estos bichos voladores. A través de libros, fichas y técnicas de helicópteros y fue descubriendo sus secretos hasta llegar a este prototipo.
La nave que presentó Sorhge ayer tiene grabado el nombre “Sorhge HX” a un costado de la abertura que oficia de puerta.
La forma de la cabina biplaza (para dos personas) parece la cabeza de un aguacil negro metálico que se fusiona con el acrílico transparente que protege del viento en la altura. Atrás, antes de la cola, está puesto el motor del Renault 18.
“Hice un modelo anterior con un motor fuera de borda de lancha -explicó-, porque son más livianos, pero como son menos confiables, terminé haciendo con un motor de cuatro tiempos que es más confiable porque viene íntegramente hecho en aluminio, es liviano y se consigue en el mercado a un precio razonable”. Como la idea de Guillermo era hacer algo nacional decidió usar el motor de un Renault 18.

Vuelos laterales
Tras la presentación formal del aparato por parte de su creador, se trasladó la máquina a unos 10 ó 15 metros del hangar, se quitó las sogas que sujetaban la hélice del rotor principal y la más pequeña de la cola.
El motor se puso en marcha. Sonaba mucho menos ruidoso que otros helicópteros. La velocidad empezó a aumentar. Después, el aguacil lentamente despegó de la tierra, movido un poco por el viento que, por momentos, se volvía más frío y fuerte. La máquina giró sobre sí, se elevó y volvió a descender. Voló marcha atrás, al ras del césped; también realizó vuelos laterales.
“Cualquier helicóptero que pase los cinco metros de altura, no tiene problema en elevarse hasta los 300 o 3500 metros de altura. Básicamente por la densidad del aire, cualquier máquina no tiene problemas”.
La nave biplaza tiene una velocidad de 160 kilómetros por hora y consume 24 litros sobre esa velocidad.
“Los helicópteros ya tienen una finalidad establecida. Se hacen control de líneas de alta tensión, controles de rutas, de fronteras. Por ejemplo, en vez de tener un helicóptero de cinco plazas de 700 mil dólares, se puede comprar diez de éstos por ese dinero y hacer un control de frontera en una extensión mucho mayor porque te arreglás bien con un piloto y un observador, no se precisa llevar cinco personas. Con esto quiero significar que este helicóptero tiene una prestación que es insuperable”, dijo Sorhge.
En cuanto al costo de la nave, Guillermo cree que andaría en mitad del precio de los helicópteros de la misma categoría pero certificados, eso sería algo así como 60 mil dólares.
Si bien las pruebas experimentales hasta ahora han dado un resultado positivo, “todavía falta la evaluación de la máquina que se va realizando paso a paso porque no se puede hacer de golpe”.
En cuanto al financiamiento del proyecto, Sorhge explicó que hasta ahora todos los gastos corrieron por su cuenta y aclaró que le han adjudicado un subsidio a través del Comité Ejecutivo de Desarrollo e Innovaciones Tecnológicas (Cedit) de la Provincia para tratar de producir este prototipo en serie.