Hannah Arendt y Martin Heidegger, una pasión de contramano

Jueves 5 de agosto de 2010

Hace 80 años ocurrió en Europa uno de los romances más polémicos y comentados de la historia del siglo XX:  dos pensadores relevantes de su época y de las posteriores, Martin Heidegger y Hannah Arendt lo vivieron intensamente en la vieja Alemania entre las dos grandes guerras mundiales. Asombran aún hoy los condimentos que le darían fama; Heidegger tenía 35 años, era casado, profesor de filosofía y adherente al nazismo; Hannah, su alumna,  tenía 18 y era judía. Con el tiempo se separaron; ella viajó a Estados Unidos pero siguieron escribiéndose y re-encontrándose.
Precisamente de aquellos registros y cartas se sirvió el dramaturgo Mario Diament para construir Un informe sobre la banalidad del amor - laureada obra teatral que llegará a Misiones (ver Ficha) en gira del Teatro Cervantes de Buenos Aires - que refiere a distintos encuentros entre los amantes a lo largo de 25 años, “con agregados de ficción”, asevera Diament.

 

El por qué del título
En 1961 Hannah Arendt viajó a Jerusalen en calidad de corresponsal de la revista New Yorker para asistir al proceso y juicio seguido contra Adolf Eichmann. En su alegato, el jerarca nazi manifestó una indolente exaltación de la ética del deber citando a Kant, lo que inspiró a Hannah; escribió entonces su famoso libro Informe sobre la banalidad del mal, título que fue parafraseado por Diament para el de su obra.

 

Conociendo a Alejandra
El Territorio conversó con la actriz Alejandra Darín, que representa el papel de Hannah Arendt en Informe sobre la banalidad del amor. En la charla Alejandra aborda el tema central de su papel en la obra y también cuenta otros aspectos de su carrera y su vida.
A las diez de la mañana su voz suena clara, segura, convencida, y a la vez se la oye confidente,  escuchante, y amable. A cada pregunta Alejandra interpone un breve silencio de reflexión a tal fluidez, y será ese el único instante en que pueda sospecharse el frágil aleteo entre los secretos de una actriz famosa y la intimidad de una luchadora.

 

Del barrio de Pichuco
“Soy bien porteña, dijo Alejandra, nací en el barrio de Pichuco, en Córdoba y Gallo. Viví mi infancia en el barrio de Once. Soy hija de una pareja de actores, (Reneé Roxana y Ricardo Darín, también piloto de avión), y tengo dos hermanos, Ricardo, el mayor,  y una hermana menor, del segundo matrimonio de mi padre, que es  psicóloga y vive en España.”

 

Genéticamente teatreros
Alejandra Darín tiene 44 años y es madre de dos hijos; Antonia (que trabajó en Niní) y Fausto (que también tuvo su debut teatral, a los 8 años, en Macbeth). Una familia de actores, sin duda.

 

¿Cuándo despertó la vocación?
Me presenté en un casting del canal 13, a los 9 años. Fui aceptada y representé el papel de hija de Leonor Manso y Víctor Hugo Vieyra. Antes, a los 5, había hecho radio. Pero, digamos que como memoria incorporada... cuando terminé la secundaria, e incursionaba en las artes plásticas, cosa que me gusta mucho, trabajé en la novela Un hombre como vos. Tenía 17 años y desde entonces no paré.

 

Es decir que conocés muy bien el escenario...
Tal cual. La televisión y yo nacemos casi juntas. Y reconozco que se ha vuelto cruel, para mi gusto.
Alejandra participó en más de 30 éxitos de televisión, en tres películas y en otros 10 sucesos teatrales.
¿En cuál de los tres medios te sentís mejor?
(Piensa un momento). Te diría que en el teatro, por lo que te decía recién, la televisión se ha vuelto cruel, desde la concepción al producto. Pero cada abordaje es producto de circunstancias; televisión, cine, o teatro… dependen del momento de mi vida.
Actualmente Alejandra dirige su propia sala de teatro La Guarida, inaugurada en el 98,  en el barrio de Colegiales, barrio de teatreros, en el corazón de la Capital federal, (Jorge Newbery y Córdoba) .
“Un lugar para ensayar, dar clases, talleres teatrales, experimentar y montar obras, recitales. Lo manejábamos con mi marido pero me separé y ahora lo manejo sola. Lo estoy remozando”, dijo entusiasmada. 

 

Contanos de Hannah, tu personaje
Lo más importante de Hannah es su consigna de seguir pensando. “Pensemos distinto, no importa, decía, pero sigamos pensando”. Fue una luchadora de la verdad y de la libertad.
Era una estudiante jovencita cuando Heidegger, padre del existencialismo, antecesor de Sastre… fue su profesor de filosofía. Hannah no es que fuera filósofa sino politóloga estudiosa de los totalitarismos. Hubo muchas cartas entre ellos. Cuando viaja para cubrir el juicio a Eichmann escribe Informe sobre la banalidad del mal. Expresa que los nazis no eran los grandiosos representantes del Diablo en la Tierra, sino unos mediocres cumplidores de órdenes. Estas reflexiones le valieron la “condena” de la comunidad judía.
La obra que representamos con Osmar es de tono intimista y los Académicos que se ven en video justamente representan el mundo exterior, el “qué dirán”. No te olvides que Hannah denunció también a los colaboracionistas judíos en la Segunda Guerra…
De todas maneras Informe sobre la banalidad del amor no aborda la esencia de estos conflictos en exclusividad. Todos se llevan algo de ella, sean intelectuales o amantes de historias de amor… de una apasionada historia de amor.

 

Este fin de semana
La gira (ver Funciones) constituye otra oportunidad que brinda el teatro para comprender, desde su estética, graves sucesos de la historia y la fuerza de la vida.