“Diego fue excepcional, pero Lio Messi lo igualó”

Miércoles 1 de febrero de 2012

Mantiene la sencillez intacta, más allá del reconocimiento que logró en las canchas. Rodolfo José “Lobo” Fischer (67), ídolo eterno de la hinchada de San Lorenzo de Almagro, volvió al pago para reencontrarse con los afectos y hablar de fútbol, su gran pasión adornada por infinidad de anécdotas.
Los memoriosos lo recuerdan a toda hora pegándole a la pelota en la plazoleta frente a la casa paterna, donde forjó una enorme carrera que lo llevó a vestir las camisetas de San Lorenzo, Botafogo de Brasil, Once Caldas de Colombia y Sarmiento de Junín, además del seleccionado argentino.
En San Lorenzo marcó 141 goles en 272 partidos y es uno de los máximos goleadores en la historia del club. Pero su trayectoria es tan grande que reconoció que le cuesta elegir un momento en especial: ganó dos títulos con el Cuervo y fue dos veces goleador del fútbol argentino; también fue máximo artillero del Botafogo en la Copa Libertadores y ganó el ascenso a primera división con Sarmiento.
Sobre la actualidad del fútbol, opinó que “en todas las épocas hubo grandes jugadores. Por ahí ahora se juega a un ritmo más vertiginoso, pero no creo que haya muchas diferencias. Los jugadores de mi época eran tan habilidosos, técnicos y capaces como los actuales”.
Tampoco le escapó al debate actual sobre quién es mejor entre Diego Maradona y Lionel Messi. 
“Creo que Maradona fue un excepcional jugador, pero sinceramente creo que Messi lo igualó y ya tiene más goles que Maradona. Las comparaciones son odiosas y pienso que cada uno fue el mejor de su época”, opinó el Lobo.

 

Ídolo en casa
Por estos días el Lobo Fischer se halla en Oberá visitando a la familia, ya que desde hace muchos años reside en la localidad de Monte Grande, provincia de Buenos Aires, donde tiene un campo y se dedica a la explotación ganadera.
De todas formas, a pesar de los años y su bajo perfil, siempre es objeto de reconocimiento por parte de los fanas del cuervo.
“A veces voy caminando y la gente de mi época y los hinchas de San Lorenzo me reconocen y me saludan. Es muy lindo, y cuando vengo a Oberá también siento mucho el reconocimiento de la gente”, comentó en diálogo con El Territorio.
Siempre que viene surgen invitaciones para algún asado, alguien le acerca una camiseta para que la firme y se multipliquen las fotos. Ya desde el año 2003 el estadio de fútbol del polideportivo Municipal lleva su nombre a partir de un merecido homenaje impulsado por la Asociación Sanlorencista Lobo Fischer.
Se le iluminaron los ojos de emoción cuando contó que su hija de 17 años ganó la instancia bonaerense de cien metros llanos de los Juevos Evita.
“A mis hijos les gusta el deporte y uno les inculca que lo practiquen. Que hagan el deporte que les gusta a ellos porque es salud, y así uno lo entiende”, subrayó. Y dejó una máxima para los chicos que sueñan con triunfar: “Sin talento no se puede, pero aparte vale la voluntad, el querer progresar y para eso hace falta mucho entrenamiento y dedicación”.

 

 

Tremenda trayectoria

El Lobo nació el 2 de abril de 1944 y se inició en el Club Atlético Oberá. Con sólo 16 años ya integraba la selección obereña y en poco tiempo llegó la gran oportunidad de probar suerte en el fútbol grande.
Su debut en primera división con San Lorenzo fue en 1965. Vistió la camiseta azulgrana en el período desde el 65 al 72 y del 77 al 78, y fue campeón con Los Matadores del 68 y el San Lorenzo del 72. Además, fue dos veces goleador del fútbol argentino: Metro 68 y Nacional 69.
En Argentina también jugó profesionalmente en el Club Sarmiento de Junín, donde se retiró.
En 1968 convirtió quizás su gol más importante, cuando en cancha de River se enfrentaban San Lorenzo y Estudiantes por la final del campeonato de ese año.
El partido terminó igualado en un tanto, pero en el suplementario el Lobo puso las cosas 2 a 1 y les brindó a todos los hinchas azulgranas la victoria y el campeonato.
Otro hito en su historia con la camiseta de San Lorenzo se remonta a la novena fecha del torneo Metropolitano del 72, cuando convirtió  tres tantos en el triunfo 4 a 3 de San Lorenzo sobre River.
Quienes lo vieron jugar aún lo recuerdan por su fuerza y velocidad que lo hacían imparable por el sector centro-izquierdo. Si bien no fue un virtuoso con la pelota, con los años mejoró su técnica en base a mucho esfuerzo y trabajo, lo que siempre fue un ejemplo para los más jóvenes que lo veían quedarse después de los entrenamientos practicando la pegada, el cabezazo y otras   facetas del juego individual.