Un día, el actor de mil películas volvió a las calles de su barrio

Miércoles 11 de marzo de 2009
Un día, el hombre, que desde muy chico se fue, retornó al barrio que lo vio nacer, crecer y, entre interacción familiar y vecinal, formar su carácter. Lo nebuloso, en los recuerdos del actor Daniel Valenzuela, es su historia personal hecha de polvo, el que quedaba suspendido en el aire de la bailanta Cabure-í, que su madre Nélida Cabral regenteó en la esquina de Roque González y Pedernera. Primero fue almacén, luego lugar de comidas y por último reducto chamamesero, todos emprendimientos que su progenitora levantó tras quedar al mando de la familia, luego del fallecimiento de su esposo, don Hermes Valenzuela.
Este actor que ya dejó su sello en una treintena de películas, kilómetros de celuloide transitados por los personajes a los que dio vida al servicio de directores como Lucrecia Martel (La Ciénaga, ganadora en Cannes); Adrián Caetano (Oso Rojo y Crónica de una fuga), Pablo Trapero (Mundo Grúa); Marcelo Piñeyro (Plata Quemada); Ana Katz (El Juego de la Silla) y Juan Solanas (Nordeste), entre muchos otros; volvió a pisar las calles del barrio donde está la cancha de Guaraní Antonio Franco.
Justamente, su casa de la infancia estaba a la vuelta del tradicional club posadeño y por este motivo hoy es hincha de River. “Una vez, unos parientes, cuando llegamos a Lanús en los 60, me llevaron a ver un superclásico. Yo no era hincha de ningún club de fútbol. Me llevaron a la hinchada de Boca porque querían que fuera bostero, pasaban los goles y yo nada. Ya sabía que iba a ser hincha de River, por los colores de La Franja”.
Nuevamente está en las calles de su infancia, ya que el celuloide lo transportó una vez más a este entorno. Valenzuela había regresado a Misiones, tras su primer retorno en 1974, hace dos años, para ser homenajeado en el Festival Internacional Oberá en Cortos, luego para filmar Nina (bajo las órdenes de la directora radicada en Inglaterra Sofía Vaccaro) y en estos días porque será el protagonista de A la Deriva, realización basada en el cuento homónimo de Horacio Quiroga y dirigida por el misionero Juan Pacheco.
No regresaba a caminar por esas calles hacía más de 40 años. Lo esperaba una Villa Sarita con la identidad rota por el ingreso de torres de departamentos. Con un escenario totalmente cambiado, le costó encontrar la esquina de su infancia. Hasta que, cruzando en diagonal de un lado a otro, la halló. En el espacio donde funcionaba la bailanta de su madre, hoy se levanta una casa de dos pisos. Es la esquina de Roque González  -yendo desde el Parque Paraguayo al centro-  a mano derecha una vez que se pasa Pedernera. “Tengo recuerdos nebulosos, atmósferas que aparecen muy difusas. Después, lo que puedo construir de lo que me contaron los mayores. A la bailanta de mi vieja venían a tocar Blasito (Martínez Riera), Isaco (Abitbol), Tránsito (Cocomarola), Montiel, todos los chamameseros, todos tocaron acá”, dice señalando la esquina. “Pero tuvo que dejar, había muchas peleas, los muchachos chupaban y se desconocían, pero siempre recuerdo que se levantaba polvo del piso, porque era de tierra y el zapateo provocaba que casi no se pueda respirar”.
Su padre Hermes fue muy querido en Posadas. Tenía un carnicería en avenida Mitre. Era asunceno y conoció a Nélida en Encarnación. Se enamoraron y vinieron a vivir a Posadas. El abuelo de Daniel fue un heroico combatiente en la Guerra de la Triple Alianza. “Nací en el hospital de Villa Urquiza (por el Madariaga). Algo patente que tengo grabado en la memoria y por eso tengo terrible miedo a la electricidad, es que una vez había llovido y se presentaba un nombre fuerte del chamamé, era muy chiquito, toqué el micrófono y me pegó tal patada que estuve en el área, estuve a punto de partir, tuvieron que reanimarme”.
Como no podía ser de otra manera, el río está presente ampliamente en su archivo cerebral. ¿Quién de niño no disfrutó de este Paraná? Mucho más aún, antes de que comiencen los 60, su época, en que era otro torrente. Valenzuela tenía a su abuela viviendo en la orilla del caudaloso exponente acuoso. Cada dos por tres tenían que llegar a socorrerla y a limpiar la casa del barro que había entrado. “El río, que lindo el río -dice con invasión de nostalgia-, siempre íbamos. Mi abuela vivía en la costa y en las crecidas teníamos que ir a rescatarla y limpiar la inundación. Ella murió en Buenos Aires, pero no se quería ir de al lado del río y se fue, fácil, con sus 100 años o más”.

Hasta que llegó el día de irse
Entre las alegrías y tristezas comunes a la infancia, llegó un primer día “D” en la vida del actor. Su padre inició otro tramo de su vida, ya no con ellos y se fue de su hogar. “Se fue a vivir a la zona del Zaimán, pasó un tiempito y mi vieja decidió irse a vivir a la Capital (que luego terminó siendo el Conurbano Bonaerense). Eran muchos los problemas que había en la bailanta, peleas constantes, una mujer sola, con dos hijos. Y se fue”.
El primer lugar al que llegó en Buenos Aires es a su “otra Patria” dentro de esta Argentina, Lanús. “Caímos en Monte Chingolo, zona sur del Conurbano y la secundaria la comencé ahí, no la terminé, porque había que laburar. Empecé en una fundición, en una carpintería hasta que hallé el primer oficio que amé, el de cerrajero. El teatro y la cerrajería son mis dos pasiones totales”.
Pasaría más de una década hasta el primer retorno, que hoy -como lo narra- suena cómico, pero para nada humorístico fue el tránsito en la militancia política, labor que hizo que regresara por primera vez a la ciudad que lo vio nacer.

La primera vuelta
“Fue muy gracioso eso. Milité un tiempo en el Partido Comunista y volví para apoyar a quién fue partero en mi alumbramiento. En el parto de mi madre actuó Tulio Dos Santos y él era líder del PC. Vine a hacer campaña en 1974 -Perón recién había fallecido y el país empezaba a convulsionarse feo-, vine y le hablaba a gente que le había dado de comer a mi vieja y que era evangelista. Con una señora que conocí me pasó esto: entregábamos panfletos en la fábrica de cigarrillos que estaba allá en la avenida (señala hacia donde estaba Alfader). Me reconoce y me dice: ¿Vos sos Danielito, el hijo del Hermes?Sí, le digo. Y me responde: pero mirá lo que estás haciendo, mirá si te viera tu papá” confiesa y se larga a reír largamente.
“Hasta que se puso muy feo, el PCR apoyaba a López Rega, pero llegamos a hacer actos con Los Trovadores y Armando Tejada Gómez”.
Y se fue nuevamente, hasta que ayer volvió a pisar esas calles.


Un actor que filmó con todos
Daniel Valenzuela viene de encarnar a un hachero violento y autoritario en “El Bumbúm”, la primera película riojana dirigida y producida por riojanos, filmada íntegramente en los escenarios de la provincia cordillerana.
Valenzuela estudió con Luis Agustoni y Ricardo Trigo, actuó en varias obras de teatro y dirigió otras como “Tobogán (una historia de caídas)” y “La familia Núñez”. En televisión participó en series como “Mujeres asesinas”, “Botines”, “Historias de sexo de gente común”, “Los Roldán”, “Disputas”, “Los simuladores” y “Tumberos”.
En cine trabajó con varios de los más destacados cineastas de la última década, como Lucrecia Martel, Adrián Caetano, Pablo Trapero y Damián Szifrón, además de ponerse a las órdenes de varios cineastas de amplia trayectoria como Luis Puenzo, Héctor Olivera, Alejandro Doria y Marcelo Piñeyro.