Creame, soy difunto

Viernes 21 de noviembre de 2014

Lal Bihari es un granjero de la India, nacido en 1961 y su historia es de lo más extraña: aunque no murió, llevó muerto “en los papeles” casi 20 años. Todo comenzó en 1975 cuando se presentó en el banco para retirar un depósito y con asombro mutuo los empleados le informaron amablemente que no podían acceder a su solicitud, sencillamente porque de acuerdo a los registros del sistema él estaba legalmente muerto. Don Bihari no se quedó cruzado de brazos como sugiere su nuevo estado: comenzó una dura batalla para demostrar que estaba vivo. Pero no es tan sencillo derrotar a la burocracia en la India.
Su sistema resultó ingenioso e irónico, pero arduo. Durante años Bihari intentó atraer publicidad para su caso: primero, organizó su propio funeral; después gestionó personalmente una pensión para su viuda, (le faltó tramitar algo en el Registro Civil: “Buenas tardes, ¿sería tan amable de extenderme mi acta de defunción?”). Intentó ser detenido y procesado para demostrar su existencia real y llegó a presentarse a las elecciones presidenciales de la India (que perdió frente a Rajiv Ghandi). Se cambió el apellido añadiéndole la palabra Mritak (muerto) y firmaba sus cartas como “el difunto Sr. Bihari”.
Investigando, descubrió que su caso no era único; al parecer se trata de una práctica bastante extendida en la India cuyo objetivo es hacer innecesario el asesinato, obteniendo a cambio todas sus ventajas hereditarias. Bihari fundó la Asociación de Personas Muertas que actualmente cuenta con más de 20 mil socios y ha conseguido “resucitar legalmente” a varios Lázaros esquilmados. Él mismo finalmente resucitó en 1994. En 2003, su activa “vida póstuma” fue premiada con el premio Ig Nobel (que son una parodia de los originales y premian este tipo de episodios): Behari ganó el de la Paz por su lucha contra la burocracia... pero no pudo tramitar su pasaporte para ir a recibir el premio.

Aguará-í

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