Nacer en casa

Miércoles 7 de agosto de 2019 | 05:00hs.
Su primera hija nació por cesárea cuando ella era muy joven, tenía 19 años y se sintió completamente atrapada en un sistema de salud que decidió por su cuerpo. Casi 17 años después llegó Francesca y si bien esta vez había buscado información junto a su pareja, al momento del trabajo de parto y del parto sufrió violencia obstétrica y pudo ver lo difícil de establecer condiciones de parto humanizado en el contexto de las instituciones.
“Lucía, mi hija mayor, que ahora tiene 20 años, y Francesca, que tiene 3 años y medio nacieron por cesárea. La primera vez que fui a parto era inexperta y además, hace dos décadas nadie hablaba de parto respetado, pero con Francesca decidimos con mi pareja empoderarnos y decidir qué cosas queríamos y qué no queríamos para mí y para mi bebé. Pero a último momento el obstetra nos dejó solos y la partera con la que trabajaba era una persona que me dijo ‘chito… acá nosotros sabemos lo que hacemos’, entonces innecesariamente me coloca una vía, oxitocina y me rompieron la bolsa manualmente”, comenzó así Johanna Pedotti (40) su relato acerca de los motivos que la llevaron a planificar tener a su tercera hija en su casa junto con  su compañero Alejandro Acosta.  

La búsqueda
Johanna y Alejandro, que ya tenían a Francesca, desde que se enteraron de que un nuevo bebé venía en camino, consideraron como única opción el parto casero. Ese sería el primer paso de tantos otros  para lograr su sueño.
“Era un sueño, tener a mi hijo o a mi hija en casa, de la mano de mi compañero, con nuestras cosas y nuestra energía, sin médicos, sin procedimientos que no tengan que ver con lo natural”.
En esta búsqueda, los obstetras consultados advertían que un parto vaginal luego de dos cesáreas era imposible. “Me decían que de ninguna manera iban a practicar un parto natural, el tiempo pasaba y bueno, al mismo tiempo que llevaba los controles prenatales, buscaba una partera que me asista en casa”, expresó Johanna.
“Fue un proceso en que nos comprometimos los dos, íbamos al obstetra y empezamos a buscar en la web a una doula que nos asesore y a una partera. En este andar conocimos muy lindas personas que nos aconsejaron muy bien”.
Además, descubrieron que no eran los únicos padres empeñados en tener a su bebé en la casa, sino que eran muchas parejas las que compartían sus mismos anhelos y ansiedades y se enfrentaban a las mismas barreras.
“Hay parejas en Misiones que quieren tener a su hijo en un ambiente amoroso como es la casa de la familia, con dignidad sin que nadie lo zarandee y lo haga llorar y lo separe de su madre, lo que pasa es que están solos en esta decisión, no hay acompañamiento desde las políticas públicas”.
Fueron a ver a parteras del interior de la provincia y en Buenos Aires se contactaron con la organización Parir en Casa, del reconocido partero Francisco Saraceno, que a su vez los derivó con la Asociación Argentina de Parteras Independientes (Aapi).
“En toda esta senda nos comunicamos con una gran partera mexicana que asistió en partos en Misiones, pero que no podía venir, también una partera de la localidad de San Pedro, pero que tampoco podía porque había sido madre recientemente. Bueno, ahí conocemos a alguien muy especial que nos acompañó en el parto como amiga”, destacó la mujer.
Aunque el desafío para lograr el parto en domicilio seguía siendo dar con la persona preparada para ello. “Queríamos que nos garantice tres cosas: seguridad, conocimiento y confianza, eso era lo que esperábamos y finalmente desde Aapi nos conectaron con Nelly Vera, una gran partera que vino a conocernos primero y luego nos dijo que teníamos que tener un plan B”.
El plan B consiste en dar aviso a un obstetra para que espere a la parturienta si se da una emergencia. “Conseguimos a una gran médica y se conocieron con Nelly, así trabajamos en equipo”, refirió. 

América 
A la semana 39, Nelly volvió a la tierra colorada desde Avellaneda, Buenos Aires, donde atiende en su casa partos humanizados. 
“Vino con 80 kilos de equipaje, con equipo de electrocardiograma, de resucitación, oxígeno y otros elementos, además de la pileta”, expresó por su parte Acosta.
El trabajo de parto comenzó el domingo y, el martes a las 6.55 nació América. “Fue una experiencia hermosa, fue todo el lunes de caminar y hacer movimientos con la pelota, y ya a la noche sí comenzó el trabajo en serio, hubo un momento en que la cosa se complicó un poco, pero confiamos en Nelly y todo salió bien, fue un milagro cuando la bolsa se rompió naturalmente y vino América a nuestras vidas”, dijo emocionada Johanna, esperanzada en que sus testimonio pueda servir para allanar el proceso de quienes quieran vivir la experiencia de parir en libertad, sin institucionalización, sin posturas obligadas para la mujer  y sin intervenciones invasivas.

“No hay parto con riesgo cero”

En Argentina, crece el paradigma de nacimientos domiciliarios, que tiene como pilares el respeto al tiempo que requiere la mujer para el trabajo de parto y el bebé para salir al mundo. Hay movimientos que impulsan una normativa que dé marco a esta práctica, que por ahora tiene su respaldo en la Ley de Parto Humanizado N° 25.929, El artículo 2 expresa: “Cada persona tiene derecho a elegir, de manera informada y con libertad, el lugar y forma en la que va a transitar su trabajo de parto (deambulación, posición, analgesia, acompañamiento) y la vía de nacimiento...”. Sin embargo, desde Salud Pública se detalló a El Territorio que “no existe parto con riesgo cero” y “la institucionalización es esencial para la seguridad de la madre y el bebé”.

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