Moverse y seguir aquí

Sábado 11 de mayo de 2019 | 04:00hs.
Vivir en el camino, nómade. Contar la propia experiencia y aprender de la ajena, expandirse. Con ese espíritu se organizó el colectivo de artistas Mujeres Trashumantes. Como grupo que se define bajo ese estilo inspirado en el pastoreo en continuo movimiento, las misioneras buscan trasladarse a otras provincias, países, nutrirse de otras culturas y volver  a la tierra colorada con nuevas historias para compartir con los coterráneos.
En este marco, una nueva edición de la muestra que las reúne se abre paso en el Museo Juan Yaparí hasta el 31 de mayo. En esta quinta oportunidad, las nueve trashumantes más una invitada especial de Paraguay se inspiraron en la obra de María Elena Walsh para la primera de una serie de muestras homenaje a mujeres artistas de todos los tiempos.
Sin embargo estoy aquí busca visualizar a aquellas féminas que desafiaron los cánones de su época, y se animaron a soñar otro presente para transformar el futuro, explican Lutgard Van Dyck (Paraguay), Miryam Millán, Liliana Suárez Holze, Karina Sureda, Luján Oliveira, Rossana Rinaldi, Tamara Traid, Natalia Guerrero Zabrodiec, María Blanca Iturralde y Gisèle Seró que forman parte de esta expo.
Myriam Millán, por ejemplo, realizó una serie en lanas de Misiones basada en El brujito de gulubú y La canción del jardinero. Mientras Liliana Suárez Holze se inspiró en Una para los demás, Cantar canciones y una poesía de Zooloco para su obra.
“La serie se llama Coro de la diversidad, es un coro que supuestamente está cantando esa canción (Una para los demás). Otra serie es de mujeres músicas con un relieve cerámico sobre madera tratada y cada obra hace referencia a un párrafo de Cantar canciones. Está compuesta según el instrumento que tenga la mujer de la obra”, contó Holze.
La música se encuentra como hilo conductor de la muestra. Así, Giselle Seró dedicó representar “las muchas bondades que tiene la música, vibraciones sanadoras que nos acompañan desde antes de nacer”. Además, con una tercera obra titulada Estoy aquí invitó al espectador a jugar y ser parte de su arte.
Por su lado, Natalia Guerrero presentó una serie de fotografías que reinterpretan el sonido: la distorsión, los movimientos,  la expresión de los oyentes, “eso que sucede cuando estamos participando de música en vivo, sensaciones e imágenes que nos traen esa conjunción de sonidos. Además  de la búsqueda de aquello que pasa desapercibido y que suma al conjunto dentro de un espectáculo musical: formas, sombras que dialogan con la música y colores que contrastan y acentúan tonos”, explicó la fotógrafa.
En coincidencia, Rossana Rinaldi llevó instrumentos de todo tipo e instó a probar sus diferentes sonidos. “Algunos son precristianos, otros son réplicas de instrumentos antiguos y otros inventados. La gente puede pasar, probar los objetos y sentir como suenan”, relató.
María Blanca Iturralde y Tamara Traid jugaron con la idea de movimiento. Iturralde expone dibujos a tinta “que representan recorridos, maneras de transitar, caminos que se cruzan, se conectan, siguen, enmarcan un poco el transitar por este espacio y con diferentes ritmos y tiempos”, mientras que Traid y su serie de módulos cerámicos se pueden mover y adaptar libremente al espacio.
 El aporte de Karina Sureda y sus grabados se basó en la música y la mujer como reparadora de la tierra, “la mujer creadora que repara y sana a través de la música y el arte”, consideró Sureda. Asimismo, la invitada Lutgard Van Dick interpretó en varios sonajeros el sonido de la vida, el embarazo y el verde del monte.
De esta manera, bajo la figura de la eterna María Elena Walsh, la música, las mujeres y el arte que  interpela al espectador tomaron fuerza en el Yaparí y seguirán sorprendiendo a quienes lo visiten.
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando”, dice la letra de La cigarra. Esos versos  de Walsh son los que reinterpretan ahora las Trashumantes sin dejar de moverse constantemente para poder perpetuarse también en otras vidas. 

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