Moncho, la piedra fundacional de Los Núñez

Domingo 16 de junio de 2019
El éxito que tienen hoy Juan y Marcos se debe, en gran medida, al apoyo incondicional de su padre en los primeros años de su carrera
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólitosociedad@elterritorio.com.ar

“Yo no me creo nada, lo digo sinceramente, con los pies en el suelo. Nunca les dije: ‘Ustedes son mejores que nadie’”, dice Juan Ramón Núñez (67), conocido cariñosamente como Moncho. Y sus palabras, sus gestos, la emoción que asoma en sus ojos denotan una profunda humildad, la misma que transmitió a sus hijos, hoy consagrados artistas misioneros.
Porque aunque él crea que su dedicación hacia ellos no merece tanto reconocimiento, es la piedra fundacional de lo que todo Misiones hoy conoce como Los Núñez: Juan ‘Chavo’ y Marcos ‘Pico’ Núñez.
“Vos imaginate, nosotros tocábamos a la noche donde sea y él a las 5 de la mañana tenía que estar arriba para ir a laburar”, cuenta el Chavo, al tiempo que Pico destaca: “Fue una etapa muy sacrificada, éramos gurisitos prácticamente y veníamos a tocar acá a Posadas, él terminaba las jornadas de trabajo y salía con nosotros a tocar a los festivales y a ponerle el pecho. No fue fácil pero creo que fue el motor de todo eso y acá estamos”.
Moncho nació en Posadas pero luego se fue con sus padres a vivir a Campo Viera donde formó su propia familia y tuvo cuatro hijos, dos nenas y dos varones. Trabajó hasta jubilarse en la municipalidad de esa localidad, fue camionero y, sin embargo, nunca dejó de acompañar a sus hijos, de apostar y de creer en ellos.
A bordo de un Fiat 600 o en colectivo, Moncho y los entonces pequeños hermanos Núñez emprendieron un sinfín de aventuras, en su mayoría gratificantes y otras no tanto en las que quisieron desistir. Pero ahí estaba Moncho, dando fuerzas y ánimo.
“Fue sacrificado pero a mi laburo nunca fallé, siempre llegué a horario y eso que a veces llegábamos a las 5 de la mañana y yo tenía que ir derecho”, rescata Moncho.

Maravillado
El padre de Moncho también fue músico y eso incentivó su pasión por esto y aunque no se dedicó de manera profesional toca la guitarra, la batería, el bajo y el acordeón e integró varios grupos. Menudo talento tenían Juan y Marcos en su casa.
“Yo lo presentía. Los dos eran muy inteligentes con la música, aprendían rápido, era una cosa tremenda porque eran chiquitos y hacían lo que para otros chicos era imposible hacer”, recuerda Moncho sobre sus hijos.
Y rememora la vez que los llevó a tocar a Oberá a una selección para formar parte de la Fiesta Nacional del Inmigrante de 1992.
“Cuando llegó la hora de la verdad, cuando tenían que actuar se transformaron los dos; yo estaba atrás del escenario y cuando Pico abrió el bandoneón se me hizo que eran otros, no entendía nada. Vi gente grande llorando y por eso me aferré”, cuenta emocionado.
El padre siempre instó a sus hijos a estudiar y fue por eso que la familia se mudó a Posadas para poder tener más alternativas al alcance de la mano. La carrera musical por supuesto no fue un chiste, fueron muchas horas de estudio y de disciplina.
“La verdad que si no hubiera sido por Moncho hoy no estaríamos acá. A veces pensamos que estaríamos en Campo Viera haciendo cualquier otra cosa. Fijáte que él nos decía antes que teníamos que estudiar alemán, inglés porque íbamos a viajar”, señala Marcos y agrega entre risas que se contagian a su hermano y su padre: “En ese momento uno no tiene ni idea y además no está en los planes, después se fueron dando las cosas y terminamos viajando un montón. No estudiamos inglés ni nada pero terminamos viajando”.

Dejar crecer
Moncho siente mucho orgullo cuando la gente destaca la humildad de sus hijos. “Ojalá Dios nos permita crecer mucho más que ahora para poder ser más humildes”, admite.
Es que antes de ganarse un lugar en los eventos y festivales, Los Núñez eran los últimos en tocar y los que tenían lugar para menos temas. “Aguantamos, jamás salimos a quejarnos de nadie”, rescata.
“Ahora tienen que cuidar esto pero tengo fe que de que lo van a hacer. Porque ellos lo lograron, yo soy padre nomás. A veces me emociono porque yo aposté más por ellos dos, teniendo otras dos hijas que me mezquinan, uno se queda con eso de que debería apoyarles parejo”, se recrimina, por otra parte.

De hijo a padre
Ahora que son padres, Juan y Marcos, comprendieron infinidad de cosas que Moncho tuvo que sacrificar para acompañarlos en los inicios de esta carrera.
“Yo rescato su generosidad, quizás él también quería ser profesional de la música pero dejó de lado eso y dijo vamos con los chicos. Todo eso a base del amor porque de otra manera no se hubiera podido hacer, correrse de su lugar para dar espacio al otro”, sostiene Juan.
En tanto, Marcos, menciona: “Nos enseñó cómo caminar por la vida, eso nos tocó un montón. ‘Ustedes primero tiene que ser personas, gente, y después son músicos o lo que sea’, nos decía. Esa parte fue algo que nos marcó mucho”.
Y por último, coincidieron: “Un saludo para todos los papás de la provincia y los que no los tienen que puedan elevar una oración. Estamos muy agradecidos a la gente y de poder seguir esta parte del camino acompañados de papá, nos damos vuelta y sabemos que él está ahí, para nosotros es una tranquilidad”.

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