Materiales misioneros que dan soluciones ecológicas

Domingo 17 de marzo de 2019
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

Desde esta parte casi recóndita del globo, donde a pesar del clima tropical y el rojizo de la tierra, arranca, se podría decir, el fin del mundo... Desde este lugar donde la madera se obtiene fácilmente y la historia científica es aún muy joven, las soluciones innovadoras a distintas problemáticas florecen en macetas biodegradables y crecen a fuerza de voluntad y vocación.
Dentro del ámbito científico que en la provincia lidera la Unam, el Instituto de Materiales de Misiones (Imam) tiene actualmente interesantes investigaciones en curso con respecto no sólo al mejoramiento de muchos materiales existentes sino a las nuevas formas de producción en base a bioproductos.
Así, el Programa de Celulosa y Papel (Procyp) sigue posicionándose como pionero en el país. Hoy, además de las carreras de grado y posgrado específicas en la materia, el trabajo mancomunado con la Asociación Nacional de Fabricantes de Celulosa y Papel y la Red Iberamericana del rubro, hay trabajos sobre cómo producir bioplásticos (junto a investigadores de Noruega, Alemania, Finlandia, Chile, Perú) a raíz de aserrín y la implementación de macetas biodegradables para pequeños productores a partir de distintos tipos de residuo. 

Potenciar el estudio
En el nicho de la celulosa y el papel, Misiones es una de las postas más importantes del país. Lo complementan el área específica que lleva adelante el Inti -que prácticamente no hace investigación- y la Universidad del Litoral de Santa Fe. Si bien el Procyp es una de las áreas más antiguas de la Facultad de Ciencias Exactas, la inauguración del Instituto en 2011 permitió acceder a más financiación y becas para potenciar sus desarrollos.
En ese marco, es que cuentan con proyectos de la Agencia Nacional de Promoción Científica, del Conicet y, por ejemplo, un convenio con la Asociación Nacional de Fabricantes de Celulosa y Papel en el que se trabaja con aplicación de nanocelulosa para mejoramiento de papeles.
Al estar relacionada con la Red Iberoamericana, también se pueden realizar ensayos en otros lugares, como en Brasil, por ejemplo, cuando aquí no son viables.
 Hay mucha promoción de la investigación con becas para estudiantes y graduados y la mayoría de los trabajadores del instituto son docentes de la facultad e investigadores del Conicet. En términos institucionales, el área se divide, a su vez, en reciclado y biorefinería.

Raíces más libres
En el área de reciclado, resalta una solución ecológica y productiva que es la de las macetas biodegradables. Arrancó en 2014, aunque desde 2004 se estudiaba su aplicación y encabezado por Graciela Gavazzo, histórica investigadora misionera, partió de macetas hechas de papel reciclado pero hoy pretende sumar otros residuos.
“Estamos probando con otros productos para agregar a la mezcla por ejemplo bagazo de caña de azúcar, aserrín (de pino, de eucalipto), cascarilla de arroz”, comenzó explicando Gavazzo, doctora en ingeniería papelera.
La idea de agregar otro tipo de residuos no sólo parte de incluir nuevas soluciones ecológicas para ciertos desperdicios, sino también por la problemática a nivel nacional de la falta de papel reciclado. Esto se debe a varios factores, según consignan los científicos, en parte porque se usa menos papel, pero sobre todo porque no hay una política de Estado en cuanto a la recolección  diferenciada de residuos y la sistematización de reciclado.
Cabe resaltar que el proyecto trabaja conjuntamente con la Biofábrica, que provee la tierra, plantines y el lugar de ensayos y con la Fundación No Tan Distintos, que tiene un vivero de orquídeas en Campo Grande.
A pesar de que la iniciativa de las macetas biodegradables no fue original (ya se realizaba en Estados Unidos con otros materiales), fue totalmente pionera en el país y pretende ser de ayuda para pequeños productores locales.
 “Con el conocimiento del proceso que es sencillo, la idea es transferir a pequeños productores la tecnología para que ellos mismos hagan sus macetas”, puntualizó Gavazzo, al tiempo que adelantó que esa vinculación es el próximo paso.
“El proceso para hacerlo es parecido al de los maples de huevo, aunque la máquina de los maples es mucho más grande. Nosotros lo que proponemos es que un pequeño productor pueda hacer las macetas individuales, algo mucho más sencillo y con poco costo”, sumó la investigadora.
Por otro lado, especificó que si bien las macetas a partir de papel, arroz o caña de azúcar parecen no influir en el proceso de crecimiento de la planta, la iniciativa de sumar un ingrediente novedoso como el quitosano (a partir de caparazones de crustáceos marinos) podría sumar mayor desarrollo de hoja. Este residuo provendría del sur, a raíz de un acuerdo con la Universidad del Sur, de Bahía Blanca y la Universidad Nacional de Mar del Plata.
“Pensamos que con el quitosano podemos tener mayor desarrollo aéreo de la planta,  con los otros pensamos que no, van a actuar de la misma manera que el papel, no van a ni interferir ni favorecer el desarrollo de la planta, que es lo que estamos viendo en este momento”, consignó la especialista.
En tanto, la ventaja en sí que tiene la utilización de este tipo de macetas es que las raíces pueden atravesar el recipiente, sin sufrir el estrés que le provoca el confinamiento en una maceta regular. Asimismo, se disminuye la manipulación porque la planta se termina de ubicar bajo tierra junto con la maceta, que finalmente se degrada en suelo.

Una universidad joven que se destaca en el país

Desde el Imam, el área de celulosa y papel se destaca en el país.
Investigar en Misiones tiene sus pro y sus contras pero a pesar de que históricamente la ciencia, como tantas aristas de la sociedad, estuvo centralizada en la capital del país, el avance de los estudios en la tierra colorada no se detuvo, sino que al contrario, creció contra viento y marea.
En esta línea la directora del Imam, María Cristina Area, graficó: "Nuestro desafío fue totalmente diferente siempre, porque nosotros nunca tuvimos nada, tuvimos que surgir de la nada" . Sobre el comienzo de los estudios en la universidad recordó: "empezamos como autodidactas porque ni siquiera teníamos maestros. Vos tenías, en ese momento en Buenos Aires científicos formados que formaban gente pero nosotros no teníamos maestros, tuvimos que hacernos solos. Tuvimos que salir a formarnos afuera, con mucho esfuerzo, porque tampoco había becas".
 Así, a pesar de postular que "acá todo es más difícil" consideró que todo se fue haciendo siempre con mucha voluntad y ponderando la formación de redes y contactos, entre otras cosas.
A su vez, la federalización de los recursos en Argentina tanto en financiamiento como en becas, favoreció la creación de nuevos focos de investigación como el instituto de materiales.
De igual manera, entre de los beneficios de trabajar en la zona, la también doctora en ingeniería papelera, alegó: "Tenemos una ventaja grande los que trabajamos con madera que es que estamos en el polo productor de madera, tenemos la materia prima acá".
Por otro lado, Área y Gavazzo coincidieron que en materia de ecología y medio ambiente, uno de los mayores desafíos reside en la diferenciación de residuos, mientras alertaron que cualquier industria puede ser contaminante si no se maneja adecuadamente.
"Son muy pocas las ciudades en el país que tienen recolección diferenciada. Acá en Posadas no hay gestión municipal para una recolección de residuos reciclables, los puntos verdes quedaron en la nada. Lo que sí hay son recolectores informales y algunos voluntarios como los que recolectan recipientes reciclables en Villa Sarita y en las Ferias Francas", marcó Gavazzo.
"El desafío es en varios ámbitos, estamos hablando de residuos pero hay otras costumbres y hábitos que no son amigables con el ambiente, por eso todo pasa por la educación ambiental. Hay que apostar a eso", subrayó la también directora de una maestría local en gestión ambiental.
En este marco, desde la Unam hay varios programas en distintas facultades que refieren al cuidado del medioambiente en relación con diferentes escuelas y actividades comunitarias.
Por otra parte, referido a la problemática de falta de papel reciclado, Área manifestó que hay en el país fábricas que trabajan sólo con papeles importados, aunque parezca irrisorio porque "como no hay buen sistema de recolección a nivel nacional, muchas veces el papel viene sucio, húmedo, con hongos y es un problema".
Finalmente, destacaron que el grupo de celulosa y papel está bien relacionado desde hace muchos años con los distintos protagonistas internacionales del rubro y que fueron logrando equiparse de a poco y si bien hay algunos equipos antiguos, siguen en buen funcionamiento y permiten continuar los estudios. 
Del mismo modo Gavazzo remarcó que gracias a la expansión de internet, no sólo se pudo obtener bibliografía destacada y tener conocimiento más rápido de lo que se investiga en el mundo, sino también dar a conocer los estudios científicos a la comunidad en general y propiciar así más conciencia ecológica. Quizás el ciclo se termine de cerrar, al despertar esa vocación curiosa e investigativa en las nuevas y crecientes generaciones para continuar potenciando a la provincia.

La curiosidad, el compuesto base de todo científico

Según explicó Area, lo primero que tiene que tener alguien que se dedique a la investigación, es curiosidad, "preguntarse por qué". "En la investigación intentamos encontrar los por qué, los filósofos de la vida y nosotros en la ciencia, de los mecanismos. Hay que tener esa chispa", determinó ."Después hay que ser muy riguroso, metódico, sistemático, saber respetar los procedimientos. Tener una ética impecable, ser respetuoso de los saberes ajenos", cerró. De la misma manera consideró que en el área de la Facultad de Exactas, especialmente en las ingenierías, muchas veces la cantidad de investigadores depende de la situación laboral del país, ya que cuando hay mucha demanda de porofesionales, la tentación de trabajar en una empresa es mayor.


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