Mateo tiene dislexia y su familia luchó por la inclusión escolar

Domingo 8 de diciembre de 2019 | 04:00hs.
Mateo, de remera verde, terminó la primaria el año pasado en la Escuela 678.
La familia Sartori, de San Pedro, transita una etapa de lucha y acompañamiento constante para que su hijo Mateo (13), que padece dislexia, pueda llevar una vida normal dentro de un establecimiento educativo común. En este ciclo lectivo asistió al Instituto de Enseñanza Agropecuaria (IEA) 2 y fue promovido a segundo año, mediante un trabajo de inclusión, compromiso y empatía por parte de la comunidad educativa en atender las necesidades y características diferentes del alumno, eliminando así barreras y transformándose en agentes de cambio.

Mateo nació de forma prematura, en los primeros meses de vida creció de forma apropiada sin ninguna anomalía en lo que respecta a temas de salud. Sin embargo, la primera alerta de que podían estar frente a un trastorno de aprendizaje fue cuando comenzó a desarrollar el habla. En esa etapa sus padres notaron que era un niño con valores de comprensión avanzados en comparación a otros menores de su misma edad, sin embargo, presentaba dificultades para las tareas más sencillas. Este cuadro se agravó durante el preescolar y luego de pasar por varios médicos, el primer diagnóstico fue síndrome de Asperger cuando tenía 7 años.
Desde ese momento comenzó un largo camino por el que diariamente transita la familia para que el ahora adolescente pueda salir adelante pese a las dificultades. Pasó por varias terapias cognitivas y conductuales, pero fue cuando tenía 9 años que la familia viajó hasta Buenos Aires donde en un centro asistencial le realizaron una evaluación.

“En esa consulta se da como superado el síndrome de Asperger y nos enteramos que en realidad él estaba con una etapa avanzada de dislexia y con eso comienza la dificultad en la escuela. Lo principal para un niño con este trastorno es la comprensión de los padres y la adaptación curricular en la escuela acompañada de la empatía y humanidad del personal docente”, indicó a El Territorio, Angélica Martin, madre de Mateo.

Su trayecto por la Escuela Primaria 678 requirió de enorme trabajo y dedicación. En esos años, aparte de la maestra de grado, contó con el apoyo diario de una maestra integradora, en este caso la licenciada en Psicopedagogía Yésica De Olivera, cuya destacada labor significó un progreso enorme en la vida de Mateo, reforzando así también el tratamiento al que asiste cada 15 días en Posadas, en el Centro de Formación y Asistencia Psicopedagógica.
Gracias a todo ello logró egresar de séptimo grado de la escuela donde su padre, Fabián Sartori, es director.

Una lucha constante

Después de finalizar la primaria, la familia inició una lucha constante para lograr que se cumplan los artículos de la ley 27.306, que debería facilitar todas las herramientas necesarias que garanticen el derecho a la educación de una persona con dislexia y Mateo pueda acceder al sistema educativo común para continuar con el nivel medio.

Es así que con mucha incertidumbre y preocupación se acercaron al IEA 2, donde las puertas fueron abiertas para que sea matriculado y reciba atención humana y solidaria de todos sus integrantes.

La dedicación y pedagogía ajustada a las demandas diferentes del alumno fueron fundamentales para que se sintiera parte de la vida escolar. Sus necesidades fueron comprendidas y aceptadas con empatía y calidad humana, garantizando a través de diferentes herramientas pedagógicas la accesibilidad a los contenidos de enseñanza.

“Recordamos el día que nos acercamos a la institución con incertidumbre y tanto el rector Miguel Báez como la coordinadora pedagógica María Sara Fierro nos hicieron sentir cómodos, comprendidos, destacando la igualdad de oportunidades para nuestro hijo, poniendo en claro que la educación es un derecho”, valoró la familia.

Mateo presenta serias dificultades en la lectoescritura, no obstante, maneja de forma fluida conocimientos de historia o geografía. El hecho de no lograr escribir de forma adecuada le genera mucha frustración y es en ese punto donde contar con la comprensión de los docentes y la concientización de los compañeros es significante.

“Destaco el acompañamiento de los padres que tuvieron un rol muy importante. Mateo se integró de forma normal, es un desafío para nosotros, pero con todo el equipo y la capacidad del alumno se logró que pase a segundo año sin ninguna materia pendiente”, destacó por su parte el rector del IEA 2.

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