Más de un siglo en la Tierra Colorada - El Territorio Misiones

Más de un siglo en la Tierra Colorada

Sábado 12 de septiembre de 2020 | 07:50hs.
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

Constantemente nos bombardea la información sobre cómo mejorar la salud, el aspecto físico y psíquico para, en definitiva, ganarle algunas batallas al tiempo, ese countdowm que nos corre desde el día uno de nacimiento. Misiones como paraíso natural quizás guarde algún secreto ancestral de longevidad, ya que numerosas historias se han reflejado en estas páginas sobre centenarios pioneros que habitan este suelo, oficialmente provincializado hace menos de 70 años.

Un vasito de vino diario”, es la alusión inevitable de destacar de Vidalvina Pintos de Pedrozo, que ayer cumplió 102 años. Agarrándonos de esa receta, la charla intenta ahondar en sus hábitos para descifrar cómo mantiene la mente ágil y el cuerpo saludable, pero para ella es algo naturalizado. Siempre mantuvo una alimentación muy variada, con productos de la chacra. Además, aclaró que después de los 100, comenzó a sentir más achaques y algunos dolores fuertes por lo que, por ejemplo, debió dejar su pasión por las plantas y flores.

“Hasta los 100 estaba fuerte. Por lo menos no estaba sorda. Ahora poco veo, me duelen los huesos y me mareo”, deslizó Vidalvina intentando salirse del personaje de ‘heroína’ que le asignan por haber traspasado la barrera de los 100. Atenta a lo que pasa en la actualidad, se mantiene informada y recuerda cada hecho importante o cotidiano, en especial todo lo relacionado a sus nietos.

“No es diabética, no es hipertensa, no tiene problemas de corazón y por eso el médico le dice que está muy bien. Pero nos sorprende que se preocupa por todos y no falla su memoria”, resaltó Beatriz, una de sus hijas.

Aunque su reciente disminución auditiva puede complicarle un poco el diálogo fluido, Negra, como le dicen los cercanos, encuentra la manera para dejar su rastro y marcar sus ideas.

“Siempre, lo que puedo, le aconsejo a mis nietos a mi manera. Tengo muchos y puedo decir con orgullo que son quienes más me cuidan. Todos los días viene alguno”, postuló la mujer que dio luz a seis hijos en tiempos en los que las salas de cirugía no eran moneda corriente y el farmacéutico del pueblo oficiaba como médico local.

“Tuve a los seis en casa con partera común”, refirió. “No supe lo que era un médico hasta ser mayor. Seis hijos crié sin conocer al doctor ni nada y ahora antes de nacer ya están controlando la panza. Nadie me controlaba pero gracias a Dios y la Virgen Santísima salieron bien. Era todo muy distinto a ahora, pero muy difícil de explicar”, consignó Vidalvina, que tiene a cuatro de sus hijos en Posadas y uno en Río Gallegos. Una de sus hijas falleció hace unos 10 años y a ella se le entrecorta la voz de simplemente nombrarla. Hoy suma más bisnietos que nietos.

“Se sufría sí, claro, pero se aguantaba”, insistió sobre la vida de antaño en la colonia, mientras subrayó que si bien conoció algunas otras tierras, siempre le gustó Misiones.

Criada en Bonpland, se dedicó al trabajo en la chacra, aunque destacó que no eran labores pesadas. Su mamá murió muy joven y tuvo que ayudar también a criar a sus hermanos más chicos.

“Recién a los 19 mi papá me dejó ir al primer baile”, recordó al reconocer que, amante del chamamé, en su vida bailó muchísimo. A los 29 se casó con Adolfo Pedrozo, a quien conoció en un baile de su pueblo y a sus 30 nació Roberto (Beto), el primero de los seis, que todavía hoy la acompaña en la convivencia cotidiana. Los primeros años de matrimonio transcurrieron también en Bonpland. Cuando se mudaron a Posadas con los niños, la zona donde actualmente se erige su vivienda, “era todo monte”.

“Compramos el primer espacio acá de Ramón Malagrida. Te podría contar cómo empezó el barrio pero ahora no puedo decir nada porque no están más los vecinos de antes. Era feo... no había nada”, resumió sobre la chacra 227, a metros de las hoy tan vertiginosas avenidas Lavalle, Santa Catalina y Quaranta.

Mientras su compañero de vida se desempeñó en varias dependencias del Estado como Vialidad o Asuntos Agrarios, donde finalmente se jubiló, Vidalvina se dedicaba a ‘mantener la casa en orden’.

“Siempre hay qué hacer en la casa, por más pobre que uno sea”, contó sin más detalles, aunque confesó que la crianza también era distinta, más firme quizás y marcada por el respeto. Ese que hace que hoy hasta sus bisnietos más modernos la sigan tratando de usted.

“Yo a veces estoy con gente y me callo nomás para no meter la pata”, relató risueña sobre las nuevas modalidades de crianza y familia.

Soslayando que por más años de vida y experiencia el dolor y la profunda sorpresa de perder a los afectos, no tiene cura, Vidalvina se mantiene fuerte y atenta a las generaciones futuras. Así, vinito en mano y lanzando profundas bendiciones, brindó en familia por sus exitosos 102 amaneceres. 

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