Los sueños de un futuro mejor del artesano Pentiago

Jueves 7 de febrero de 2019 | 04:00hs.
Foto: María Rosa Fernández
Mario Pentiago, junto a su esposa brasileña y sus tres hijos de 3, 5 y 7 años, se afincó hace tres años en Garupá. Hasta la localidad llegó desde su tierra natal Buenos Aires buscando un mejor pasar para su familia.
Es un hombre joven, artesano, que gana el mango peso a peso en un momento en que no es fácil salir adelante. Moldea madera, alambre, hierro, hojas secas. Todo material puede ser transformado en un objeto de gran belleza, señaló.
En una entrevista con El Territorio, Pentiago abrió su corazón y mostró la dignidad que hay en el trabajo realizado con las manos y en el pan ganado con sacrificio.   
“La artesanía es libertad, te permite andar por distintos lugares sin más compromisos que vivir el día a día, es algo lindo”, dijo. Sin embargo, ver crecer a sus hijos lo hace replantearse su manera de vida.
“Quiero que mis hijos estudien, pero es tan difícil hoy día, ya no se vende como antes, ya no podemos ponerle precio a nuestro arte porque no hay dinero.  Entonces realizamos los artículos y les damos a las personas a cambio de dinero a voluntad y eso apenas alcanza para comer”.
Describió que la pequeña casa que habitan carece de luz, tiene piso de tierra y al techo le sobran goteras.
“No cobramos el salario universal porque nuestros hijos nacieron en Brasil, uno es misionero. Nos faltan muchas cosas, ni un celular para mi trabajo tenemos”, lamentó, aunque destacó que “lo que vamos logrando es a pulmón y siempre con nuestros hijos, no los dejamos ni un segundo y el amor que tenemos por ellos hace que no queramos que sigan un camino sin estudios, ellos deben ir a la escuela, a pesar que hay muchos artesanos que les enseñan ellos nomás a sus hijos a leer y escribir, pero eso no quiero para mis hijitos”.
Añadió: “Merecen una vida estable, eso a mi esposa y a mí nos cuesta mucho, por ahí sacamos 200 pesos al día y compramos para comer”.
El presente de la familia Pentiago es de trabajo incansable y de muchas carencias, pero no pierden las esperanzas de que las cosas vayan mejor y puedan encarar mejoras en la casa, “queremos un techo digno, que tengamos un piso limpio, que no llueva adentro, que los chicos estén bien protegidos”, dijo con voz temblorosa y al borde del llanto Mario.
Un ejemplo del desarraigo y la pobreza esboza el hombre, sus hijos no habían asistido a una fiesta de cumpleaños hasta que un gesto de generosidad posibilitó que concurran. “Nunca fueron a un cumpleaños y tampoco les pudimos festejar. Hace poco una familia los invitó al cumpleaños de uno de los hijos y ellos no tenían zapatillas para ir. Una señora supo de esto y les regaló los calzados que hasta ahora usan. Ese día pudieron compartir una fiesta, nunca lo van a olvidar”.
Y expresó “hay gente que discrimina mucho porque uno es pobre, como dije antes, nosotros no cobramos salario a pesar de que uno de mis chiquitos es misionero, nuestra vida es como la de los padres de antes, que trabajaban duro para llevar la comida a la casa”.
Aún así, Mario destacó que “con mucho esfuerzo todos los días se almuerza en mi casa y por eso, gracias a Dios que mis hijos no piden, al contrario recibimos monedas por una artesanía que va a durar mucho tiempo”.

Espacio para todos
Mario Pentiago dijo que en su casa priorizan la comida y que a pesar de las necesidades, han llevado a sus morada cinco perros que fueron abandonados por sus dueños y ellos, al verlos en esas condiciones, les sacaron de la calle.
“Nos encantan los animales y cada uno de nuestros perros tiene una historia en común, fueron abandonados y ahora tienen familia”.
La solidaridad es una forma de ver las cosas y no mide su entrega. “Nosotros queremos garantizar la comida para todos en la casa y claro que miro hacia el futuro de mis hijitos, quiero pelear la vida para que ese futuro sea feliz y terminar la casa para que siempre tengan un lugar. Cuando crezcan podrán ser lo que elijan y siempre estará la casa para cuando necesiten”. Por último, refirió: “No quiero dejar mi oficio de artesano, quisiera ganar lo que corresponde y de esta manera, como trabajador, podré dar una vida más digna a mi familia”.

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