Lo buscaban por femicidio y ahora irá a juicio acusado de violar a sus hijastras

Sábado 24 de agosto de 2019 | 07:00hs.
Cáceres Mancuello, imputado por abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia. | Foto: El Territorio/Archivo
Cristian Valdez

Por Cristian Valdezfojacero@elterritorio.com.ar

Hace exactamente cuatro años los medios de comunicación de esta provincia replicaban datos macabros sobre el asesinato de una mujer en manos de su concubino, en Ciudad del Este. Se mencionó que era un ciudadano paraguayo, desocupado, que escapó dejando sobre un colchón el cuerpo mutilado.
Fue uno de los femicidios más atroces cometidos el vecino país y los detectives que trabajaron en el lugar no tardaron en sindicar a Miguel Cáceres Mancuello (36) como autor. Sus antecedentes de violencia lo colocaron en el rol de asesino, por lo que trataron de capturarlo aunque nunca tuvieron éxito porque desde ese momento su paradero fue un absoluto misterio.
Se mantuvo en la clandestinidad durante alrededor de tres años hasta que a mediados de agosto del año pasado su nombre apareció en escena, y no por algo bueno: fue detenido por la Policía de Misiones por el abuso sexual de dos de los cuatro hijos de quien era su nueva pareja y con quien convivía, amparado en otra identidad, en el barrio 2000 Hectáreas de Puerto Iguazú.
Las criaturas tenían 10, 8, 7 y 4 años. Bajo su mando vivieron un infierno, puesto que además de los ataques de tipo sexual, eran obligados a trabajar en la fabricación de ladrillos, con hambre y sin los mínimos cuidados respecto a su salud.
Como si fuera poco, la propia madre, Cristina M. (24), no creyó en su hija más grande cuando le contó sobre los abusos que sufría junto a su hermanita de 4 y con esto, evitó denunciarlo. Fue una tía de las criaturas la que alertó a las autoridades logrando la intervención judicial y en ese ámbito se ordenaron los exámenes médicos que confirmaron lo que se sospechaba.
La mujer terminó acusada de encubrimiento en tanto que al hombre lo señalan por por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia.
Un año después, esa causa fue elevada a la instancia de debate oral por el titular del Juzgado de Instrucción Tres de Puerto Iguazú, Martín Brites. Solamente el hombre está detenido, porque se cree que en libertad es un riesgo procesal latente debido a que puede fugarse, más allá de la peligrosidad. La mujer, en tanto, está en libertad, pero tiene prohibido acercarse a sus hijos y si lo hace, puede regresar a prisión, donde estuvo durante varios meses.

Femicidio
Del otro lado del río Paraná, Cáceres Mancuello también tiene que rendir cuentas en la Justicia por el atroz asesinato de su concubina, María Garay Miranda (43), hace cuatro años.
Las crónicas de la fecha dan cuenta de que era una humilde ama de casa que residía junto al acusado en una casa de madera situada en fracción Los Jazmines de Ciudad del Este.
Según peritos de la Policía Nacional, fue mutilada y estrangulada en una de las habitaciones.
La encontró su cuñado, Alcides Cáceres Mancuello, boca arriba, sobre dos colchones.
De acuerdo al informe del médico forense Eduardo Cano, la causa de muerte fue estrangulamiento, pero el cuerpo presentaba rastros de golpes en el rostro, heridas punzantes en los pechos y quemaduras en las partes íntimas.
También detectaron una serie de lesiones que, para los forenses, son típicas de defensa. Eso cobró sustento con el desorden que había en la sala y en el dormitorio, inequívocos signos de lucha.
Los expertos informaron que en la casa encontraron evidencia que indicaba consumo excesivo de bebidas alcohólicas, por lo que no se descarta que la saña del hombre haya tenido que ver con eso, aunque el motivo no se determinó más allá de los testimonios que colocan a Cáreces Mancuello un pedestal de hombre violento.


Abusos y explotación: denuncia e investigación

El caso en Puerto Iguazú comenzó a ser investigado en junio del año pasado, cuando una joven de 21 años alertó que su sobrina más grande era víctima de abusos sexuales por parte del concubino de la madre y que esta última, conociendo los hechos, no intervino, argumentando que la niña mentía.
Según los datos recabados, los hechos se produjeron en la vivienda que compartían y la primera medida judicial fue separar a las víctimas de ese entorno.
Tanto la niña de 10 años como su hermanita de 4 fueron examinadas y se constató con rigor científico que ambas habían sido violadas.
Ante eso, fueron entrevistadas en Cámara Gesell por personal especializado y la más grande contó que había sido sometida varias veces, e igual abuso sufrió la de 4, agregó.
El caso, además, permitió destapar una compleja trama de explotación, malos tratos, abandono y desatención que tenía a los hermanos sometidos.
Se confirmó que eran explotados laboralmente en una olería donde desde temprano debían trabajar a la par de los adultos e incluso la nena de más grande había sido obligada a abandonar la escuela con el objetivo de duplicar su utilidad.
Todos presentaban síntomas de maltrato físico y alimentación deficiente, además de una serie de infecciones cutáneas propias de la falta de aseo.
En su indagatoria, tanto Cáceres Mancuello como Cristina mostraron la misma coartada y negaron los ultrajes a las pequeñas. Expresaron que estaban “inculcadas por la tía”, quien denunció el hecho y hoy está a cargo de los hermanitos.

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