Las primeras pinceladas de una historia de hipnóticos paisajes

Domingo 15 de septiembre de 2019
‘Autorretrato’, de Areu Crespo, óleo de 1943 de uno de los precursores.
Federico García

Por Federico García sociedad@elterritorio.com.ar

El amplio horizonte de referencia que el paisaje misionero despliega frente al artista fue configurando a lo largo de más de 80 años un estilo particular y por ello una serie de nombres reconocibles en el mundo de la pintura que, atraídos por el amalgama hipnótico de esta colorida tierra, volcaron sobre el lienzo aquello que le dictaba el espíritu aventurero de la selva. 
Entre ellos, son ineludibles los de Zygmunt Kowalski, quien aseguraba que “la pintura es una manera de ver el mundo”, Ernesto Engel o Floriano ‘Mandové’ Pedrozo, que de niño solía curiosear en el atelier de Areu Crespo y Lucas Braulio Areco, otros dos hitos inexorables del arte visual de Misiones. 
Pero para llegar a ellos y más acá en el tiempo, es preciso referir a los precursores que se animaron a los iniciales eventos, los cuales en un principio fueron en formato individual y luego colectivos. Así lo refleja el archivo de El Territorio, testigo fiel de la historia contada día a día. Dejando de lado la cuestión estilística, el contenido de los textos visuales fue casi siempre la esencia de la tierra, su paisaje y el hombre que lo habita.

Los orígenes
Las primeras muestras se realizaron en la década comprendida entre los años 1937 y 1947. Según publicó años atrás el periodista Javier Arguindegui, a mediados de 1937, en el Club Social se exhibieron óleos de Liber Fridman, quien había llegado a la tierra colorada acompañando al titiritero Javier Villafañe, y acuarelas y dibujos de Juan Mariano Areu Crespo. En julio del 39, en el mismo local, se presentaron óleos de Raúl Prieto, sobre motivos de las ruinas jesuíticas, y en agosto, en el mismo lugar, nuevos óleos de Areu.
En 1942, en el Club Progreso, se vieron los óleos de la pintora María Kolankowska, y en octubre, en la Primera Muestra de Trabajo Regional, en el local Barthe, se realizó una muestra en la que expusieron de forma conjunta Prieto, Areu y Kolankowska, y en el Club Social, este último realizó una exposición personal. Al año siguiente, Lucas Braulio Areco expone por primera vez en el Club Progreso.

Del yo al nosotros
Así lo decía Areu Crespo en un artículo del diario El Día: “Todos los esfuerzos individuales tenían que ir formando una conciencia artística en el pueblo a la vez que estimulando el afán de estos trabajos en aficionados, objetivos que se movieron en el sentido de organizar la primera muestra colectiva de pintores y dibujantes nacidos o radicados en Misiones”.
Su idea se materializaría en junio de 1944 con el Primer Salón de Pintura y Dibujo, en el Club Progreso, con la participación de Prieto, Kolankowska, Areco, Escalada, Reviakin y la apostoleña Nélida Puerta, con retratos y paisajes en pastel.
En octubre de ese mismo año, con motivo de la Fiesta de la Yerba Mate, como uno de los actos oficiales del evento y de la venida del presidente Edelmiro Julián Farrel -el único presidente de la República que había pisado suelo misionero hasta entonces-, se llevó adelante el Primer Salón de Arte de Misiones, donde a los ya citados se sumaron Alba Posse, Krause y muchos otros, en una exposición colectiva realizada con elementos del Territorio, de más importancia indudablemente, por la cantidad de las obras enviadas, que sobrepasaron el centenar, y por la calidad de un gran número de ellas.
En 1945, Raúl Castro Olivera y Marcos Tavares Castillo realizaron exposiciones personales de obras al óleo en el Club Progreso.

La primera Comisión de Cultura 
En el artículo citado, Areu bregaba también por la conformación de un organismo que tomara la dirección de las artes plásticas, las cuales “ya iba siendo necesario encauzar, alentar y proteger” dado el crecimiento del movimiento artístico. 
Y agregaba, profético: “Por eso es que creo que el ambiente había madurado cuando un domingo salimos a pintar el doctor Arigós, el juez Castro Olivera, el abogado Müller y yo, y discutimos la idea de formación de una Comisión de Cultura Municipal como organismo oficial que centralizara las actividades artísticas y a la vez las reglamentara, señalando certámenes con fecha fija, recompensas, etcétera. De allí salió la idea y la decisión de Castro Olivera de influir ante las autoridades municipales para la formación del organismo, con el éxito de todos conocido” 

Los salones anuales
 En dos años, hacia el año 1947, la Comisión había realizado una labor que no se puede ni se debe desconocer, aunque también debió extremar sus precauciones para contar con la colaboración de paletas desperdigadas por todo el territorio. Así, se realizaron salones anuales de pintura, escultura, dibujo y grabado con obras de artistas y aficionados de Misiones.
“Sin embargo -se lamentaba Areu- restándoles la jerarquía de la obra producida por sus autores, estuvieron ausentes dos pintores radicados en el Territorio y bien conocidos en la plástica nacional: Prieto y Giambiaggi, dos paisajistas de talento que deben ser conquistados para que muestren los paisajes arrancados por sus manos a esta tierra, que admiran los públicos de todo el país”.
En sus inicios, la Comisión tuvo una movida actividad: realizó en el 45 el Primer Salón del Poema Ilustrado, y en octubre  de ese mismo año tuvo lugar en la Casa de Gobierno el Primer Salón Municipal. En agosto del año siguiente fue el Segundo Salón del Poema Ilustrado, y en octubre, el Segundo Salón Municipal. Allí se adquirieron obras de Arigós, Kury, Marchese, Pertile, Areu y Dachary. 
Párrafo aparte para los dos salones del Poema Ilustrado, los cuales revelaron además la vocación literaria de varios de los pintores, como el mismo Areu.
Es así que en esta década comprendida entre 1937 y 1947 pueden ubicarse los orígenes de la pintura como actividad cultural organizada en la tierra colorada. 

IEl amigo de Horacio

El embrujo seductor de la selva misionera de principios de siglo pasado atrajo a numerosos escritores y artistas: Quiroga, Macedonio, Nalé Roxlo, Selva Andrade y Dras, entre tantos. El pintor Carlos Giambiagi, paisano de Quiroga, había nacido, como él, en Salto, y se radicó en Argentina hacia 1904. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires y fue discípulo de Malharro. Inició su militancia política en el comunismo y colaboró en distintas revistas promoviendo cierto arte de compromiso social. En 1913 expone por primera vez en el Salón Nacional y en 1914 en la Primera Exposición de Artistas Jóvenes realizada en Rosario. En 1915 se radica en San Ignacio, ilustra dos libros de Quiroga y, como él, Giambiaggi se dedicó a labrar la tierra mientras realizaba su actividad artística. Tras la muerte de Ana María Cires, la malograda primera esposa de Quiroga, acompaña al escritor en su destierro al barrio porteño de Villa Crespo: desde 1919 es uno de los asiduos integrantes del grupo de artistas del Taller de la Calle Canning, donde vivió el célebre cuentista. En 1929, después de varias muestras colectivas en Argentina, Uruguay y Chile realiza su primera exposición individual en la Asociación Amigos del Arte e integra en 1932 la Corporación de Artistas Plásticos. Fue docente en el Taller de Arte Experimental y en el Centro de estudiantes de Bellas Artes y en 1942 publica su primer libro; en 1962 el Museo de Bellas Artes organizó una muestra retrospectiva de su obra, y después de su muerte (1965), Losada edita, póstumamente, sus ‘Reflexiones de un pintor’, conjunto de cartas y pensamientos. La preocupación por el hombre y su situación social se refleja en sus obras de yerbales, montes y de la selva misionera motivos con los que ilustró uno de los primeros números de la revista Misiones (1944) publicada por los estudiantes misioneros de la Universidad de La Plata. Giambiaggi, el amigo de Horacio, había nacido el 11 de junio de 1887.Aguara-íPublicado el 13 de junio de 2014

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