Las habilidades de Lisandro para superar los obstáculos día a día

Domingo 16 de septiembre de 2018
Victoria Bergunker

Por Victoria Bergunker interior@elterritorio.com.ar

Lisandro Zarza tiene 16 años y nació prematuro. Como consecuencia de ello, la parte izquierda de su cuerpo se vio afectada y a lo largo de su corta vida se sometió a 18 intervenciones quirúrgicas de diferente tipo. Visita el Hospital Garrahan en Buenos Aires cuatro o cinco veces por año. Si bien su pierna izquierda siempre fue un poco más corta que la derecha, recién a los 3 años comenzó a utilizar una prótesis.
En el año 2012, cuando tenía solamente 10 años, le amputaron la pierna izquierda porque su pequeño pie fue rotando y esto podía traerle varios problemas a corto plazo. Fue a partir de entonces que comenzó a utilizar silla de ruedas, además de la prótesis.
 Dicha intervención estaba prevista para su adolescencia -probablemente para este año o el siguiente- pero el destino tenía otros planes, y aunque en un comienzo esta situación le trajo mucho sufrimiento, esa etapa no duró demasiado y hoy es un joven fuerte, lleno de vida y un ejemplo para muchos.
“Lo que más me enorgullece de Lisandro es la fuerza de voluntad que siempre tuvo para afrontar todos los problemas con los que nació. Nos demostró que,  si uno quiere, todo se puede. Le va bien en la escuela. Yo por ejemplo no terminé el secundario”, confesó Luis, su papá.
Si bien para Lisandro nada es imposible, existen algunos inconvenientes a nivel arquitectónico que complican su día a día.
“Las calles rotas, los autos que estacionan en las rampas, los lugares que no tienen ascensor, otros que no tienen baños para personas con discapacidad y lugares muy pequeños donde no entra la silla, son incomodidades”, sostuvo el joven. Tal como lo caracteriza su forma de ser, remató diciendo que “como sea siempre me manejo”.
“De todas formas estaría bueno que arreglen las veredas, pero para todos, no sólo para la gente que tiene discapacidad; para los mayores, los jóvenes… las calles muchas veces no están adaptadas para nadie”, aseguró.
Luis, su padre, añadió que “sé por sus compañeros de básquet que muchas veces los colectivos tienen rampas, pero los choferes no los paran para no perder tiempo”. 

Un día en la vida de Licha
Licha, como le dicen sus amigos, lleva una vida normal. Su pasión por el deporte es la chispa que lo enciende cada día para vivir una vida plena y feliz. Se levanta todas las mañanas a las 6 para ir al colegio, el Santa Catalina.
Lo primero que hace al despertar es ponerse la prótesis, pero luego de eso su rutina es como la de cualquier otra persona y es su papá quien lo lleva al colegio. Los lunes y miércoles tiene educación física como parte de la currícula escolar, y los martes y jueves asiste a la Escuela Municipal de Básquet adaptado que funciona en el polideportivo de Itaembé Miní y su equipo se denomina Club Posadas.
“En febrero tuve mi primer torneo a nivel nacional y me dieron una certificación para ser jugador profesional de básquet. Ese fue mi primer torneo y la semana que viene si Dios quiere tenemos un viaje a Buenos Aires y es el segundo torneo del que voy a participar”, comentó a El Territorio.
Sin embargo, el básquet no es su única pasión, ya que desde muy chiquito tuvo un amor a primera vista con el fútbol, deporte que practica como hobby. “Mi vida siempre fue normal”, añadió.
Queda demostrado que la discapacidad no contempla bajar los brazos ni decir “no puedo”.
No obstante, estas personas muchas veces se encuentran con dificultades en su vida cotidiana, que no dependen de su buena voluntad. Es que la ciudad y el transporte no están preparados para ellos. Falta conciencia, tolerancia y compromiso social. 

Escenario
Entendiendo, comprendiendo

 

Por Marcelo Rodríguez interior@elterritorio.com.ar

“Ahora entiendo, yo nunca anduve en colectivo en Posadas”. Así se expresaba Lisandro. En el lapso de una hora pasaron cinco colectivos y Licha levantó el brazo cada vez. Los primeros tres pasaron de largo y el cuarto se excusó diciendo que el que venía detrás era el colectivo adaptado. El quinto no disponía de la rampa, pero el chofer lo ayudó a subir y luego a bajar. “Ahora entiendo”, fue la frase que Lisandro pronunció un par de veces. Antes de oírlo lo había visto pensativo mientras soportaba la espera. Es que el joven, a pesar de contar con una pierna menos, siempre tuvo la suerte de movilizarse en su auto particular. Nunca debió esperar al colectivo en alguna parada. Tampoco experimentar que el chofer lo ignore. O que, en el caso de detenerse, no vaya a intentar que el pasajero realice su viaje. Lisandro supo el motivo por el cual los chicos que no disponen de sus medios se demoran. El chofer que no paró, ¿sabrá que su tiempo ahorrado se transforma en tiempo perdido de ese otro que está solo y esperando alguno que sí lo suba? ¿Podremos empatizar con el otro, con aquel que no soy yo?

 


Nació con parálisis cerebral y lucha por insertarse en la sociedad

Foto: Nicolás Oliynek. Sortear las veredas en mal estado, la lucha diaria de Marisa.
Marisa Gisela Báez (49) es trabajadora social y actualmente ejerce su profesión en el Ministerio de Desarrollo Social. Nació en Wanda y cuando terminó el colegio secundario se trasladó a Corrientes, donde inició sus estudios en medicina, pero el destino la trajo a Posadas, a la Facultad de Humanidades. Además realizó una maestría en política social y ahora está cursando una diplomatura por internet en la UBA.
Si bien ostenta una mente brillante, Marisa nació sietemesina y con una parálisis cerebral espástica, producto del cordón umbilical que se envolvió en su cuello y le produjo una falta de oxígeno. Su parte cerebral se vio afectada y como consecuencia de ello, la motriz.
Para poder mejorar necesita hacer tratamientos de kinesiología y natación, pero debido a los inconvenientes burocráticos y a los altos costos -en el caso de los privados- no puede realizarlos.
Sus ganas y sus objetivos son interminables, sin embargo reflexionó con este medio en que una de las principales barreras de marginación son las arquitectónicas, ya que la ciudad y el transporte muchas veces no están preparados para la gente con diferentes discapacidades motrices.
“Cada vez me cuesta más trasladarme y subir al colectivo, además para ir al centro tengo que pasar por transferencia y eso significan dos colectivos de ida y dos de vuelta. No todos tienen rampas y los que tienen no siempre las usan. Dependo mucho de la buena voluntad del chofer y de la gente”, sostuvo.
Por otra parte, las veredas rotas o en mal estado desmejoran su situación.
“Yo veo que hay muchas normativas sobre discapacidad, pero no se cumplen. Mi pedido es que arreglen las veredas, que agreguen semáforos porque me cuesta mucho cruzar la calle, que hagan las cosas que se tienen que hacer, que se haga más control en los estacionamientos y los autos no tapen las rampas para discapacitados”, afirmó.
La marginación tiene muchas caras. Marisa expresó que muchas veces se sintió discriminada en diferentes ámbitos: “Yo tengo muchos proyectos, pero no tengo quién me acompañe... tengo capacitación y estudios, pero no puedo poner en práctica todo eso porque la gente no te ve. La mayoría se fija en lo que está afuera, pero no ven tus capacidades. El discapacitado está cansado del político que viene y te usa para la foto, pero después se olvidan”, concluyó su reflexión.

Opinión
Una sociedad más comprometida
Martín Medina

Por Omar Ortíz oortiz@elterritorio.com.ar

Vivir la experiencia y ver cómo una persona en silla de ruedas aborda un transporte público en los Estados Unidos me hizo pensar en qué lejos estamos en Posadas en todo lo que se refiere a la discapacidad. Los ómnibus en Miami poseen en su parte delantera sillas rebatibles que los demás usuarios utilizan hasta que un discapacitado las necesite. El colectivo se acerca bien a la acera y automáticamente baja toda su carrocería en forma neumática. Además la rampa para discapacitados comienza a abrirse. Sin mediar, las personas sentadas en los primeros asientos se levantan y se van para atrás. El chofer sale de su habitáculo y rebate los asientos dando lugar a la silla de ruedas. La ubica en su lugar y asegura la misma con cinturones especiales de seguridad. Luego de todo este trámite, el chofer vuelve al volante y continúa la marcha del vehículo. Y a todo esto hay que remarcar que la puntualidad de los viajes no se ve afectada por toda la maniobra. Esto nos sorprende siempre cuando estamos en otros países pero porque nunca lo vemos en nuestra ciudad. Algo que debería cambiar. Mientras tanto, nuestros colectivos bien, gracias.


No camina y utiliza pañales, pero igual le rechazan la pensión

Foto: Carina Martínez. Tiene 24 años y está al cuidado de su padre y hermanos.
La burocracia impide a los ciudadanos gozar de sus derechos. Y, en ciertos casos, la situación es extrema. Genera impotencia e indignación.
En el extenso municipio de San Pedro son numerosos los casos de personas con capacidades diferentes que por distintas situaciones se encuentran en estado de vulnerabilidad.
Yisela Soledad Dos Santos (24) espera hace unos cuatro años el otorgamiento de la curatela para acceder a la pensión por discapacidad que le corresponde por ley. La curatela refiere a un sistema de protección y guarda judicial para personas no habilitadas para manejarse por sí mismas.
Aunque la joven posee su Certificado Único de Discapacidad (CUD) y su condición no le permite insertarse en el mercado laboral, hasta ahora no consiguió una pensión.
La joven de Cruce Caballero nació a los seis meses de gestación y, como consecuencia, sufrió una parálisis del lado derecho que le impide manejarse por su cuenta. El sacrificio, esfuerzo y desafío que significó para la familia reunir todos los medios para salvarle la vida y ofrecerle una vida digna, de cierta forma es un anhelo que aún no pueden concretar.
El cuidado de la joven se dificultó aún más para Alejandro Domingo Dos Santos (80) con el fallecimiento de su esposa hace diez años. Desde ese entonces, es quien junto a sus otros diez hijos redoblan los esfuerzos para brindarle lo mejor que pueden a Yisela.
Domingo carece de una jubilación debido a que no cuenta con la totalidad de años aportados y la quita de la moratoria, no reúne los 10.000 pesos que debería abonar para tal fin.
Si bien la salud de Yisela es estable, padece algunos ataques epilépticos que suelen presentarse cada tres meses y los cuidados que requiere son como si fuera un recién nacido.
“A ella la cuidamos como a un bebé de tres meses, usa pañales, no puede comer sola, no puede bañarse, no camina. Tengo a mis hijos cerca y me ayudan mucho, tenemos sólo una pensión provincial. Yo no soy jubilado, tengo la pensión que era de mi esposa y nos parece muy indignante tantas veces que fuimos y vinimos haciendo papeles y llevándola en este estado para que tenga su pensión nacional, y nada” reflexinó angustiado Domingo Dos Santos.

Ún trámite eterno
La familia no recuerda con exactitud cuándo dio inicio a los trámites para que la joven perciba el beneficio.
Al principio todo transcurrió con normalidad, hasta el momento de la liquidación. Por sus condiciones físicas y mentales, y al ser mayor de edad, resultaba razonable que se le otorgara la autorización a un familiar para que sea quien se encargue de percibir el haber. Eso no fue problema para los Dos Santos, quienes de inmediato, teniendo en cuenta la edad de su padre, designaron tutora a Dolores Da Luz Dos Santos (42), una de las hermanas de Yisela.
En este sentido contó las veces que debieron gastar hasta 3.500 pesos en remís para llegar hasta el Juzgado de Familia de Eldorado con la esperanza de obtener la curatela.
No contaban con alguna ambulancia y se les daba aviso de los turnos a última hora. “Fue un trastorno para ella. La primera vez fuimos para que el médico forense la vea. El resultado de la evolución fue enviada al juez, y fue a juicio para que le otorguen ese papel, pero resulta que esa ida fue en vano. Perdieron los papeles, nunca nos avisaron y después de cinco años de espera tuvimos que llevarla nuevamente, el mes pasado fuimos a averiguar con el defensor de menores de San Pedro y no hay novedades”, señaló resignada Dolores Da Luz Dos Santos.
Los 350 pesos que recibe por la pensión provincial no alcanzan  para cubrir lo que la joven necesita en pañales por semana. “Esa pensión nacional -5864 pesos- serviría mucho para ella, para mi papá, poder comprarle una silla de ruedas nueva, los medicamentos y cubrir los demás gastos. Ya hicimos de todo, la gente de la Municipalidad y de Acción Social siempre vienen, pero hasta ahora no hay nada concreto. El Estado debería estar más presente, ayudaría mucho a que personas así estén mejor”, lamentó Dolores. 

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