La voz del interior

Viernes 17 de mayo de 2019
Jorge R. Ferrari

Por Jorge Ferrari jyferrari39@gmail.com

Córdoba es Córdoba: se explica a sí misma. Pero la tensión entre la excesiva provincialización y la excesiva nacionalización de las lecturas también deriva del prolongado calendario: parece un torneo demasiado largo. Por lo pronto haremos bien en creerle más a los votos que a las encuestas. ¿Qué lugar nacional ocupó Córdoba en el triunfo de 2015? Fue el contrapeso del "interior" a la solidez del voto bonaerense que sostuvo Scioli. Macri superó por más de 40 puntos al candidato del FpV. No se trataba del apoyo de la Córdoba radical o peronista a Macri, era más transversal: la Córdoba verde-pampa, la que expresa un "modelo productivo" (que además tiene en el peronismo cordobés un modelo de gestión). Y ahora esa provincia le da la espalda a Macri.  
En el final de la noche, en el Cordobazo electoral del 12 de mayo, Schiaretti le habló al "pueblo macrista" además de al "pueblo peronista". Combinó 30.000 desaparecidos con equilibrio fiscal. Orden y progresismo. Cada provincia y sus propias polarizaciones. El voto macrista era el camello de aquella contienda electoral. El macrismo, en definitiva, "prescindente", miraba por TV la disputa de "su" poder.
En un ensayo publicado el año pasado por Capital Intelectual ("La interna peronista del siglo 21"), la antropóloga Julieta Quirós describe la tensión originaria del peronismo cordobés en torno al kirchnerismo: "Córdoba nos ofrece una suerte de 'caso ejemplar' para responder por qué en Córdoba la interna peronista estalló tempranamente y a cielo abierto. A diferencia del resto de los peronismos, el peronismo cordobés no pudo contener en la olla a presión la antipatía, tan ideológica como cultural, que desde el vamos existe entre un peronismo provincial de raíz conservadora (como el que De la Sota reinventó en los 90 bajo la coalición Unión por Córdoba) y un peronismo progresista de aspiración cosmopolita (como el que Néstor Kirchner proyectó, desde 2003, bajo su Frente para la Victoria). (...) Dicho de otro modo: por mucho tiempo el peronismo cordobés fue la herida por la que pudo supurar una lesión subcutánea que abarcaba de Ushuaia a la Quiaca -e incluía, desde luego, a nuestro usual peronismo 'de referencia', el bonaerense"-.
Diríamos entonces que de esta interna peronista se acogió Macri para ganar. No fue que buscó su "pata peronista" en 2015, sino que amasó votos en los peronismos provinciales disidentes. Eso ocurrió hasta 2017, antes de esta crisis. Para coronar el universo cordobés, recordemos que parte de ese 22% de votos que obtuvo Massa en plena polarización de 2015, el aporte cordobés encarnado en De la Sota no fue nada menor. Frente al peso bonaerense no hay "tercer espacio" sin Córdoba. La foto de Cristina Kirchner como anfitriona en una mesa del PJ es, entre otras cosas, consecuencia de la foto del domingo: Córdoba ganadora. Espectros del "interior".
El macrismo redondea su prescidencia no sólo con los graves problemas que están sobre la mesa, sino también casi con la excepción de ser un gobierno sin un gol. ¿Qué se anotó este gobierno? Prácticamente nada. Todos los gobiernos dejan "algo". Nos gusten o no. Los famosos 90 y la presidencia de Menem, tan estigmatizados por el derrumbe y el costo social, dejaron la ciudadanía fiscal, el fin de la colimba, el Mercosur. Hoy son políticas de Estado, el mismo Macri en su carta a los opositores así lo reconoció. a despenalización del aborto, que conmovió a favor y en contra, parecía ser el mojón de derechos civiles marca Macri. Pero no. Su "mérito" fue abrir el debate y tercerizar el poder en el Parlamento. Y perdió todo en ese riesgo: se le acumuló el enojo de quienes se oponían al proyecto y el de quienes lo avalaban.
Macri vive lo que no quiso ceder: que la debilidad política puede ser un "estilo" en la bonanza, pero un calvario en la recesión. Basó su gobierno y su fuerza en la volatilidad de la política: si mirás para atrás te convertís en sal. Emilio Monzó era la encarnación de lo viejo. Monzó no era lo viejo que no termina de morir: porque lo pasaron ellos mismos a degüello. Era lo viejo que moría rápido y en sus manos. Pero ahora, de golpe, piden una ¡Moncloa! Y necesitan uno, dos, tres Monzó. Lanzan un punteo corto, una "minuta", con condiciones y omisiones notables. Tan así que el mismo Facundo Manes recordó en Twitter que ninguno de los diez puntos hablaba de la pobreza. 
El gobierno está preso de lo que odia y necesita: una política que le dé fortaleza. Ahora apuran un relato sobre consensos de la democracia y la responsabilidad institucional, mientras la economía cae, el calendario electoral los devora, la oposición ensaya alternativas y los empresarios piden un gesto de autoridad: el plan V ("te necesitamos más afuera que adentro").
Desdramatizador vocacional, el macrismo no se tomó en serio a sí mismo. En la Argentina faltan dólares pero sobra sentido. Nuestro "realismo capitalista" es periférico: y en las periferias existenciales, difícil abrumarse por la ausencia de sentido. Dicho rápido: acá nunca es el "fin de la historia". Dos palabras debieran ser esenciales para este tiempo: sobriedad y sensatez. La escasez estructural de dólares se administró de todas las formas posibles hasta esta terminal: el Fondo. De allí que el retorno de nombres en danza (Cristina, Lavagna, Alberto Fernández, Solá, Moyano) nos hablen de una fantasía, no tanto del retorno al pasado kirchnerista, sino a condiciones políticas que hicieran posible una nueva bonanza: pero no es fácil y todos los políticos están parados sobre sus límites. Lo dijimos y lo repetimos: no hay democracia sin retenciones. El macrismo quiso hacer su transición casi sin que se note. De a poco. Gradual. Pidiendo la plata prestada para no fastidiar a sus beneficiarios, porque prefería no cobrarla ni emitirla. Y al final, cortada esa ilusión de cuajo, se encuentra ante el desafío siempre difícil, en definitiva, ¿cómo se gobierna?

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