La música misionera en busca de escenarios

Domingo 14 de abril de 2019 | 06:00hs.
La tragedia de Cromañón en diciembre de 2004, que causó 194 muertes y al menos 1.432 heridos, provocó inevitablemente un cambio radical y un control más intenso en lo referido a la seguridad de los locales dedicados a albergar espectáculos musicales.
Una gran cantidad de lugares se cerraron por no cumplir con los requisitos y a poco más de mil kilómetros de Buenos Aires, Posadas -que ya venía con una débil pero pujante escena musical- también se vio afectada. Los espacios se clausuraban y los músicos y solistas no tenían dónde mostrar lo suyo y hasta se hablaba de persecución de la música en vivo.
No obstante, no hace muchos años, en Posadas con la aprobación de la ordenanza de Música Viva, el municipio se comprometió a pagar el impuesto de Sadaic a los lugares de menos de 120 personas.
“Creo que se logró que el municipio le preste atención a la música en vivo como una fuente de trabajo, que no se persiga, porque en ese momento se denunciaba que había una persecución de la música en vivo”, sostuvo Joselo Schuap.
Otro de los puntos positivos de los últimos años lo fue también el lanzamiento del Circuito Estable de Música en Vivo por parte del Instituto Nacional de la Música (Inamu), una red de establecimientos en condiciones dignas para que los músicos puedan exhibir sus obras y el público pueda disfrutarlas.
En ese sentido, Schuap, representante del Inamu en el NEA, confirmó que en los próximo se incluirán al circuito otros lugares de Misiones.
No es un detalle menor que en la provincia se hayan creado tres asociaciones civiles que tienen personería jurídica: Músicos Populares Misioneros (MPM), Músicos de la Selva (Mussel) y Músicos del Alto Paraná (Amap). Uno de sus últimos logros fue el seguro de provincial de salud.
Además de ser representante del Inamu y gestor cultural de larga data, Joselo Schuap, abrió la peña Misionero y Guaraní (Buenos Aires 1546) con la mira bien definida en la música en vivo.
En un principio, tenía un perfil folclórico y chamamecero -que mantiene los viernes y sábado de cada semana-, pero se dio apertura a otros estilos musicales como el jazz, el rock y hasta la poesía, tornándose poco a poco en centro cultural.
“Creo que hemos creado un lugar que se suma a otros pocos lugares que tiene Posadas para ver música en vivo de forma permanente porque está pensado para eso. Tenemos la responsabilidad de que la peña existe por la música en vivo y para demostrar que desde lo independiente también se pueden generar fuentes de trabajo”, destacó Joselo de la peña que el 1 de mayo cumplirá su primer aniversario.
Misionero y Guaraní ofrece una programación que va de miércoles a sábados y en algunas oportunidades hasta domingo y lunes.
Según señaló Schuap, en los primeros meses tras la apertura las bandas y solistas tenían un monto fijo de cachet, pero tuvo que hacer un ajuste para acomodarlo a la realidad económica actual.
“Entonces entramos en el sistema que consideramos más justo para todas las partes que es el 70/30, 70% del derecho de espectáculo para el músico y el 30% para la casa”, aclaró.
Joselo destacó que la peña tuvo una apertura mental y cualquier género y estilo puede sonar dentro de sus paredes, y si bien hasta finales de mayo las fechas ya están cerradas, los artistas interesados no tienen más que comunicarse con él para asegurarse un lugar.
“Se han hecho un montón de cosas en estos últimos años en los que aparecieron un montón de lugares para tocar, pero siempre falta más, nunca es suficiente. Hoy estamos de nuevo en una suerte de retroceso, pero creo que tiene que ver un poco con la situación económica”, añadió Joselo ante la inevitable merma del público.
Y en esto coincide, Bruno Gaitán, encargado de Dynamo Bar (avenida Uruguay 3530), sitio que nació hace seis años y que hasta hoy dio cobijo y difusión a más de 500 bandas locales.
“El año pasado fue malísimo para cualquier banda porque las más grandes de acá empezaron a meter la cantidad de entradas que hace tres años vendía una banda que se presentaba por primera vez. Una banda grande antes vendían entre 300 y 400 entradas”, comparó Bruno, que decidió agregar la opción de la comida en su local para así recaudar más dinero.
“Puede haber muchos motivos, por un lado por la crisis y que la gente no tiene plata, no gasta en arte; después el local también puede ser que pase de moda y es muy jodido mantenerse siempre por muchos años. También lo que sucede es que hay más bares, cuando se abrió Dynamo había dos o tres nada más”, determinó el hombre, que sostiene que actualmente se trata más de una cuestión de pasión por sobre la de ganar dinero, porque, según le consta, lo que las bandas sacan en cada recital les sirve sólo para cubrir los costos.
Por otra parte, La Bionda (avenida Mitre 2470), autodenominada El Templo del Rock, es un espacio ícono de la ciudad que desde 2012 es una plaza asegurada para la música local y además por su escenario pasaron grupos como La Mississippi, Las Manos de Filippi y Boom Boom Kid, por nombrar algunos.
“Las primeras dos bandas que tuvimos fueron metaleras. Encima éramos los únicos, porque cuando cerró La Mexicana al poco tiempo abrimos nosotros y se le dio lugar al metal, que no tenía espacio en esa época”, recordó Roque Mina, encargado de La Bionda.
Si bien los recitales se desarrollan los viernes y sábados, entre semana las bandas tienen el espacio para ensayar a 120 pesos por dos horas y es abierto al público. “Si vas a una sala, sale mucho más y el sonido se lo damos gratis para que las bandas se copen y armen los eventos”. dijo.
Al igual que sus pares, Roque atribuye la baja convocatoria a la crisis económica: “Si tenés una banda tributo a Los Redondos, capaz que metés 200 personas y con la situación que estamos pasando ahora, la gente viene o viernes o sábado, está medio difícil que venga los dos días, pero la vamos luchando”.
Dentro de lo que es la escena más alternativa se encuentra Fuego Producciones, que la llevan adelante los jóvenes Nahuel Castro, Ramón Camargo y Nicolás Peña, que además son músicos.
Los chicos, que no pasan de los 23 años, se pusieron al hombro la tarea de organizar recitales en el que se mezclaban los grupos locales de indie y rock con bandas invitadas de otras provincias.
“Posadas es lo más cuesta arriba que uno se pueda imaginar si se quiere hacer música. Nosotros decidimos hacer algo un poco más profesional, por lo menos estéticamente, y tuvimos que alquilar un local que no está preparado para un recital, tuvimos que comprar nosotros todo lo que se iba a consumir, alquilar sonido, escenario”, contó Nahuel y agregó por más que la convocatoria a esos ciclos haya sido optimistas de todas maneras no les era redituable y “era una máquina de perder plata”.
Nahuel, que toca en las bandas Flote y Terra y además formó parte de La Otra Cara de la Nada, percibe que en la ciudad las salas o espacios no están preparados para recibir a ciertas bandas. “Es algo que debato siempre con mis amigos, vos armás un proyecto con un determinado sonido, si quiero tener una banda con batería y todo no lo puedo llevar a un bar, porque por lo general se prestan para acústicos. Si tenés una banda es difícil y siempre lo fue, por eso se hicieron recitales en casas; así surge el Patio Sonoro, porque los chicos se las fueron ingeniando”, contó.
Este es a grandes rasgos el panorama de los lugares para tocar en Posadas, pero en las páginas que continúan también se podrá conocer lo que sucede en otras localidades misioneras. Asimismo, tomarán la palabra músicos de distintos géneros que hablan de su situación, así como las chicas de Terror Manija y la voz de un experimentado como lo es Javier Wurm, ex integrante de Ediktos Juveniles, que hizo de las suyas por durante los 90 y los 2000, que compara el pasado con el presente.

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