La música como bastión de lucha por la equidad

Viernes 4 de octubre de 2019 | 05:00hs.
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

“La experiencia de las mujeres en el espacio público es una experiencia de constreñimiento; sabemos desde niñas los cálculos que hacemos al colocar nuestros cuerpos en las calles. Son tan automáticos que ni siquiera lo vemos conscientes. Ahora,  lo que era un cálculo casi automático para no sufrir incomodidad, hoy se transformó en un cálculo para no morir”, explica la antropóloga Rita Segato. 
Es que, más allá del acoso callejero, sabemos, como mujeres, que siempre tenemos más riesgo. Me pueden asaltar, violar, matar sólo por el hecho de ser mujer. Es un hecho innegable. Y encima, si me pasa algo, la justificación será: ¿por qué iba sola? ¿qué hacía a esa hora, en ese lugar, así vestida? “Es decir, pareciera que las mujeres vivimos en un Estado de sitio, en un Estado de miedo”, aclara Segato. 
Marilina Bertoldi entiende esto como una guerra.
“Las cifras que hay de mujeres muertas en el país requieren que se llame una emergencia. Hay que tomar esto como una pandemia: nos están matando. Esto es una guerra. Nos están excluyendo, nos están silenciando...”, sentenció Bertoldi.
“Trato de ser optimista”, alegó la cantante que llega este fin de semana a Posadas, “pero no puedo evitar tener la necesidad, si se quiere de mi costado más punk, de exigir y enojarme” por la desigualdad. “Ya lo sabemos, todos los saben, ¿por qué no está sucediendo?”, dijo bregando por un cambio. 
Su radicalismo se palpa en todos los aspectos de su vida. Habiendo obtenido el Gardel de Oro este año, se convirtió no sólo en la primera mujer lesbiana del rock en levantar la mayor estatuilla de la música argentina, sino que se puso en boca de todos. Y es esa notoriedad que la artista ahora usa para transmitir su lucha por más equidad. “Es la causa más importante que tuve para hacer lo que hago”, sostuvo en diálogo con este matutino, a quien exigió la entrevistadora fuera fémina.  
“Me encuentro con gente en la calle, en festivales y me dice gracias y es lo mejor que me puede pasar”, graficó y explicó que fue esta misión la que la mantuvo en eje tras cobrar la exposición masiva que nunca deseó tras ganar el Gardel.
En esta línea, se siente con la responsabilidad de hacerse cargo. “Estoy viendo que muchas mujeres, inclusive dentro del feminismo, están en esos lugares y no dan lugar. Estoy muy sola ocupando este espacio, en el ambiente del rock y el indie, y quiero abrirlo y generar una especie de contracultura que siento que soy”, detalló. 
“Mujeres hay, disidencia hay, pero no se le da el espacio. De algún modo  se siente que si yo lo estoy ocupando, ya está: ‘Está una homosexual en el ambiente, ya está, es mujer encima, mejor, tachamos dos cosas’. Y no, para mí hay un exceso de hombres, siempre lo hubo, es hora de que otras personas ocupen esos sitios”, defendió, al resaltar que propuestas como el festival GRL PWR, en Córdoba, son un ejemplo pero siguen teniendo sabor a poco.
“Es un solo caso, con todo lo que genera, es muy admirable lo que están haciendo y ahí también hay involucrados muchos hombres en la producción, mas allá de que la mayoría son mujeres. Se tienen que generar más espacios como estos”, entendió. 
Así, criticó que, si bien hay un avance en las grillas de festivales, muchas veces es solo una pantalla para evitar el peso de la opinión pública pero en definitiva, “en la técnica fina siguen habiendo hombres, en la producción siguen habiendo hombres, quienes se lleven la mejores partes y que terminan bajando línea importante son ellos”. 
“Siempre nos terminan excluyendo de todos lados, nos ponen en un escenario por ahí, cumplen el cupo de onda pero después se juntan en un asadito con todos los pibes de las otras bandas y cuando hay que dar trabajo, espacios, nosotras siempre quedamos excluidas, ni hablar de las disidencias, aún más. Por eso necesitamos identificar los lugares de poder que empaticen con esta problemática, que la entiendan de raíz. Somos la mitad de la población también y no representamos ni ahí ese porcentaje en los lugares importantes”, agregó.
Más allá de ocupar los medios para visibilizar esto, Marilina que llega a Posadas por primera vez y con un show en el que desata toda su energía experimental en voz y varios instrumentos, dice que su vida y su arte están atravesadas con estas problemáticas de discriminación, sobre todo siendo lesbiana en un mundo regido por la ‘normalidad heterosexual’. 
“Es inevitable para mí que mi arte represente y refleje este momento y es inevitable estar en el lugar de poder en el que estoy yo ahora y no hacer algo al respecto”, deslizó.
Lejos de abandonar las banderas y la lucha, profundizó que un ideal donde no existieran etiquetas, no sólo lo ve muy lejano sino irreal. “Eso de no importa cuál es el genero, no importa con qué te identificás, es no importa desde el que no tiene que padecer una sociedad que está así, pero a alguien como yo no le podés decir: ‘No importan las etiquetas’. Sí importan, porque por esas etiquetas te matan, no te dan trabajo, por esas etiquetas te echan de tu casa, tu familia no te habla, no te quiere. Entonces es muy fácil pedir que pasemos a ese paso cuando uno es heterosexual, es hegemónico”, lanzó.
Pidiendo avanzar, sin olvidar, y sustituyendo los espacios de poder para enviar “otros mensajes a las nuevas generaciones”, la música confesó cierta ansiedad por estrenarse en el escenario misionero. “Es muy importante identificarte con alguien en un escenario, a mi me faltó eso”, relató y recordó como referente a María Gabriela Epumer, que “con todo en contra sacó los mejores discos del rock argentino”.
Bancando los trapos cerró: “Quizás es importante que esté en ese lugar bancandome las piñas. Porque me putean como nadie, me cuestionan todo. Pero necesito estar ahí, porque si hay una piba en el público que se siente igual que yo, puede ver que estamos acá”. 

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