La lección eterna que viene sin tutorial

Domingo 21 de junio de 2020 | 00:00hs.
Ser padre se resignifica hoy más que nunca, adaptándose al contexto de pandemia, entendiendo los nuevos paradigmas sociales y dejándose interpelar por los hijos | Foto: Natalia Guerrero
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

No hay herramientas infalibles, una guía que asegure el éxito. Por eso, ser papá, elegir ocupar ese rol en la vida de un niño o niña, va más allá de un simple resultado biológico o administrativo, es una elección que se resignifica a cada paso.
En este marco, la cuarentena una vez más arrojó luces y sombras. Aprendizajes que tanto papás que continuaron trabajando en tareas esenciales (páginas 21 y 23) como quienes tuvieron que transformarse en ejes indispensables del apoyo escolar, emocional y físico en casa tuvieron que asimilar.
“No sabemos ser padres. Es un poco el resultado de lo que hicieron de nosotros y de agregarle lo nuestro, la actualidad”, comienza explicando Nicolás Mazal (35), psicólogo, papá de un nene de dos años y de un bebé nacido en pleno aislamiento social.
Enfocado en la visión psicoanalítica lacaniana de este rol, Mazal destacó cómo los cambios sociales también influyeron en las formas de ser y entender al padre.
“Creo que con la llegada fuerte del movimiento feminista hay un cambio social que viene desde hace años. Pero con esa irrupción hubo un decaimiento paternalista, no del padre únicamente sino de aquel discurso patriarcal”, desliza Mazal.
Ya desde la visión lacaniana se entiende que el padre no es simplemente quien trabaja y provee al hogar, sino que el rol está dado desde un discurso y ese lugar puede ser ocupado por cualquier persona, independientemente de la biología o su identidad de género.
Así, la figura del padre no es algo rígido sino que “va moldeándose diferente a la época que le toca”, según ilumina Mazal.
Por ese motivo, es evidente que al cambiar el modelo socioeconómico y la realidad de que en una familia tradicional ambos progenitores trabajen, no es de extrañar que los papeles se fueran transformando y las responsabilidades equiparando.
Tal como refleja un estudio reciente del Cippec, los hogares donde ambos progenitores tienen el soporte económico se incrementaron de 23% al 40% en el período de 1986 a 2019. Del mismo modo, aclara que los hogares en donde sólo el varón aporta a la economía del hogar cayeron de un 52% a un 22% en ese mismo corte temporal.
Así, las tareas de crianza están divididas, y tal como expone Mazal, “el papá ocupa de manera positiva un nuevo lugar para el chico, que puede ser mucho más adaptable de lo que era hace 30, 40 años”.
En la misma línea, no sólo el deber ser, sino el querer compartir más con los hijos se posiciona como un deseo incuestionable de los papás modernos.
“Las nuevas formas de pensar traen un rompimiento ideológico de mucho tiempo tan patriarcal. Si el papá ve que trabaja 10 horas y no ve a sus hijos, algo no le cierra. Ese ‘no cierra’ da el reflejo del rompimiento de la sociedad misma”, grafica Mazal al tiempo que recuerda que si bien los prejuicios hoy están dejándose de lado, muchas veces cuesta deconstruirse. “No pasa nada si cambio pañales, si llevo al chico al pediatra, si le tengo que dar la mamadera al bebé para que deje de llorar, si está muy pegado a mí...no se es menos hombre, aunque se suele tener este esquema de pensamiento todavía”, ejemplifica.
Más allá de las múltiples significaciones que tiene ser papá hoy, “el niño/a mismo es quien te resignifica. Imaginate hoy el adolescente discutiendo con el padre”, se pregunta Mazal.
Nicolás Mazal. Psicólogo y papá

El niño mismo te resignifica. Las herramientas no las adquirís en ningún lugar, el mismo niño o niña te va poniendo a prueba” Nicolás Mazal Psicólogo y papá

Y ante tanta información y cambios de paradigma, “está en el lugar del padre dejar interiorizarse en eso, y no pensar que es menos hombre y la madre también quizás menos mujer porque no tengo mucha idea o no estoy muy de acuerdo en que mi hija use un pañuelo verde” lanza el psicólogo al alentar el diálogo y estar atentos a los interrogantes de los hijos.

Aislados pero juntos
Aunque la cuarentena es un fenómeno inaudito para todo el mundo, cada familia lo vive de manera diferente. Nicolás, posadeño, vivía en Buenos Aires con su pareja embarazada y su pequeño hijo. Tenían pensado mudar su vida a Posadas una vez nacido el segundo niño, a mediados de julio, agosto. Pero el aislamiento obligatorio los encontró en la capital misionera en marzo, por lo que debieron reacomodar sus prioridades y encontrar soluciones locales. Su mudanza se anticipó y el parto cambió de sede.
Miedos, angustias, nuevas formas se sucedieron en todos los hogares en este tiempo y como psicólogo, Mazal destaca que si bien la situación es totalmente atípica, un padre siempre se angustia “ante lo que no sabe hacer o lo que no tenía pensado”. Reflexiona entonces que en plena cuarentena hubo situaciones que quizás para muchos eran ajenas o desconocidas y debieron hacerse hábitos. “Hay que hacer la tarea y antes no la hacía, o tengo que hacer tal cosa para que mi hijo se duerma. Genera esa angustia de cómo hago para… Por eso, las herramientas no las adquirís en ningún lugar, el mismo niño o niña te va poniendo a prueba”, estima Mazal inspirando al constante aprendizaje.
Entenderlo como esa oportunidad resultará en una formación de vida y toda una aventura también para el progenitor.
“Ser padres es un desafío, una experiencia que modifica día a día. Él es el motor que nos impulsa a ser mejores personas, a convertirnos en ese ejemplo a seguir”, resumieron Julieta Amarilla y Carlos Ferreyra, policías papás de Romeo.

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