La historia de Mateo

Domingo 31 de mayo de 2020 | 09:30hs.

Mónica Analía Ortiz  
Escritor

Lo cierto es que Mateo era nada más que un cachorro, uno más, que deambulaba en busca de comida y abrigo luego de ser abandonado por la familia que eligió a su madre y a él no. No tenía pedigrí, era un perro cruza calle.
Tenía más pulgas y garrapatas que pelos, su nariz larga le daba un aspecto grotesco. Era feo. Sin vueltas.
El bullicio del lugar que transitaba le llamó la atención, también el sonido de un paquete de galletitas abriéndose, tenía miedo, pero su pancita chillaba de hambre, así que se acercó, despacito… al ver ese par de ojitos dulces Mariana decidió convidarle su galletita, algo raras, sin gluten, pero bueno…era lo que había. A los tres minutos le rascó una orejita, y luego lo cargó en sus brazos. 
Se comió unas cuantas galletitas y durmió calentito en el buzo de la chica. Era hora de irse a Mariana le dio pena dejarlo, así que lo llevó a su casa. Luego de bañarlo, sacarle las garrapatas juntaron sus pocos pesitos de estudiantes y lo llevaron (ella y Josué) al veterinario, y qué creen… le pusieron unas vacunas, le dieron unas gotas horribles y le pusieron un nombre… Mateo. Le colocaron un collar bonito, un ponchito abrigado y Mateo ahora tenía familia.
Lo sacaban a pasear todos los días, él se exhibía todo chusco con su ponchito celeste y sobre todo con sus nuevos humanos que le daban besotes y le decían que era bonito.
Pero Mateo era travieso, para él todo era jugar y morder,  así fue como rompió dos pelotas, el cargador del teléfono, se comió la carne para cocinar de toda una semana, un maple de huevo y la carpeta de práctica de Mariana. 
 Mateo necesitaba atención constante, algo que, con los horarios de cursado, horas de estudio los chicos no podían darle. Así fue como el cachorro viajó desde Itá Ibaté y vino a la casa de la familia de Mariana en Liebig. La familia se hizo grandota, tenía otros perritos para jugar, podía salir a pasear solito y volver. Con el tiempo Mateo se puso hermoso, ahora es un rubio pelilargo, mimado e inteligente. 
Nos preparamos para la navidad, lo cierto es que vamos por el intento número dos de armado del arbolito, ya rompió dos o tres adornos, arrastró el arbolito con luces y todo, veremos si la tercera es la vencida ya que las cartas para el obeso señor de traje rojo están listas desde hace unos días… pero no importa, es la primera navidad de Mateo con su familia, que lo ama a pesar de todo y sus travesuras. Porque tener una mascota implica responsabilidad a pesar de las adversidades,  sobre todo cariño y a este sinvergüenza trotamundos se lo adora. Mónica Analía Ortiz integra el Grupo de Escritores de Apóstoles

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