La herida sigue abierta

Domingo 15 de septiembre de 2019 | 01:00hs.
La mañana del 11 de septiembre de 2001 cambió la historia del mundo. Aunque quizá pocos se dieron cuenta en ese momento, desde las 8.46 de aquel día casi nada volvería a ser igual.
Casi 3.000 personas murieron en lo que en Estados Unidos se considera el “mayor ataque terrorista” de su historia. Y a las muertes de ese septiembre le siguieron cientos más con el paso de los años (ver Las muertes...). Así también le siguieron ataques y contraataques derivados de ese golpe al corazón financiero de Estados Unidos y a su centro militar en el Pentágono. Sin embargo, cerca de dos décadas después de aquellos atentados, todavía nadie ha sido juzgado. 
Osama Bin Laden, el esquivo líder de Al Qaeda, murió en mayo de 2011 en una operación secreta en Pakistán. Y al cumplirse, días atrás, el 18º aniversario de los ataques, a finales de agosto, un juez finalmente puso fecha para lo que ya llaman el “juicio del siglo”. Así después de muchos años de dilaciones, el coronel Shane Cohen, a cargo del caso, anunció el pasado 30 de agosto que el 11 de enero de 2021 comenzará el juicio contra Khalid Shaikh Mohammed, el cerebro de la operación, y sus cuatro cómplices principales: Walid Bin Attash, Ramzi Bin al Shibh, Ammar al Baluchi y Mustafa al Hawsawi. Los acusados permanecen encarcelados en Guantánamo.  No obstante, la fecha -el 11 de enero de 2021- es tentativa y muchos expertos dudan que tenga lugar.  
Los cinco detenidos fueron acusados formalmente en 2012 de conspiración, ataque a civiles, asesinato, secuestro de aviones y terrorismo. Pero el trámite se fue demorando por las complejidades que tiene un sistema judicial que combina elementos militares y civiles, y que fue creado después del 11-S. 
Los abogados de los acusados impugnan el procedimiento porque cuestionan la legalidad de las confesiones obtenidas en interrogatorios realizados por la CIA en prisiones secretas. El juicio proyecta realizarse en una sala especial. 
Quienes estén en Guantánamo podrán seguirlo a través de una transmisión en vivo, con un delay de 40 segundos, para evitar la difusión de información clasificada. Los familiares de las víctimas también podrán verlo desde bases militares en Nueva York, Massachusetts y Maryland.

Tensión entre países
El 29 de julio pasado, Khalid Shaikh Mohammed, el cerebro detrás de los atentados terroristas del 11-S, aseguró estar dispuesto a prestar ayuda a los familiares de las víctimas en su demanda contra Arabia Saudita si la Justicia estadounidense se compromete a no buscar la pena de muerte en su contra.
La oferta de Khalid Sheikh Mohammed, acusado de ser el ideólogo de los ataques, fue revelada en una carta ante la Corte Federal de Distrito de Manhattan, que presentaron los abogados de los individuos y empresas que buscan miles de millones de dólares por daños ocurridos durante los ataques. 
El gobierno de Arabia Saudita ha negado siempre cualquier vinculación con el atentado en el que un comando de 19 terroristas de Al Qaeda secuestró aviones comerciales para hacerlos estrellar contra las Torres Gemelas en el World Trade Center,  contra el Pentágono, en las afueras de Washington DC y en un campo en Pensilvania.
La principal base para la conexión hecha entre los ataques terroristas y Arabia Saudita radica en el hecho de que 15 de los 19 secuestradores eran nacionales de este país. Además, el entonces líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, quien ordenó el ataque, era también de nacionalidad saudita y proveniente de una prominente familia.
Tal situación ha generado numerosas sospechas sobre posibles vínculos entre miembros de Al Qaeda y diferentes funcionarios en el gobierno saudita, situación que el reino ha negado consistentemente, pero, al mismo tiempo, ha impedido investigar.
Ataques de EE.UU.
En el aniversario del 11-S, el presidente Donald Trump prometió golpear “más duro” que nunca a los talibanes cuando Estados Unidos rememora los atentados terroristas que llevaron al país a la guerra en Afganistán.
Las palabras de Trump llegan apenas días después de su cancelación de una cumbre con los talibanes que hubiera sido histórica, y mientras los familiares de las casi 3.000 víctimas de los atentados en Nueva York, Washington y Pensilvania, los más sangrientos de la historia del país, recuerdan a sus seres queridos.
“En los últimos cuatro días hemos golpeado a nuestro enemigo más fuerte que nunca antes, y eso continuará”, dijo Trump.
El mandatario no dio detalles sobre la ofensiva, pero precisó que fue decretada luego de que canceló conversaciones de paz secretas con los talibanes que debían tener lugar el fin de semana pasado en Camp David, a causa de un ataque con bomba que mató a un soldado estadounidense la semana pasada en Afganistán.
Las beligerantes declaraciones tienen lugar en momentos en que Al Qaeda, que llevó a cabo los ataques, difundió un video llamando a atentados contra intereses de Estados Unidos, Europa, Rusia e Israel. 

Las muertes por cenizas y la depresión

Jaquelin Febrillet tenía 26 años y trabajaba a dos cuadras de las Torres Gemelas cuando los aviones secuestrados por los jihadistas las derribaron el 11 de septiembre de 2001. En 2016, 15 años después de los atentados más sangrientos de la historia, esta sindicalista profesional, hoy madre de tres hijos, fue diagnosticada con un cáncer metastásico. La única explicación lógica: la nube de cenizas y desechos tóxicos en la cual se encontró inmersa el día de la catástrofe. Más allá de los cerca de 3.000 fallecidos (y más de 6.000 heridos) en el derrumbe del World Trade Center, Nueva York no ha terminado de determinar cuántas personas terminaron con cáncer y otros males graves, sobre todo de pulmón, debido a la nube tóxica que planeó durante semanas sobre el sur de la isla. El 11-S murieron 343 bomberos neoyorquinos. Desde entonces, otros 200 han fallecido de enfermedades relacionadas con las labores de rescate en el área donde se produjeron los ataques en Nueva York. La lista de males que padecen estos veteranos es larga: tos crónica, dificultades respiratorias, congestión, daños hepáticos, cáncer, depresión, trastornos relacionados con el estrés y consumo excesivo del alcohol, entre otros.

Trump confirmó la muerte del hijo de Osama Bin Laden

Hamza Bin Laden tenía 30 años.
Hamza Bin Laden, el hijo de Osama, el fallecido líder de Al Qaeda, fue muerto en una operación militar estadounidense en una región entre Afganistán y Pakistán.
La noticia se conoció ayer mediante de un comunicado firmado por Trump en el que no se dieron demasiados detalles sobre cómo y cuándo fue muerto Hamza Bin Laden, que se había convertido en una de las figuras más prominentes de la red.
La declaración, de tres párrafos, señaló que la muerte de Bin Laden “no sólo priva a Al Qaeda de sus importantes habilidades de liderazgo y la conexión simbólica con su padre”, sino que además socava “importantes actividades operativas del grupo”.
Agregó que el hijo de Osama “fue responsable de planificar y tratar varios grupos terroristas”.
Varios funcionarios estadounidenses citados por la cadena de noticias CNN sospechaban que Hamza estaba muerto, basándose en informes de inteligencia que señalaban que no se tenían noticias de él.
Hamza, quien era visto como el heredero del liderazgo de Al Qaeda, fue elogiado en 2015 por el líder del grupo, Ayman al-Zawahri, en un video difundido en redes yihadistas: “Es el león de la guarida de Al Qaeda”.
En febrero, el Departamento de Estado ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura del hombre de 30 años que en enero de 2017 fue nombrado “terrorista global especialmente designado”.
Hamza publicó mensajes de audio y video en los que llamaba a cometer ataques contra Estados Unidos y para conmemorar un aniversario del 11 de septiembre, Al Qaeda usó una foto de él en su infancia superpuesta a una foto de las Torres Gemelas.
Un video publicado en 2017 por la CIA, que fue incautado durante la redada en la que mataron a Osama Bin Laden, muestra a Hamza en su casamiento, las primeras imágenes del heredero adulto.
Se cree que nació en 1989, el año de la retirada soviética de Afganistán, donde su padre se hizo popular entre los combatientes muyahidines.
En marzo pasado, el gobierno saudita anunció que había revocado la ciudadanía de Hamza -algo que ya había hecho con Osama en 1994-, aunque no está claro dónde estaba el joven cuando realizaron esta acción.
Hamza empezó a aparecer en videos y mensajes como vocero de Al Qaeda en 2015.
Hamza tenía 12 años cuando vio por última vez a su padre, ya que el ex líder de Al Qaeda escapó de Afganistán hacia Pakistán después de los ataques del 11 de septiembre, cuando Estados Unidos invadió Irak para derrocar a los talibanes, aliados de la red extremista.
Hamza y su madre siguieron a otros miembros de Al Qaeda hasta Pakistán y luego a Irán, donde otros miembros del grupo los escondieron, según se desprende del análisis de documentos incautados por la inteligencia de Estados Unidos. Luego, los miembros de Al Qaeda fueron puestos bajo custodia por Irán y durante ese tiempo, Hamza se casó. Su madre se fue a Abbottabad, donde se reunió con Osama en su escondite hasta que el 2 de mayo de 2011 un grupo militar de élite de Estados Unidos allanó el lugar y mató al líder de Al Qaeda y a su hijo Khalid, entre otros. 

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