La desinformación no vuelca la balanza, pero genera ruido en el debate público

Sábado 25 de mayo de 2019
Damián Cunale

Por Damián Cunale dcunale@elterritorio.com.ar

La rapidez con la que hoy se pueden propagar noticias en las redes sociales no tiene precedente en la historia de la humanidad.
 En apenas segundos, un ciudadano de Santa Cruz puede enterarse de la convocatoria a elecciones en Misiones, incluso antes de que muchos misioneros lo sepan. Pero con la misma velocidad con la que se informa, también puede llegarle un mensaje construido con el objetivo de desinformarlo. 
Noticias falsas, fake news, o simplemente desinformación, es la denominación que llevan estos mensajes que, construidos en formato de noticia, contienen información que directamente es falsa o que está manipulada con el objetivo de desinformar. 
Este tipo de mensajes se propaga constantemente a través de las redes sociales o de las aplicaciones de mensajería abarcando diferentes temáticas, pero en épocas electorales, las cuestiones políticas -y más que nada las relacionadas con la actividad de los candidatos o figuras políticas- se multiplican. La magnitud de su alcance, además, aumenta si detrás de la intención de propagarlo hay una inversión que apunta a ello.
Mario Riorda, consultor reconocido en materia de comunicación política, indica que “la penetración de la noticia falsa, como alcance, es alta porque tan sólo que tengan publicidad atrás expande y amplifica el alcance”. Y remarca que “todos estamos sometidos a un bombardeo comunicacional, pagado o no. Pero nada tiene que ver el alcance con la tasa de efectividad. Estudios demuestran que la tasa de efectividad puede ser del uno por ciento o menor”. 
Es por esta relación entre alcance y porcentaje de efectividad que decimos que si bien no pueden volcar la balanza electoral, sí pueden generar el ruido suficiente como para dispersar el debate público.
Trabajar para desarmar las campañas de desinformación y buscar que el debate público tenga una mejor calidad es el objetivo que se plantean más de 85 medios de prensa de todo el país, que junto a Chequeado.com, AFP Factual, First Draft y Pop Up Newsroom, lanzarán en los próximos días el proyecto Reverso.
Los medios de prensa que abordan las noticias de forma profesional son la garantía del usuario para estar bien informado. La unión de 85 de ellos para enfrentar este problema que genera ruidos en el debate público no tiene precedentes en nuestro país.

No se vuelca la balanza
“Que haya mucha desinformación a favor de un candidato u otro no significa que eso decida la elección. Porque no hay pruebas de que la gente decide su voto basada en información. Eso tiene que ver con un montón de otros factores”, explica Laura Zommer, responsable de Chequeado.com, un sitio que se dedica desde hace varios años a chequear el discurso público de las autoridades y desde el 2014 se abocó al desarme de desinformaciones que circulan en las redes sociales.
Ella explica que “en Brasil, sin dudas hubo muchísima desinformación en la última elección y, por lo que muestran los estudios, tendía más a ayudar a Bolsonaro, pero nadie puede decir con evidencias que haya volcado el resultado”. 
Tampoco hay estudios que demuestren que en épocas electorales crece la circulación de desinformación, pero sí se sabe que lo que aumenta es la atención de los ciudadanos en los temas de la política, por lo que los materiales de la temática toman más relevancia, y circulación.
“Le prestamos más atención en elecciones, pero no quiere decir que haya más. Lo que pasa es que también hay más gente atenta porque nuestro ojo y oído están más atentos a esos temas”, explica Zommer.

Polarización y desinformación
Las sociedades altamente polarizadas, como sucede con la argentina desde hace algunos años, son más vulnerables a la intervención de las desinformaciones en el debate público. 
Al respecto, Zommer indica que “la experiencia internacional muestra que a mayor polarización de una elección, más chances hay de que la desinformación juegue un rol más preponderante, porque una de las características es que se viraliza porque los usuarios lo comparten, a veces sin advertir que se trata de una falsedad. Porque lo que funciona es su propio sesgo, o deseo, de que las cosas sean como se las están diciendo en la desinformación”.
En líneas similares se manifiesta Riorda, quien les otorga un rol importante a las creencias previas de la gente. 
“La circulación se da dentro de núcleos o espectros afines o con núcleos de intereses comunes”, afirma. 
Y agrega que “es recurrente ver dos tipos de cosas que suceden. Entre el 60 por ciento y 70 por ciento de la gente duda de lo que ve en las redes, pero si eso que ve le confirma una creencia previa, lo que hace es compartir el contenido para solidificar esa creencia anterior. Este es un modo de expansión de la falsedad”. 
Y en cuando al sesgo o a las creencias previas, llevan años arraigados y si a ello se suma el desconocimiento de cómo funcionan las redes sociales, la situación se complejiza. 
Riorda explica que “donde hay más vulnerabilidad es el segmento de los adultos mayores. Un estudio de Reuters y la Universidad de Oxford dio cuenta de que el adulto mayor tiene tendencia a compartir más notas falsas que los jóvenes porque le atribuye credibilidad a Facebook, porque cree que esta red está moderada por periodistas y desconoce que es una plataforma de múltiples anónimos con poco nivel de control o moderación”. 

Usina de falsedades
La desinformación se gesta desde diferentes sectores. En algunas ocasiones, porque alguien, sin el conocimiento suficiente sobre un tema y en el afán de informar, da a conocer hechos que finalmente no reflejan la realidad. Y en otras ocasiones, porque lo que se quiere es mostrar una realidad falsa o inventada para distraer el debate.  
Estas últimas se propagan a través de internet, ya sea por redes sociales o través de portales creados de forma exclusiva para ellos
“Hay una escala industrial de producción de falsedades, que sucede por dos vías: o por redes sociales, donde personalidades políticas famosas, que no tienen verificador de discurso, reparten información que sus fieles seguidores no se preocupan en corroborar; o también por portales falsos creados por partidos y periodismo mercenario que trafica con este tipo de información, con páginas que tienen detrás inversión publicitaria para diseminar rumores falsedades o desvirtuaciones”, explica Riorda.
Además, destaca otro nivel de falsedades en el mundo de la comunicación política. “Sólo el 25 por ciento del discurso político es verdadero. Sólo uno de cada cuatro proposiciones de campaña es sostenible en datos. Ahí hay un primer nivel de noticias falsas”, sostiene.

Formar para informar
Con este panorama, y en vísperas de las elecciones nacionales que se acercan en la Argentina, es que se creó Reverso, un consorcio de 80 medios que se propone como objetivo, por un lado desarmar las campañas de desinformación que busquen desviar el debate público electoral y por otro aportar a la formación del público con el objetivo de que ellos mismos puedan frenar la circulación de las desinformaciones.
“Reverso nace para lograr el compromiso de los medios a informar mejor. Y porque creemos que el votante tiene que saber más de este fenómeno, estar más educado en cuál es su rol para al menos hacer que la desinformación no crezca”, explicó Laura Zommer, responsable de Chequeado.com.
 Y agrega: “Nos motiva más que desmentir, que haya más gente sabiendo que esto es un problema. Que la gente común sepa más es algo que puede dejar este proyecto”.
Reverso comenzará a publicar sus contenidos, orientados a desmentir las desinformaciones, a partir del 11 de junio y lo hará hasta el 10 de diciembre. 
Y se centrará solamente en informaciones virales de contenido falso o engañoso, no analizará la veracidad de los discursos de los candidatos. 
Si bien Reverso tendrá su propio sitio web y cuentas en redes sociales, la web de El Territorio, sus cuentas en redes sociales y las páginas del impreso serán también un medio para dar a conocer sus contenidos. 
Porque El Territorio, desde sus inicios, tomó el compromiso de aportar al debate público y democrático contenidos veraces que sirvan de base para que la sociedad misionera tome las decisiones políticas que considere las mejores para su presente y futuro. 

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