Joven padece un tumor cerebral y su pareja la hirió de gravedad

Viernes 10 de enero de 2020 | 07:55hs.
Rastros de los golpes a la joven.
Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

Fueron años de maltrato físico y psicológico que dejaron secuelas en la salud de la víctima. El pasado 30 de diciembre, una joven de 23 años denunció que su pareja la golpeó de manera brutal, al punto que se desmayó y estuvo inconsciente durante varios minutos. 
La damnificada padece un tumor cerebral y al momento de ser agredida sufrió convulsiones, aunque el sujeto continuó golpeándola y hasta se habría negado a darle su medicación, tal como denunció el día del hecho ante la Comisaría de la Mujer de Oberá. 
La joven es madre de un pequeño de 3 años, hijo del agresor, quien permanece detenido bajo los cargos de lesiones y amenazas agravadas por el vínculo.
El sujeto fue identificado como Braian Alexander D. S. (25) y posee antecedentes de violencia de género en perjuicio de la misma víctima, quien ya lo había denunciado en mayo del año pasado, hecho por el que permaneció apenas cinco días tras las rejas. 
En este contexto, la víctima se mostró muy atemorizada ante la posibilidad de que el violento recupere la libertad, vuelva a someterla y cumpla su amenaza de hacerle daño por haberlo denunciado. 
“Ella está aterrorizada porque sabe de lo que es capaz esa persona. Por el tumor, ella tiene un catéter en la cabeza y sufre ataques epilépticos. Contó que cuando la golpeaba sintió que le empezaba a dar un ataque, le pidió las pastillas y él le respondió que no le iba a dar y que era mejor que se muera. Ese es el nivel de violencia al que estuvo expuesta”, confió un allegado.
Incluso, la joven afirmó que se desmayó por los golpes y al despertar constató que el agresor se había acostado a dormir con su hijo, graficando la impunidad y el desprecio por la vida con que actuó. 

El horror 
La pareja convivió durante cuatro años y tuvieron un hijo. Casi en simultáneo la mujer fue diagnosticada con un tumor cerebral, lo que generó mayor dependencia de su concubino. 
“Por su condición no le dan trabajo, entonces el tipo sabía que dependía económicamente de él. Ahora ella contó que siempre la golpeaba, pero el agresor la hacía creer que la culpa era de ella y que tenía que aguantar cualquier cosa por el hijo”, indicaron.
Para graficar la personalidad posesiva del sujeto, mencionaron disponía de las contraseñas de su pareja en las redes sociales y le controlaba el WhatsApp a través de una aplicación en su celular. 
Al respecto, en sede policial la víctima detalló que no le permitía salir de la casa ni tener amigos ni hablar con familiares. Incluso, el agresor se hacía pasar por ella en las redes sociales. 
“La primera denuncia fue el 27 de mayo pasado. La golpeó, ella lo denunció y le pusieron una perimetral, pero ella se fue de la casa con su hijo por miedo y para estar más tranquila. El tipo estuvo preso sólo cinco días, luego se acercó y prometió que iba a cambiar. Estaba más tranquilo y ella lo perdonó”, señalaron desde su entorno.
La armonía duró poco y retornó la violencia, los golpes y amenazas. Al mismo tiempo el sujeto mantenía una relación con otra mujer, circunstancia que derivó en la agresión del 30 de diciembre. 
“La nueva novia se enteró de que estaba con las dos y lo echó. Él se enojó y fue a la casa (de la víctima) pensando que ella le contó. Dice que le pegó tanto que se desmayó. Cuando se despertó, entró a la habitación y vio que dormía con su hijo. Aterrorizada de que se despierte, agarró su celular y salió para llamar a la Policía”, explicaron. 
Además de las secuelas de la violencia, la mujer reconoció su temor ante posibles represalias del violento, quien si bien continúa detenido, en los próximos días sería excarcelado. 

Secuelas y temor

Fueron tantos años de golpes y amenazas que la víctima ni siquiera quiere salir a la calle por temor a encontrarse con el agresor, confiaron desde su entorno. Si bien el sujeto continúa tras las rejas y la Justicia ordenó una prohibición de acercamiento e instalaron el botón antipánico en el teléfono de la joven, no se siente segura y optó por encerrarse. Esta circunstancia complica su asistencia a los controles médicos que debe realizar por el tumor que padece, ante lo cual requiere la asistencia e insistencia de sus allegados. “Tiene un catéter en la cabeza y tuvieron que hacerle estudios para ver si no se movió, lo que todavía no se pudo establecer. Es una situación muy grave. La pudo haber matado por los golpes que le dio o por el ataque de epilepsia que tuvo después y no la asistió viendo lo que sucedía. Este caso no puede quedar como una agresión común, además por los antecedentes que tiene el acusado”, opinó una fuente del caso.

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