Informe de Domingo: Amores que derriban barreras

Domingo 11 de agosto de 2019 | 06:30hs.
Ocho no son multitud y disfrutan desde salir juntos hasta de una noche de series y comida en el living.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólitosociedad@elterritorio.com.ar

Las relaciones humanas son siempre complicadas, no así el amor. Después de terminar un matrimonio de muchos años y con hijos de por medio, es lógico y entendible que las personas no crean posible volver a enamorarse o apostar a otra pareja. Pero como el destino a veces hace de las suyas y cruza a seres desconocidos, es probable que una nueva historia con final feliz empiece a escribirse.
Y los protagonistas de ésta son Rocío Cáceres (42) y Silvio Leguía (48), que reflejan el título del popular filme Los míos, los tuyos y los nuestros. Es que para cuando ambos se enamoraron, seis años atrás, ella ya tenía a Valentina (17), Morena (15) y Jerónimo (12); y él a Valentina (20) y a Bautista (15), fruto de sus matrimonios anteriores. Juntos, en tanto, tuvieron a Isabella (4).
Si bien en su época de juventud los dos vivieron en la misma ciudad y hasta coincidieron en la misma escuela, nunca se habían cruzado ni conocido personalmente. Silvio vivió 20 años en Buenos Aires y luego se mudó con su familia a Mendoza; allí fue que se separó. Fue Facebook en cierta forma el puente para que pudieran conocerse.
“Me llega un mensaje de Messenger de Facebook. Él había visto una foto mía de una página que se llama ‘Grandes atletas de Misiones’, porque en mi época de adolescente era nadadora y habían publicado una nota re linda. Los dos ya estábamos separados y él me dijo que algún día si venía a Posadas nos podemos ver”, cuenta Rocío, que afirma que ella lo encaró diciéndole: “Vos no me conocés pero yo sí sé quién sos porque vos eras uno de los galanes de los 90”. Es así que un fin de semana largo de 2013 Silvio llegó a Posadas a visitar a sus amigos y se concretó la cita de la que habían hablado en la red social.
“Salimos el 22 de julio de 2013 y ahí enloquecimos. Era como si nos conociéramos de toda la vida. Nos volamos la cabeza, nos dejamos llevar pero ella vivía acá y yo en Mendoza, era una cosa difícil”, dice Silvio, que recuerda la fecha exacta del primer encuentro.
La pareja mantuvo su noviazgo a la distancia durante seis meses viéndose cada quince días. Él trabajaba para una bodega de vinos de propiedad chilena y querían que se fuera a vivir para allá, aunque también estaba la posibilidad de que Rocío y sus tres hijos se establecieran en Mendoza con él.
“En determinado momento mi ex mujer me dice que había conseguido trabajo en Posadas y que se volvía con mis hijos, entonces pensé en largar todo e irme. Me vine para acá pero sin un plan, sin laburo, con la tranquilidad de que si no funciona, me voy. Lo fundamental de esta historia es que los dos estábamos muy seguros, eso es lo que hace que todo lo demás se acomode fácil”, rememora él.
El 21 de diciembre, como tributo y homenaje a su amor, pasarán por el altar en una ceremonia íntima en la que estarán sus familiares y amigos más cercanos. Ambos aseguran que esta armonía que consiguieron entre los dos y con sus hijos en la convivencia se debe a dos cosas: el respeto y el buen trato.
“Los dos venimos de historias anteriores como todo el mundo; si uno va haciendo las cosas más o menos bien, va aprendiendo. Creo que nos encontramos en un momento justo, ideal de la vida, donde ya habíamos vivido lo que teníamos que vivir, habíamos cometido los errores que teníamos que cometer, también nos hicieron sufrir lo que teníamos que haber sufrido; entonces ya sabíamos lo que queríamos de una pareja”, sostiene Silvio.
Contarles a sus hijos que tenían una nueva pareja no fue un problema porque los cinco se lo tomaron muy bien y tienen buena relación. “El punto fue cuando tuvimos que contarles que estaba embarazada de Isabella. Quisimos que estén todos juntos, hubo diferentes reacciones pero ninguno se puso a llorar. Me fue creciendo la panza, ellos no se daban cuenta pero cuando la vieron a la hermanita en el sanatorio, se fueron amigando con ella”, cuentan. Aunque ya pasaron seis años y la vida diaria se comparte con los seis hijos, Rocío y Silvio siguen construyendo su vida de novios con viajes, salidas a cenar y al cine. Las formas de amar Cuando la fuerza de voluntad y el amor pueden más que los problemas Cuando Facebook hace el papel de Cupido Un proyecto que suma años de aprendizaje y afecto La fortuna de encontrar Relaciones de pareja: dejar atrás esquemas y etiquetas

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