Ilusiones renovadas con la llegada de los Reyes Magos

Domingo 6 de enero de 2019 | 05:00hs.
Primero fueron Acción Solidaria pero ahora se los conoce como el grupo Ayudar Fortalece el Alma. La incansable siembra de ayudas, exponiéndose al sol, a los vientos, a los bichos e inclemencias temporales, fue consolidando la amistad interna y su inversión de tiempo y trabajo -también de bolsillo- fue tomando impulso de quehacer humanitario. Papá Noel, noche de Reyes, Pascuas, Día del Niño son apenas pretextos para juntarse y escaparse por callecitas descuidadas de barrios humildes o en las profundas picadas rurales. Llevando golosinas, juguetes, ropa recuperada, provisiones, medicamentos. Sus destinatarios son múltiples y diferentes: abuelos abandonados, familias numerosas, chicos de hogares humildes, enfermos sin auxilio. Tantas veces regresan a sus casas cuando las altas estrellas se deslizan por los cerros boscosos mientras en sus rostros hay frías gotas de rocío.

En la reciente Navidad y por estas horas de reyes mágicos, Silvia Marlene Acosta -Vivi en su entorno- es una de las referentes del cada vez más numeroso grupo Ayudar Fortalece el Alma, con base en el patio de su casa en barrio Illia, dentro del casco urbano aristobuleño.
“Es producto de la memoria familiar, mi abuelo Eimer Acosta era un practicante incondicional de la ayuda al prójimo; mi papá nos alentaba a emularlo. El abuelo compartía merienda con decenas de chicos en su casita de Picada Paraguay. Siguiendo su ejemplo, nosotros llevamos lo que podemos a los niños de los barrios más humildes, pero también a viudas, huérfanos, ancianos desamparados que descubrimos en nuestras caminatas”, contó.

Son casi 50 personas -en su mayoría mujeres- integrando este raro ejército de buenas obras. Modistas y diseñadores de trajes para sus “incursiones reales”, pero también sastres remodelan ropas en desuso para quienes los necesitan, recuperan juguetes, son carpinteros, artesanos, costureros, electricistas, hilanderas, tejedoras, costureras. Todos tienen algo que hacer. Los días de fajina entrecruzan chistes, recuerdos, anécdotas y ocurrencias.

La situación social no es la mejor. Cada día los desafíos aumentan, pero en estos mismos momentos, en esta travesía quieta del lector, unas mujeres están trabajando, germinando una prenda de vestir, regalando su pequeño esfuerzo a gente ignorada. Llegarán incluso hasta Picada Brasil -ya Campo Grande- por esos caminos que ha trazado el deseo humano de trabajar por el otro. Soñando con un mundo de tiernas espigas y doradas noticias. De paso, curándose a sí mismas.

Hubo un replanteo interno, y con la líder a la cabeza, definieron autoimponerse la nueva identificación: Ayudar Fortalece el Alma.
“Nada cambió, somos las mismas, los objetivos iguales, el comportamiento también. Pero nos dimos un nombre más cercano a nuestra realidad”, explicó Romina Fernández, una de las integrantes.

“Estar en el grupo me ayudó a salir de mi depresión; claro, con ayuda de todos. Somos humildes servidores. Yo también fui asistida en mis horas de necesidad, y adentro cambió mi vida. Conocí a Vivi cuando yo más necesitaba a alguien. Hacer algo por alguien todos los días es un aprendizaje nuevo”, argumentó Natalia Figueroa, casada con un tarefero.

“Me impulsa el liderazgo de Vivi, aprendimos a estar con los más necesitados siempre a la par. Me ayuda a ser yo misma. La humildad ante todo, todavía el amor existe”, entendió Romina.

“Todos en algún pasaje de nuestras vidas atravesamos pruebas y angustias. Intervenir en el grupo devolviendo lo que uno alguna vez recibió nos da razón y naturaleza para llamarnos Ayudar Fortalece el Alma”, concluyeron.

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