Ídolos de la infancia

Domingo 14 de julio de 2019
Carlos Villagrán entra al hall del edificio en Recoleta para encontrarse con Carlitos Balá. En la entrada del departamento, aparece un Balá de cartón en tamaño real con su icónico corte taza haciendo el gestito de idea. El Carlitos real aparece detrás e invita al living de su casa. El actor mexicano que encarnó al amigo del Chavo en la serie creada por Roberto Gómez Bolaños se acomoda a su lado, le agarra la mano y le dice: “Es un honor para mí estar contigo. ¿Te acuerdas que nos vimos hace muchos años? Nos abrazamos, te presté 10 mil dólares”.
“Sí, mil dólares”, devuelve Balá, rápido de reflejos. Y así se dará este contrapunto entre dos genios de la comedia durante todo el encuentro exclusivo para Clarín. “Estaba bromeando, nosotros vivimos de eso”, concede el hombre detrás del niño caprichoso del vecindario.
Leyendas del humor infantil, exponentes de un estilo sano e inocente -“blanco”, adjetiva Quico-, los Carlos que hicieron reír a varias generaciones intercambian elogios, pasos de comedia, anécdotas, recuerdos de viajes y de sus momentos de gloria.
“Te ves muy bien”, lo halaga Quico. “Cambiaste los lentes”, arremete Balá. “No, no veo nada”, redobla Villagrán. Dos viejitos piolas.
“¿Sabés qué le dijo una empanada a la otra? De carne somos”. Y el mexicano, que contó que vivió 11 años en Argentina, le regala una carcajada. La conexión es inmediata, casi como una rutina aceitada que retoman de otra vida.
¿Les hubiese gustado trabajar juntos?
Villagrán: Si se hubiera presentado la oportunidad, lo hubiéramos hecho de mil amores.
Balá: Cómo no. Yo soy admirador de él.
Villagrán: (Infla los cachetes y se transforma en Quico). Y yo soy admirador de él.
Como exponentes máximos de un humor sano, inocente, ¿creen que es un estilo de comedia infantil que sigue vigente o que ha cambiado?
V: El humor siempre ha sido totalmente diferente. Nosotros nos dedicamos a un lenguaje totalmente sano que papá y mamá pueden dejar con toda confianza a sus hijos porque no le vamos a hacer ningún daño. No promovemos el sexo, no generamos violencia, no hacemos borrachos. Hasta cierto punto, es tonto el programa. Pero con ingenio. Y la gente ha agradecido a El Chavo del 8 a través del tiempo.
B: Yo soy más cómico afuera que adentro. Adentro estoy obligado a hacer reír. Afuera no, pero lo disfruto más que en el teatro.
V: Una vez estábamos en el Aeropuerto de México y un señor lo paró a Roberto Gómez Bolaños y le dijo: ‘Perdóneme Sr. Bolaños, pero su programa no me gusta’. A lo cual Chespirito respondió: ‘Mire qué coincidencia, a mí tampoco. Pero qué vale su opinión ni la mía contra la de millones.
B: Bien contestado. ¿Era chinchudo para dirigir?
V: Quien dirigía realmente era Enrique Segoviano, el director. Él siempre fue un poco ambicioso. Se quedó con todos los personajes, todos los registró como suyos, y no es que fueran de él. Porque yo hice a Quico. Yo inventé a Quico. La Chilindrina inventó a la Chilindrina. Lo que pasa es que nadie sabía que iba a trascender tanto el programa. Y él, astutamente, los registró a todos como suyos. Y no recibimos ni 5 centavos de regalías de nada.
¿Qué los impulsa después de tantos años a seguir trabajando para el público, para los chicos, adultos y abuelos?
B: Porque creo que yo nací para hacer reír, entre otras cosas. Me encanta ver a la gente que se ríe de un chiste. Te debe pasar a vos.
V: Claro, y además nos mantiene más jóvenes.
B: Yo puedo hacer reír en un velatorio.
V: Ajá. Aunque no quieres reirte, es donde más te dan ganas de reír.

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