Hogar Carmelina, un espacio que contiene y revitaliza en Alem

Jueves 5 de diciembre de 2019 | 06:00hs.
Hogar de ancianos ‘Carmelina’
En cada pueblo o ciudad están esos personajes que hablan con personas invisibles o sacan fotos sin cámaras por ejemplo. En Alem, el hogar de ancianos Carmelina se ocupa de atender a aquellos que, con problemas mentales, no tienen familia que los contenga. Hoy conviven 25 adultos mayores y quienes dirigen y sostienen esta obra jamás parecen cansarse pese a los años y los embates. Uno de los condimentos para que sea considerado como candidato a Misionero del Año.

Todo comenzó en 1981 cuando el entonces director del hospital, Carlos Jarque, decidió abrir un pabellón para siete personas con enfermedades mentales que le impidieran convivir en sociedad. En 1984 ese pabellón tomó forma y se inauguró bajo el nombre de Hilaria Maidana, en homenaje a la maestra pionera que donó el predio donde se erige el hospital.

“Esto tiene tres motores, personas que no hay que dejar de mencionar, son los que hace años vienen poniendo su tiempo y esfuerzo para que esto funcione y son Norma Varela, Orlando Rodríguez y Lita Quiroz”, destacó Matías Sebely, actual director.

Hay historias como internos tiene el lugar, que desde 2014 fue renombrado como Hogar de Ancianos Carmelina, en honor a la primera paciente que junto a su hija Moniquita deambulaban por las calles de Alem, antes de inaugurar el espacio.

Con una obra donde se invirtieron inicialmente 600 mil pesos provenientes del gobierno provincial y otros 200 mil aportados por la Cooperadora del Hospital, se logró tener este moderno espacio de 1600 metros cuadrados preparado para 12 mujeres y 12 hombres distribuidos en amplias habitaciones. También hay talleres de artesanías y manualidades, un gimnasio con elementos donados por la comunidad y hasta una parrilla donde don Luis Ríos, un pintor de 69 años, que por un ACV quedó postrado, se convierte todos los viernes por la noche en el asador del lugar.

El hogar logró sacar de la situación de calle a muchas personas que no tienen familia. “No somos un asilo”, aclara siempre Sebely al referirse que pese a tener el objetivo de sólo abastecer las necesidades de Alem, albergaron a tres ancianos de Dos Arroyos, dos de Bonpland y uno de Eldorado que se quedaron sin asilo y Antonia, que vivía en una choza de plásticos y tacuaras en un espacio público de Apóstoles.

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