Heredó de su padre la pasión por la luthería y hoy es su oficio

Viernes 16 de agosto de 2019 | 02:00hs.
Darío comparte la misma pasión que su padre Milán en el taller del barrio Fátima de Posadas. | Foto: Marcelo Rodríguez
Victoria Bergunker

Por Victoria Bergunker interior@elterritorio.com.ar

Darío Cardozo (40) dedica su vida a construir instrumentos musicales, pasión que heredó de su padre, Milán. Sus días transcurren en su taller del barrio Fátima de Posadas entre arpas, guitarras, charangos, cajones peruanos y mucha paciencia, pilar fundamental de este oficio artesanal.
“Yo empecé de chico, ayudando a mi papá en el taller, porque en la vieja escuela siempre te decían que desde chico tenés que saber hacer algo. Cuando terminé la secundaria no pude estudiar otra cosa y como siempre estuve acá con él, lo empecé a ayudar y me fui metiendo porque me empezó a gustar, además quería ganarme mi plata”, recordó Darío en diálogo con El Territorio.
Así, de la mano de su padre entró en el mundo de la música y los secretos de la artesaní.  “Este es mi laburo, yo no tengo un sueldo fijo”, admite. Fabricar una guitarra lleva su tiempo, quizás un mes si el tiempo acompaña, pero en días fríos y húmedos el trabajo se vuelve más complejo.
Darío lleva la pasión en la sangre y por eso resalta el valor de este oficio, no sólo porque detrás de cada instrumento hay unas manos ásperas que trabajan sin cansancio, sino porque la devolución más grande es la sonrisa de quien recupera lo que creía perdido. “La guitarra es un instrumento que tiene un valor sentimental, muchas veces vienen clientes y me dicen que era de su abuelo o de su papá, y a mí me alegra poder recuperar esas cosas cuando están dañadas”, expresó.

De generación en generación
Darío es hijo del reconocido luthier nacido en la frontera con Paraguay, Milán Cardozo (78), quien a su vez aprendió el oficio de su padre, Victorio.
Milán es un autodidacta nato. Aprendió a tocar de oído, pero lo más sorprendente es que a los 8 años fabricó su primer instrumento. “Nosotros venimos de una familia humilde, de Villarrica, Paraguay. Yo quería un arpa pero no podía comprar y pensaba cómo podía hacer. Mis hermanos son carpinteros, así que agarramos madera de un árbol y lo fabricamos nosotros, ese fue mi primer arpa”, rememoró.
“En esa época se usaban las serenatas y a mí me gustaba demasiado, quería aprender a tocar. Mi papá tocaba el violín y él afinó nuestro arpa, así empecé yo. Este es mi oficio y me gusta”, detalló Milán, y rápidamente se dispuso a deleitar  con su música, su máximo canal de expresión.
“Me imagino que él de chico habrá pensado en fabricarlo como cualquier niño que quiere un autito y no puede comprarlo, entonces se inventa uno con lo que tiene”, consideró su hijo Darío.
En 2017 Milán recibió el premio a la Trayectoria Artística que año a año otorga el Fondo Nacional de las Artes (FNA). Ya en 2007 el FNA había comprado un arpa de Cardozo en una exposición en Cosquín, Córdoba, y fue incluido en el museo de la institución. Desde ese entonces posicionaron sus ojos sobre este artista misionero.
Milán es padre de tres hijos, pero sólo Darío siguió sus pasos. Juntos recorren el país exponiendo sus instrumentos -reconocidos y elogiados por colegas- en los encuentros organizados por la Asociación Argentina de Luthiers y compartiendo música.
“Aparte de la luthería mi otro mundo es la música, pero es más difícil vivir de eso”, confesó Darío. El número de contacto es 3765-032106.

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