“Hemos perdido al amor como regla básica de la humanidad”

Sábado 9 de marzo de 2019 | 04:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

“El carro de mi paciencia va lento pero seguro, la huella de la experiencia me fue mermando el apuro. Por eso digo: para salvarse hay que juntarse y arremangarse !Neike Chamigo!”. Palabra fuerte, palabra del alma, palabra que hermana, que da evidencia de lucha y de esperanza. Los versos de Julián Zini (79) son eso, una carrera y experiencia que lo llevaron a formarse como poeta, compositor, autor y sacerdote.
Este padre correntino es uno de los más queridos en la actualidad y su paso por los escenarios con su ahora grupo Neike Chamigo lo hicieron también reconocido y respetado en este ámbito. Estuvo en el Festival de Cosquín y en 2012 fue reconocido por los misioneros con el Mensú de Oro en el Festival Nacional de la Música del Litoral.
Este fin se semana, en tanto, la capital provincial volverá a tener la oportunidad de escucharlo en un show doble porque tocará esta noche desde las 22 y mañana desde las 12, con almuerzo incluido, en la peña Misionero y Guaraní (Buenos Aires 1546). En esta entrevista con El Territorio adelantó algo de su espectáculo y habla de sus inicios.

¿Qué va a traer en su show a Posadas?
Nosotros tenemos un racimo de canciones para la mujer que quisiéramos compartir, algunas canciones tienen más de 30 años de historia pero hay una serie de canciones que se fueron haciendo, cantando y desparramando por la región. Un homenaje atado a los valores de que mujer es también la Madre Tierra y la hermana agua y a su vez en la fe, nuestra madre Itatí, es mujer y madre. Nuestra canción, nuestra palabra, nuestra música, nuestro arte chamamecero va hacia todas las dimensiones que tiene la mujer.

¿Qué opina acerca de la salida de las mujeres a las calles y sus luchas?
Re bien mientras busquen esta igualdad que Jesús ya la sostenía teniendo discípulas y discípulos; esta igualdad de género pero a la vez esta complementación necesaria por la cual el creador nos hizo como somos. Es para complementarnos, no para imponernos los ‘ismos’, sea machismo o feminismo, ‘los ismos’ son exageraciones, absolutizaciones a veces de realidades que necesitan ser respetadas pero complementarias para lograr esto que queremos ser: humanidad.

¿Cómo nace el sacerdocio en su vida?
A mí me robaron de mi familia a los diez años y me mandaron al seminario. No es muy buena pero Dios, porque él es divina providencia, se encargó de sacarme bueno, modestia aparte (se ríe). Acá me dicen “agradecele a las mujeres que durante tu camino te ayudaron a aprender y te enseñaron a ser hombre”. ¿Qué lindo no?, estas son mis vecinas que siempre me iluminan, me ayudan.

¿Alguna vez se le puso alguna duda en el camino?
Yo me fui a los diez años al seminario y un año antes de ordenarme, a los 24, hice humanidades en Corrientes, hice tres años de filosofía y teología. Pero un año antes de ordenarnos se nos planteaba a nosotros el tema de la aceptación del celibato, pero bajo la condición de que si no sos célibe no podés ser cura. Mi vocación es ser cura, lo otro es secundario. Entonces había que acatar ese modo de ser que, espero buenamente, va a ir cambiando y la iglesia recapacitará y buscará para este tiempo y para esta cultura un modo distinto para ejercer el ministerio presbiteral.

¿Que el celibato no sea una condición para ser sacerdote?
Claro, claro. Que sea un carisma que lo tienen algunos y lo demás será matrimonial como lo es en la iglesia oriental, ortodoxa. El sacerdocio no se opone al matrimonio, lo que se opone al matrimonio es el celibato. 

¿Cómo fueron añadiéndose a su vida las letras, la poesía y el canto?
Mirá, le agradezco al seminario menor porque a los 14 años nosotros hacíamos todo en verso, aprendimos a manejar el verso en español. Después me doy cuenta, ya de grande, que a mi pueblo le gusta la rima, le gusta el concierto y entonces aquello que aprendí sin querer, jugando, por amor a la literatura, lo usé como una herramienta que creo que le sirve al pueblo para escuchar ciertas cosas.
Realizó también investigaciones sobre el chamamé y la religiosidad…
En estos años hemos tratado de acompañar la búsqueda de nuestra identidad, de nuestras raíces y ya van más de 40 años que estamos en eso. Fue preguntando que llegamos a lo que nosotros creemos que son las raíces fundamentales de nuestra cultura. Fuimos para atrás de nuestros abuelos, de nuestros mayores para ver qué hacían, qué heredaron, qué tenían, qué decían.
Después de eso fuimos a preguntar a los folclorólogos, musicólogos y nos mandaron a ver qué se enseñó en las reducciones jesuíticas; tuvimos 150 años de evangelización jesuítica con música, es decir, con arte. Eso es fundamental y se ignora cuando se habla de chamamé y cuando se habla de Corrientes o de Misiones. Para nosotros fue muy importante descubrir las reducciones jesuíticas y estudiarlas.

¿Qué enseñanzas le ha dado todo el camino recorrido?
Decimos nosotros en nuestros versos, en nuestras canciones, que seguramente lo vamos a decir como presentación en un chamamé que se llama Soy, que hemos descubierto que somos una región y que somos un pueblo, no solamente una provincia como Corrientes sino una región lo que sería y llamamos hoy: una nación cultural. 

¿Tiene alguna palabra para esta Argentina y argentinos tan expectantes de mejoría?
Creo que esta semana entramos justo en la Cuaresma que es un tiempo de ejercicio de ver si le seguimos o no le seguimos al resucitado. Su mensaje fue dar la vida para que nosotros entendamos que siendo Dios nuestro padre somos hermanos entre nosotros y el bien es común, es decir, que las mieles de la Madre Tierra son de la familia no de los más vivos, los más fuertes o los más poderosos.
Dios se humanizó para que nosotros nos humanicemos y si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que en muchas cosas nos estamos deshumanizando porque hemos perdido al amor como regla básica de la humanidad. Lo básico para ser humano es amar, nos realizamos amando. En esa medida si amamos a Dios amamos al prójimos y amamos la naturaleza y podemos construir un mundo mejor por lo menos que en el que estamos viviendo.

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