Guerra de herencias

Domingo 10 de noviembre de 2019
Quisieron encarcelar una idea y las ideas no se encierran, no se matan. Fue lo primero que dijo Luiz Inácio Lula da Silva al salir de prisión el último viernes. Entre 2003 y 2010, Lula había liderado Brasil, durante su mayor apogeo económico y social. En ese período sacó a millones de personas del umbral de la pobreza y robusteció el sistema judicial, que luego lo metió preso. Por entonces, la Justicia consideró probado, por la declaración de un imputado arrepentido, que Lula recibió un apartamento de tres plantas en Guarujá, en el estado de San Pablo, de parte de una constructora en señal de agradecimiento; es decir, concluyeron que existió un hecho de corrupción y lo metieron preso. Desde entonces estuvo detenido 580 días y esta semana recuperó la libertad, generando fuerte repercusión política en un país muy polarizado. 
En un país más habituado a la alegría que a la tristeza, el Tribunal Supremo de Brasil dio esta semana el primer paso estableciendo que, como dice la Constitución, un condenado solo puede ir a prisión una vez haya agotado todos sus recursos. Luego terminó resolviendo un juez para que Lula respirara libertad. Esta era la primera vez que metían preso a un ex presidente en el país por un delito de corrupción. El histórico y popular dirigente de los trabajadores ya había transitado por los pasillos de una cárcel durante un mes, en 1980, siendo líder del Sindicato de los Metalúrgicos, y como consecuencia de haber paralizado la actividad durante una huelga. Aquella vez salió decidido a cambiar el rumbo de la historia, y lo hizo, presentándose una y otra vez como candidato a la presidencia hasta lograr convertirse en jefe de Estado. 
Esa vez, tras terminar su segundo y último mandato como presidente de Brasil, tras casi una década de histórica prosperidad, en 2010, Lula tenía el impresionante apoyo de un 90 por ciento de la población. Se pensaba que este sería el año en que volvería a presentarse, pero todo comenzó cuesta abajo cuando su sucesora, Dilma Rousseff, perdió la presidencia en 2016 en un polémico impeachment y desde entonces, comenzó también el declive de la economía en medio de los escándalos de corrupción.
En medio del caos, había logrado ascender al poder Jair Bolsonaro y había llevado como su mano derecha a Sergio Moro, el ex juez que había encarcelado a Lula quien permanecía en prisión desde el 7 de abril de 2018. Se dice que Lula volverá hacer lo que mejor hace, salir a hablar con el pueblo nuevamente castigado por el alto desempleo y una situación de pobreza extrema y miseria que había sido superado en la época de Lula. Los números son contundentes: hay 12 millones de desempleados, 26 millones con empleos precarios y unos 13 millones con extrema necesidad. Lula está de nuevo en la calle y genera nervios en el poder.

Una de ficción
La administración de Mauricio Macri, al que le quedan 21 días en el poder, no deja de incurrir en las mismas cuestiones que había dicho que revertiría. Llegó prometiendo hambre cero y los números duros indican que entre 2016 y 2019, más de 2,6 millones de personas cayeron en la pobreza. Afirmó que controlar los precios sería una pavada y está dejando un gobierno con una inflación acumulada que llega al 285%. Había esperanzas de que siendo hijo de un conocido empresario generara fuentes de trabajo, pero en su gestión se cerraron 19.131 importantes empresas y la producción industrial cayó 12,8%. Afirmó que lloverían inversiones, pero terminó evaporándose los brotes verdes que solo existieron en la ficción, porque en la realidad, lo que sí sucedió es que terminaron fugándose 84.100 millones de dólares del país y la deuda externa, creció 98.000 millones de dólares.
 Estos números pretendieron ser dibujados, como aquel intento de presunta derrota digna que también estalló por los aires al confirmarse que Alberto Fernández había ganado por 8 puntos las elecciones, muy alejados del casi menos de 3 puntos con el que había llegado al poder Macri en segunda vuelta del 2015. Entonces, no se habló de apenas una pequeña victoria, fue triunfo para uno y derrota para la oposición, como sucedió exactamente lo mismo en esta oportunidad con la salvedad que el electo presidente que asumirá el 10 de diciembre por lejos cosechó muchísimos más votos. 
Tras fracasar con el intento de instalar la derrota digna, el incansable generador de ficción, el jefe de Gabinete Marcos Peña esta vez quiso disimular la pesada herencia que está dejando Cambiemos a la actual administración. El gobierno de Macri intentó esta semana sin éxito instalar un relato de ficción respecto a cómo está el país, cuando millones de argentinos en forma diaria comprueban en su propio ámbito de manera objetiva, las consecuencias de un mal gobierno donde la realidad está presente. A pesar de ello se conoció esta semana un documento titulado “Ocho puntos sobre la economía” donde se intentó instalar una épica inexistente en el área en la que el macrismo fracasó con absoluta contundencia, como es la economía. De esto, no habló Macri ni durante la campaña ni posterior a las elecciones donde cayó derrotado.
De esta manera, prefiere la narración, retocada, matizada y preparada desde la usina de Cambiemos, que volvió a chocar con la realidad. Así quedó reflejado en un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) que contradice, con datos concretos, la ficción que intentó instalar el macrismo.
El Observatorio de Políticas Públicas de la Undav detalló que de 31 sobre 32 variables analizadas, la herencia que deja Macri es peor a la que recibió.  Sin dudas, la inflación es protagonista ya que Macri la llevó de 26,9% a 54,2% en 2019 y la de alimentos del 25,5% al 56,5%. Según el estudio, la deuda total sobre el PBI pasó del 52,6% en 2015 al 91,7% tras cuatro años de gobierno de Cambiemos. Medidos el PBI en dólares per cápita, concluye que el gobierno de Macri recibió un crecimiento del 10,9% y deja una caída del 30%.

La ONU sospecha de Macri
A pesar de ello, en una de sus recientes apariciones Macri afirmó estar orgulloso de lo realizado. Fue al autoelogiarse de no haber robado, ni abusado del poder y haber transparentado la gestión. Sin embargo, no es lo que se está opinando fuera del país. Existen fundadas sospechas que dan cuenta de la violación de la independencia judicial por parte de la administración de Macri. En concreto, un área de Naciones Unidas encargada de la independencia de los jueces emitió un informe crítico sobre la gestión. Puntualmente desde la ONU se presentó un durísimo informe sobre la situación de la independencia judicial en la Argentina. Ello además de denunciar un plan sistemático y estructural de amedrentamiento del Poder Judicial de la Argentina. 
El pedido de informe elevado a la administración nacional, es respecto a la política del oficialismo en el Consejo de la Magistratura, donde habría presunta persecución desde el Ejecutivo a magistrados a través de juicios políticos, la parálisis de concursos en los que abogados no afines al Ejecutivo obtienen buen puntaje, los traslados de jueces y una supuesta arbitrariedad en la designación de jueces subrogantes. Se cuestiona además el desplazamiento de autoridades judiciales que estaban a cargo de la investigación sobre la deuda del Correo Argentino con el Estado, en la que está imputado el Presidente y representa una de las causas que más preocupa al mandatario saliente.
En el escrito se plantea de manera textual que los actos de intimidación y presión a los diversos órganos que componen el sistema judicial argentino habrían socavado su independencia obstaculizando la posibilidad de una actuación imparcial en decisiones que afectan a los intereses del Poder Ejecutivo, así como disciplinando a los magistrados que hubieran dictado resoluciones contrarias a la voluntad del Ejecutivo. A su vez, el texto alude a las irregulares designaciones por decreto de los jueces de la Corte Suprema Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti y fustiga el ataque a la procuradora general de la nación, Alejandra Gils Carbó.
Este pedido de informes de la ONU al Gobierno de Macri echa por tierra el supuesto respeto que enarbolaban de la división de poderes y aquel manto de transparencia que intentaron instalar en la sociedad, como parte de otro relato de parte de Cambiemos.

El Papa lo advirtió
Con mucha antelación, en el mes de junio, el  papa Francisco había expresado su preocupación por el uso indebido de la ley para intervenir en la política, así como por la presión a los jueces que defienden los derechos sociales.
Fue en oportunidad de hablar en Roma, ante un centenar de jueces de todo el continente americano. Allí empezó a utilizar un término que se refuerza en estos días, el lawfare, una suerte de guerra jurídica utilizada contra oponentes. El término no es nuevo y hasta lo utilizó la defensa de Lula para pedir la libertad.
Por ello, en esa oportunidad Francisco consideró que el lawfare ponía en serio riesgo la democracia de los países, al plantear que se utilizaba para minar los procesos políticos emergentes y propender a la violación sistemática de los derechos sociales.
Desde la política, a su vez, se entiende que es un mecanismo para perseguir al adversario. Como lo plantearon desde Lula Da Silva a Cristina Fernández de Kirchner.
El término a su vez terminó convirtiéndose en el nombre del libro de autoría del excanciller Rafael Bielsa. La publicación se presentará el 21 de noviembre próximo en la Facultad de Derecho de la UBA y se espera la presencia del electo presidente Alberto Fernández.

Cambios en la región
Con el final de mandato de Cambiemos, justamente y casi paradójico comienza a sentirse el cambio en la región. Para finalizar la semana se concreta la reunión del Grupo de Puebla, que representa un espacio regional de orientación progresista. Es decir, más orientado a lo que piensa desde Lula, la ex presidenta de Brasil, Dilma Roussef, Pepe Mujica de Uruguay, pasando por Fernando Lugo de Paraguay, José Luis Zapatero de España y el electo presidente argentino, Alberto Fernández impulsor del Grupo de Puebla.

Transición ordenada
Uno de los temas políticos de la semana tuvo que ver con la última reunión de gabinete, realizada por parte del gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua. Lo que se hizo público es que en la reunión del último viernes en la residencia oficial, les pidió a sus colaboradores, como lo viene haciendo a lo largo de su gestión, no bajar los brazos sino al contrario, redoblar el esfuerzo en este tiempo de crisis. Les planteó que es la única forma de conocer y resolver los problemas que aquejan a los misioneros. Esta vez, el mandatario saliente requirió atender permanentemente la cuestión social, en especial a los sectores más vulnerables de la sociedad y, sobre todo, mantener la austeridad.
Así como a nivel nacional se analiza cómo quedará el país, lo mismo sucede en la provincia donde se da el caso de continuidad de un espacio político como es la renovación. Algunos aspectos que no entra en discusión es que Passalacqua transferirá una administración sin sobre saltos, en lo económico y financiero. Los más conservadores hablan de una sobria estabilidad.
De esta forma, Herrera Ahuad recibirá una gestión que se destacó por su austeridad en el marco de la dura crisis, pero fundamentalmente se rescata una administración ordenada y equilibrada. También en Misiones se tuvo que lidiar, en su momento, con una pesada herencia representada por un elevado endeudamiento público correspondiente a los años 90 y que, de manera constante y progresiva, se fue reduciendo y ahora va camino a la cancelación. No es el caso de todas las provincias, al contrario, muchos otros gobiernos provinciales se fueron endeudando al ritmo del gobierno nacional y sufren las consecuencias.
En cuanto a la nueva gestión que se inicia el 10 de diciembre, se conoció que Herrera Ahuad tendrá en sus manos la renuncia de todo el gabinete actual. Esto le permitirá resolver la continuidad o no de cada uno de los actuales funcionarios. 
El nuevo mandatario viene del sector de salud pública, en lo que Misiones se distingue en el país desde cubrir la atención hasta el cien por ciento de los medicamentos. Seguramente será uno de los aspectos que tendrá mucho celo en cuidar. Además, mostró interés en potenciar el plan de innovación educativa que lleva a cabo la provincia. Piensa, del mismo modo que el presidente electo Alberto Fernández, en dinamizar la economía para la generación de nuevos empleos, sobre todo el de los más jóvenes. Son los algunos aspectos destacados que se va conociendo y que iría abordando el nuevo mandatario provincial, de quien se sabe de su dinámica de trabajo que le permite estar al tanto de todo lo que sucede y con ello, avanzar en la solución de los problemas.

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