Guardián de un legado

Miércoles 22 de enero de 2020 | 07:00hs.
Gustavo Luna, junto al acordeón que heredó de su abuelo, un instrumento que ya tiene más de 100 años. | Foto: Natalia Guerrero
Por Belén Spaciuk

Por Belén Spaciuk interior@elterritorio.com.ar

Un luthier es artesano de los legados culturales. Se encarga de crear, mantener, reparar, reacondicionar y ajustar instrumentos de manera que las melodías fluyan y continúen transmitiéndose con el paso de los años, forjando identidades e historia.  Esa es la responsabilidad de Gustavo Luna, quien con su labor de artesano acordeonista, se encarga de preservar la herencia que le fue otorgada: reparar y construir acordeones, uno de los instrumentos más representativos de la tradición argentina. 
Santiagueño por nacimiento, residente del Gran Buenos Aires y enamorado de Misiones, Luna  visita cada año la provincia junto a su esposa, quien es oriunda de la tierra colorada, y  en su paso por Misiones, dialogó con El Territorio respecto a su destacable labor. 
Como si el acordeón que lo acompaña desde que nació hablara más de él de lo que él mismo pudiera decir, Gustavo se acomodó con el instrumento en su regazo y, mientras explicaba que se dedica a reparar o cambiar fuelles, mejorar los aspectos de las cajas, revestirlas y realizar los trabajos de calado, entre otras tantas tareas que aprendió de su oficio, se dispuso a ejecutar alguna que otra melodía, de manera que la verdadera eminencia de la historia, el acordeón, no perdiera protagonismo en el relato. 
“Este viejito (por el instrumento) me lo regaló mi abuelo. Yo me crié escuchándolo. Es el acordeón que más quiero, tiene más de 100 años y con él aprendí a amar la música”, dijo el luthier, quien confesó además que a veces le suele prestar el instrumento al gran Chango Spasiuk, uno de sus clientes. 
Es que Gustavo también es artista. “Soy músico desde los 6 años. Mi madre fue la que me dio mis primeras enseñanzas. Ella había estudiado por correo y yo me crié escuchando el acordeón que ahora tanto cuido”, recordó. 
“Empecé a tocar a los 8 años y a lo largo de mi carrera grabé tres discos”, agregó el artista, al mismo tiempo que confesó que la posibilidad de un cuarto álbum “siempre está en veremos”, ya que su trabajo no le da respiro. 
Como un trabajo de hormiga y sobre todo, de mucho amor por la música, el oficio de Gustavo consiste en armar, refaccionar y realizar tareas de mantenimiento a los instrumentos. Siempre de acuerdo al tipo, la tonalidad y el modo que requiera el cliente. 
Además de ello, el luthier también decora y confecciona las cajas con diversas particularidades, desde acordeones de River o Boca, hasta réplicas exactas de instrumentos de artistas de renombre. Colores, estampas, calados, nombres y dibujos: la exterioridad del instrumento también se diseña a partir de las condiciones del cliente y la buena mano del diseñador.  
Pero, además de lo externo, “hay  muchos arreglos y particularidades interiores. Algunos tocan el bandoneón, otros el acordeón de piano, otros la verdulera. Y todas esas particularidades varían de acuerdo al acordeonista”, contó Luna. 
Sin ir más lejos, reveló: “Hace poco refaccioné el acordeón de Martín Riveros, quien tiene un instrumento muy particular: la mano derecha funciona con un sistema italiano y cromático, y la mano izquierda en modo de bandoneón. Serían como dos instrumentos en uno solo”, explicó quien tiene entre su lista de clientes a Esteban Peña, Miguelito López, el Chango Spasiuk, Lucas Augusto, Juan ‘Pico’ Núñez, Antonio Núñez (músico de Jairo, Teresa Parodi y Yamila Cafrune) y al acordeonista de Ramona Galarza, entre tantos otros. 
“Ahora estoy haciendo la réplica de uno de los acordeones de don Tarragó Ros, porque Orlando Caravajal, un seguidor suyo, me pidió una réplica exacta del instrumento”, contó Luna, quien también recibió el encargo de fabricar un acordeón para Rocío Arellano, la princesita tarragosera. Oriunda de Clorinda, Formosa, la joven artista estrenará su instrumento en la Fiesta Nacional del Chamamé, en la luna chamamesera del viernes luego de ganar el concurso Chamamé 2.0, lanzado en la previa del festival. 
La joven artista, además de encargar la fabricación de su acordeón también visitó Buenos Aires, para tomar clases en la escuela del luthier. “Tengo la única escuela en la Argentina que enseña las 18 distribuciones de todo el mundo. El modo mexicano, el formato belga, italiano, alemán, el sistema semicromático creado en Argentina por Roque González, compañero de escenarios de don Tránsito Cocomarola, entre otros tantos formatos se enseñan en mi escuela”, contó Luna.
“Tengo muchos alumnos. Algunos comienzan de muy niños. A ellos se les hace más fácil aprender a tocar. De todas maneras, el tiempo que tarda cada uno en aprender varía mucho, pero la edad y el gusto por la música, son factores muy importantes”, agregó Luna que no sólo es luthier, sino también artista y docente. 
Una vida entera dedicada al amor por la música. Así se resume la gran trayectoria de Gustavo Luna, quien realiza un trabajo de hormiga en la construcción de la identidad y la preservación de la música tradicional. Como si fuera el guardián de un legado, el artista se encarga de que la música no pierda a uno de sus instrumentos más representativos del folclore nacional. 
“Porque, además de cuidar los acordeones, me gusta hacer música. Toco un poquito de cada ritmo, un poquito de todo”, dijo Luna, para quien la música es un amor aparte, un lenguaje distinto. 
“Porque vivir de la música es encontrarla en todo y en cada cosa. El verde de los montes, el ruido del río que se une y balancea con el viento formando ritmos, el sonido de los pasos, el transitar. Todo en esta vida se traduce en música”, concluyó. 


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