“FUE UN GATILLO ASESINO”

Domingo 26 de mayo de 2019 | 07:46hs.
Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

La última vez que Blanca Suárez (41) vio a su hijo Aníbal (22) fue en febrero del año pasado, cuando el joven llegó a Concepción de la Sierra desde San Miguel del Monte a traer a su hermano menor que se había ido a Buenos Aires a pasar unos días de vacaciones. La fecha no fue azarosa, ya que su hijo pudo disfrutar de los conocidos carnavales que hay en ese pueblo misionero al borde del río Uruguay. 
De ese encuentro dijo que recuerda momentos muy lindos y que Aníbal estaba “alegre, como siempre fue él”. Señaló que Garrafa - uno de los tantos apodos que tenía- se “daba con todo el mundo” y que “no tenía ninguna maldad”, usando el mismo concepto que dio su hermano Hugo días atrás en declaraciones a este medio. 
Desde el último lunes, la señora, que es ama de casa y se encargó de criar a sus cuatro hijos casi en soledad, no descansa. Aníbal era el conductor del Fiat 147 y falleció junto a tres menores luego de que patrulleros de la Policía Bonaerense los persiguieran a los tiros.  
Ayer, apenas unas horas después de llegar de Buenos Aires, donde velaron al joven y salieron a las calles a exigir Justicia por la masacre, la mujer y su familia recibieron a El Territorio en su casa. El cansancio se ve en los ojos, pero aún así renovaron su reclamo y pidieron por la pronta recuperación de la joven sobreviviente, Rocío Guagliarello (13).
“Desde que me enteré de los hechos estoy viviendo una pesadilla, de terror. Gracias a Dios fui y volví bien -a Buenos Aires-, pero quería traerle a Aníbal y no se pudo. Fui para eso especialmente y al llegar allá me enteré que no le podía traer todavía, que no se le puede sacar de la provincia”, empezó contando la entrevistada. 
La Justicia buscaría liberar el cuerpo lo antes posible, aunque aún no hay certezas al respecto. En tal sentido destacaron el apoyo de la Municipalidad local, que se encargará del traslado de los restos.
Blanca y su familia se enteraron el lunes que Aníbal había fallecido en un accidente de tránsito, aunque no le dieron detalles de la secuencia. Con la solidaridad de los vecinos y gracias a los amigos de Aníbal que salieron bajo la lluvia a golpear puerta por puerta para pedir una ayuda, pudieron viajar al día siguiente.
“La verdad es que no sabía, cuando llegué a allá empezó a salir todo en los noticieros y mi hermano me dice ‘queremos que sepas la verdad, date vuelta y mirá la tele’, y ahí me empecé a enterar de todo, que había más chicos que estaban con él”, recordó. 
Contó además que estuvo con los familiares de Gonzalo Domínguez (14), Camila López (13) y Danilo Sansone (13), las otras víctimas fatales de la tragedia: “Ellos me dijeron que Aníbal no tiene la culpa, que sus hijos no se hubieran subido al auto si él fuese una mala persona”. Su hijo mayor, César, contó uno de sus sobrinos es amigo de las víctimas y siempre se cruzaban porque Aníbal lo llevaba habitualmente al colegio. 
En este sentido, la mujer notó que en San Miguel del Monte, una pequeño localidad con  apenas 20.000 habitantes, Aníbal era muy querido. Recordó también que hablaban casi a diario con él y el otro hijo que se radicó allí. Esperaba verlo a fin de año porque el joven planeaba venir a la provincia con el vehículo que ahora está destruido y sirve solamente como prueba judicial. 
Blanca sabe, tal y como obra en la acusación por parte de la Justicia y por las pruebas recolectadas, que los efectivos policiales dispararon contra el coche. “Como le habrán empezado a disparar al auto yo digo que él se asustó, si es eso lo que realmente lo que pasó”, dijo precavida. Sobre este punto, contó que se van a analizar todas las cámaras de la zona para ver si surge algo nuevo. 

“Fue un asesinato"
César Suárez (25)  también tomó la palabra, fue muy contundente y dio detalles de lo que ellos vieron en los videos de la secuencia fatal: “Fue un asesinato, porque en los videos se ve bien que se prende la luz de stop, que el chico abre la puerta para bajarse y ellos le empiezan a disparar y le revientan la cubierta; ahí es cuando mi hermano se asusta y se larga a la fuga”. 
“Se fue con una rueda pinchada 700 metros casi. ¿Cómo una Toyota no le va a alcanzar así a un 147, si el no podía ir a más de 70? Tenían muchas posibilidades de atajarlo o llamar  a otros, pero no, recién después que pasó todo supieron llamar a todos para levantar las cosas ligeros. Eso fue un homicidio”, sentenció. 
En consonancia con su madre, César pidió Justicia por los cuatro fallecidos y agregó que “desde acá estamos rezando también por la otra chica -Rocío Guagliarello (13)- que se recupera para que puede hablar y salga todo a la luz. Que los culpables paguen, sé que no voy a recuperar a mi hermano, pero lo que queremos es justicia porque si hicieron una vez así y no hay justicia,  la próxima vez va a pasar peor”. 
“Como dicen, es un caso de gatillo fácil y para mí es un gatillo asesino. No se puede ir disparando así, como en una cacería. Ahí iban humanos, iban chicos con toda una vida por delante; había muchas formas de pararlo y hablar, no así como lo hicieron”, concluyó Blanca ante la aprobación silenciosa de sus cercanos.  

La investigación 
Como se informó en la edición de la víspera, cuatro efectivos policiales fueron imputados por cuádruple homicidio doblemente agravado (por abuso de función y por uso de arma) y por una tentativa de asesinato, por la adolescente que pelea por su vida en un hospital de Florencio Varela. 
Se trata del capitán Rubén Alberto García, el oficial Leonardo Daniel Ecilape, el oficial ayudante Mariano Ibáñez y el oficial Manuel Monreal. En tanto, otros tres agentes quedaron acusados de encubrimiento agravado y falsedad ideológica de documento público, misma acusación que recaerá sobre una agente que fue detenida el viernes. 
Según desarrolló la jueza Marcela Inés Garmendia en su dictamen, está acreditado que “al menos” dos patrulleros intervinieron en la “injustificada” persecución contra el Fiat 147 Spazio que manejaba el misionero y que se estrelló contra el acoplado de un camión estacionado a un costado de la ruta 3, cerca del centro de Monte. 
Ayer se confirmó que las balas disparadas salieron de dos de las armas secuestradas a los efectivos policiales imputados por homicidio. Una de ellas impactó en una víctima fatal. También se supo mediante los registros de los GPS que fueron tres los patrulleros involucrados y no uno sólo como quisieron hacer creer a los investigadores policiales los efectivos de la comisaría involucrada. 
Para tratar de evitar su culpabilidad, los efectivos también entregaron sus armas con los cargadores llenos. Nada de eso funcionó. 
“Tenemos virtualmente concentrada toda la prueba en la primera etapa histórica cronológica y creemos que está acreditado que las muertes se produjeron por una fuerte colisión del automóvil con un acoplado y esa colisión, a su vez, fue producida por la desestabilización del auto que se generó por la persecución de un móvil policial y los disparos que se produjeron”, dijo el procurador a Clarín, confirmado lo dicho por el hermano de Aníbal. 

¿Vieron algo que no debían?
Ayer la ministra de Seguridad Patricia Bullrich informó que envió a los investigadores del caso elementos de prueba que demostrarían que detrás del hecho “hay otras aristas de gravedad” y “algo más complejo” que se debe investigar. Esta hipótesis refiere a que el misionero y los adolescentes podrían haber visto una transacción relacionada al narcotráfico, que involucra a los efectivos. 
Es que nadie puede entender tanta violencia ante una situación tan cotidiana como la evasión de un control vial. El diario Clarín informó ayer la Justicia investiga unos audios atribuidos a efectivos locales después del accidente en los que se señala que los efectivos ofrecieron 100.000 pesos al dueño del camión involucrado para que no hable y otro que relata que policías habrían estado bajando droga en un comercio local. 
Al respecto se supo que el subcomisario Julio Franco Micucci, a cargo del luctuoso operativo mortal del lunes, era investigado por la Justicia por protección de la venta de estupefacientes al menudeo. Se lo acusa de dar protección a los narcos y de connivencia con delincuentes de San Miguel del Monte y Cañuelas.

Carta de Yanina Zarzoso, mamá de Camila Lopéz

En San Miguel del Monte hubo varias manifestaciones.
“El  lunes a la noche me dormí, después de haber trabajado todo el día, sabiendo que mi hija estaba en casa con Rocío, que era como su hermana. A las tres de la madrugada sonó el teléfono: la mamá de Rocío, mi amiga de toda la vida, llamó para decirme que estaba yendo a la comisaría porque las nenas habían sufrido un accidente. Desesperada salí de casa y en la puerta estaba la Policía. ‘Su hija tuvo un accidente’, pronunciaron. ¿Entienden? ¡Un accidente me dijeron!
Cuando llegué al hospital me ocultaron la verdad. Me preguntaban una y otra vez cómo era Camila, para dejar pasar el tiempo. Estuve una hora esperando sin saber qué había pasado, mientras mi hija ya estaba muerta. Cuando me enteré, entré en un estado de shock del que todavía no salgo. Las primeras horas quisieron instalar que los chicos habían robado y el choque había sido producto de una persecución. Juro que no entendía nada. No podía ser cierto, no había ninguna posibilidad. Pero dejaron correr esa versión, hasta que comprendimos que se trataba de la monstruosidad de la Policía.
Horas más tarde me citaron en la Ayudantía, porque en Monte no hay Fiscalía. Ahí me dijeron que la carátula era ‘Homicidio culposo agravado por pluralidad de víctimas’, como si la culpa fuera de quien manejaba el auto y no de la Bonaerense. Sabemos que hubo un llamado al 911 porque una vecina había escuchado ladridos de perros. Entonces, cuando la Policía llegó y vio que el único coche en la calle era en el que iban los cinco chicos, comenzaron a seguirlos porque supuestamente habían robado. ¡Una locura! 
Aunque acá vivíamos muy tranquilos, en los últimos tiempos la Policía empezó a parar gente indiscriminadamente, y si no tenés documento te re cagan a palos. En Monte no estamos acostumbrados a vivir con miedo a las Fuerzas. Y parte de esa bronca generalizada se vio en la concentración en la plaza. ¡Estuvo todo el pueblo! Fue impresionante. Y muy doloroso. Hoy -por el jueves- sepultaron a Gonzalo y a Darío, mientras Rocío sigue internada en La Plata. Está estable pero grave desde el primer momento en que la operaron. 
Tras las autopsias se comprobó que uno de los chicos tiene herida de bala, así que urgente deben cambiar la carátula; no hay vuelta atrás, ¡no pueden esconder más lo que pasó! La Ayudantía, una vez que empezó a investigar, actuó bien y se dio cuenta de que la Policía había intentado cubrir todo y mentido desde el primer momento. 
Siento un vacío total en el cuerpo. Nunca creí vivir algo así. Hace ocho meses falleció mi hermana, no logro superar su pérdida y ahora pasa esto. Me la imagino dentro de ese auto desesperada por la persecución. Estamos destruidos, pero hay algo que me mantiene fuerte: necesito que se haga justicia por Camila. Tendré todo el tiempo del mundo para llorar, ¡y ya lloré un montón! Sé que la voy a extrañar toda la vida y que el dolor no lo voy a calmar jamás con nada. Hay algo que me dice, quizá es la voz de Camila, que me susurra ‘mami, no hice nada’. Y no, no hizo nada. Pero yo voy a hacer justicia por Danilo, por Gonzalo, por Aníbal, por Rocío ¡y por mi hija!”.

La carta fue publicada en La Garganta Poderosa 

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