Ferias y trueques, el método de subsistencia en los barrios

Viernes 31 de agosto de 2018
La plaza Sarmiento de Villa Cabello multiplicó el número de vendedores en los últimos meses. | Foto: César Lasso
Esteban Bueseck

Por Esteban Bueseck interior@elterritorio.com.ar

María Belda tiene 54 años. Hace más de un año que está desempleada y corre a cuestas con una hija que tiene problemas de discapacidad. La situación económica que atraviesa la acongoja y no tiene tiempo siquiera de ponerse a leer sobre tasas de interés, corrida cambiaria o sombríos contextos económicos nacionales e internacionales, antes debe tener algo para poner en la olla todos los días. A la comida diaria se suman las boletas de luz y agua que, aunque mantiene el consumo de siempre, aumentan mes a mes.
Con historias similares, y peores aun, cerca de un centenar de personas se reúne cada miércoles y sábado en la plaza Sarmiento de Villa Cabello para vender ropa usada, comida casera, golosinas, ropa para perros y cualquier otro producto que uno imagine. Si bien la feria está existe hace años, “en el último tiempo se duplicó el número de personas que viene. Antes éramos poquitos”, coinciden los pioneros del lugar.
Ferias similares se repiten los sábados con trueques en la plaza 20 de Junio, sobre avenida Tambor de Tacuarí y Las Heras. Otros lugares buscados por la concentración de gente son las ferias francas de Santa Rita, Itaembé Miní o Villa Cabello, o cualquier otra plazoleta de barrios populosos.
“Empecé a venir hace un año y medio. La crisis me trajo hasta acá, a vender en la calle”, dice María mientras atiende a una de sus clientas.
“Vengo cada semana desde la zona del Club Huracán hasta la plaza Sarmiento. Sé que es mucho el esfuerzo para llegar pero otra alternativa no tengo. Me tomo un remís y traigo hasta acá los fardos de ropa”, relata la mujer sin perder la simpatía para atender a la clientela. “A la mercadería que vendemos la compramos por fardo, o gente que sabe que vendemos, nos regala. De acá te podés llevar un jean en excelente estado por 100 pesos, por eso viene mucha gente”, añade la mujer.
Por feria, los vendedores se llevan entre 200 y 500 pesos, lo que alcanza para sobrevivir apenas unos días de la semana.

Más feriantes, poca venta
Es de tarde y el sol a pleno comienza a sentirse fuerte en la piel. “Hoy no vendí nada y ya es la segunda feria en la que estoy”, se angustia Mónica, al saber que en casa la esperan sus hijos con la idea de que traerá alimentos para la cena. “Yo hice un curso de corte y confección en la Casa de la Mujer y ahí aprendí a hacer ropa para perros y gatos, que es lo que traigo para vender acá en Villa Cabello y los domingos en la Costanera. Cada vez hay más vendedores y la gente que viene a comprar viene con poca plata o buscando algo específico”, señala mientras muestras las variedades de productos de moda canina que ofrece.
Cerca, Luján Isfrán (56), otra vendedora, cuenta que acude con su esposo y se dividen en dos sectores para intentar sacar más plata. “Por suerte todavía no nos cobran el espacio”, se ríe antes de empezar a relatar que “llegué a ver a gente que vende hasta la leche de sus hijos”. “Es muy feo lo que está pasando porque la gente está con mucha necesidad”, comenta la mujer pensionada.
La mayoría de los vendedores o trocadores son personas que por su edad ven complicado volver a ingresar al mercado laboral. Otros, en tanto, trabajan durante la semana y los fines de semana acuden para intentar lograr una diferencia económica. “Una campera muy buena para niños te la puedo dejar en 30 pesos y un par de zapatos de vestir para mujer en 50”, se apura en ofrecer Miriam. “Cada sábado estoy acá, sólo en esta feria porque en la semana trabajo y no puedo ir a otra”, dice y cuando se le consulta por qué va, apunta: “Con lo que llego a sacar acá, que son unos 300 pesos, cargo nafta o compro un poco de mercadería, más no se puede hacer con esa plata”.
Agua caliente para el mate, vestidos de fiesta o ropa de trabajo. Todo se vende o intercambia con la única idea de buscar un sustento.
Emilia, a pesar de que ya tiene fecha para entrar al quirófano por una dolencia que la golpea hace meses, no duda en caminar más de diez cuadras para poder vender comida que ella misma elabora y así ayudar en la crianza de sus nietos: “Vendo porciones de sopa paraguaya a 15 pesos y gaseosas al mismo precio. También traigo algunos caramelos y chicles, pero la venta está pobre porque la gente no tiene plata y cada vez somos más los que vendemos”, manifiesta.
El 14 de enero pasado, en un informe especial, El Territorio escribió sobre el aumento de ferias en las calles y el crecimiento de los denominados showrooms. “¿Una salida ante la crisis económica o una chance de trabajar de manera independiente sin relación de dependencia? Las dos caras de la moneda se ponen en juego en este auge de las ferias, que siempre existieron, pero que actualmente ganan más adeptos además de reivindicar el intercambio entre vecinos y feriantes y, al mismo tiempo, revalorizan y reutilizan el espacio público”, había publicado este matutino. Hoy esas palabras cobran fuerza mientras en dólar se eyecta casi sin control.

“La gente está desesperada”

“Esto se está yendo al comino y en los barrios la gente está desesperada”, señaló a El Territorio Fabricio Tejerina, referente de la organización social Barrios de Pie. “Ni el Gobierno provincial ni el nacional tienen la sensibilidad social para atender los problemas”, expuso Tejerina. En tanto, detalló que “se perdió el poder adquisitivo en más del 50% y en las calles se multiplicó el número de gente que vende comida”. Tejerina sostuvo que no entiende “por qué el Gobierno no hace una mesa social y convoca a las organizaciones sociales. No queremos llegar a lo que pasó en 2001, por favor, eso no queremos”. Expresó que la canasta familiar en los barrios “ya está en 20.000 pesos y cualquiera sabe que en los sectores populares nadie llega ni soñando a tener esa cantidad de plata”.


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