Familia y escuela, de la mano

Martes 14 de mayo de 2019 | 02:00hs.
En un nuevo contexto histórico-social, con la tecnología a favor y sin excesos, se busca formar a los niños y jóvenes de manera integrada y con consensos
Vivimos en una época de constanstes cambios y crisis y en un contexto que cambió mucho con la tecnología. En ese marco, la escuela y los padres intentan aggiornarse para poder captar la atención de los más chicos y enseñar.
Los especialistas coinciden e que debe haber un continuo diálogo entre familias e instituciones y a su vez con los chicos.
“Los docentes están preocupadísimos por el tema de cómo motivarlos, cómo hacer para que la escuela los sorprenda, para que vuelva a tener sentido. Y eso es urgente porque son demasiados años para ir a una institución a la que no se le encuentra sentido”, contó Liliana González, psicopedagoga que da conferencias en todo el país y que llega a la provincia el 29 de mayo.
En coincidencia, Norma Fernández, psicóloga y psicopedagoga, que trabaja en un centro terapéutico de Posadas, manifestó que “hay que escuchar más y conocer qué le gusta al joven, al alumno, darle voz y poner pautas en conjunto”. Además, consideró que el sistema muchas veces no contempla la necesidad del estudiante.
“Hay muchos factores en juego. Por ejemplo a los adultos nos permiten tomar mate en las clases, a los adolescentes no, el adulto no puede trabajar si no tiene un recreo.. hay cuestiones sensoriales que se tienen que considerar como el hecho de estar encerrados cuatro horas”, agregó.
En esa línea, destacó las condiciones básicas que debe tener un alumno para estar dispuesto a aprender: una buena alimentación, actividad física: juegos, recreos, deporte y un buen descanso. “Un buen descanso es tan importante como el resto, si el chico está expuesto a la tecnología media hora antes de dormir, no descansa bien”, subrayó.
González, en tanto, conocida por su postura de límites a la tecnología, dijo en diálogo con Acá te lo contamos por Radioactiva: “Hay ahí una cosa que a los chicos los cautiva y los fascina y los papás tienen que saber cuántas horas pueden estar expuestos, cómo son los filtros, qué cosa sumar de la tecnología para que tengan una vida sana. Una vez que vos entrás en un sitio en el que te explican por qué un bebé no tiene que estar con una pantalla, es una decisión tuya si se la das o no se la das, pero primero conocé, leé, googleá”.
En ese sentido, volvió el foco sobre el diálogo entre el colegio y el hogar y remarcó que los dos son responsables, no se tienen que echar culpas. “La familia tiene que educar para que la escuela pueda educar. Los papás en vez de pedir que los docentes se capaciten más tendrían que capacitarse ellos también” sumó González.
A su vez, Fernández habló de consenso y de no culpabilizar a las familias. “La educación en sí es un valor que afecta a la comunidad pero a la política le interesa alfabetizar sólo por el título. Entonces, si el Estado sólo busca agrandar los niveles de alfabetización en los papeles, los chicos pasan de grado porque tienen que pasar de grado, no repiten pero tampoco aprenden. Llegan a la universidad con horrores ortográficos”, contextualizó la especialista.
Ante esta problemática, entendió que “hay que darle herramientas a los padres y a los docentes para educar tanto como para tratar las conductas que son contextualmente inapropiadas, teniendo en cuenta la realidad histórico social que se vive”.
“Hoy la escuela no puede imponer y ya no alcanza con calificar. No basta con poner un nueve, un diez, hay otro contexto histórico social”, remarcó.
Volviendo al tema del consenso, detalló que padres y docentes deben dialogar más. “Muchas veces el padre tiene unas expectativas y el docente otra. O la familia ni se entera de los aprendizajes del chico. Tiene que haber objetivos a trabajar en conjunto” recomendó Fernández.
Asimismo, González la psicopedagoga cordobesa que llegará a exponer en el Montoya, estimó importante encontrar lugares comunes y reunirse. “Lo mejor para los padres es que empiecen a juntarse, a conocerse curso por curso, a hacer talleres, a leer cosas a tomar estrategias en común. Son momentos en los que el tejido social está muy dañado y una forma es empezar a trabajar juntos en algo y qué mejor que el objetivo sea la mejor vida para nuestros hijos” alegó.
Por otro lado, en cuanto a los motivos que acarrean las conductas agresivas o que se consideran fuera de lugar, la psicopedagoga misionera se despegó de la vieja fundamentación de: ‘El chico quiere llamar la atención, el chico tiene problemas en casa, por eso se comporta así’. “Generalmente el comportamiento es porque quiere escapar de la situación. El adolescente se comporta de una manera, porque se potencia en el grupo, porque así se escapan de la clase aburrida o difícil”, ejemplificó Norma. Por eso, juzgó que para disminuir esas conductas, hay que reemplazarlas por habilidades. Entender por qué hace lo que hace y darle habilidades”.
En definitiva, ambas destacan la necesidad del diálogo y las pautas claras. “Hay que escuchar más y dejar de lado el egoísmo”, postuló Fernández. “Los niños no nacen educados, hay que educarlos, no nacen vagos hay que inyectarles vida y curiosidad y ganas de vivir. Todo es una construcción y depende del mundo de los adultos”, sumó González.
Así, en un debate que abre cientos de aristas, la escuela y la familia continúan reinventándose y tratando de adaptar viejos postulados a la nueva forma de vida. En esta crisis, que se suma a la floja economía, se busca no perder de vista la meta: niños sanos y solidarios, en paz con el entorno. Una misión que se plantea como difícil, pero no imposible si se pone empeño y si también el Estado decide finalmente acompañarla.


PARA AGENDAR

La construcción de un hijo-alumno Liliana González, reconocida disertante, llega al Auditorio del Montoya el miércoles 29 a las 20 en una charla gratuita de Fundación Osde. Amor y límites será el eje al analizar los primeros aprendizajes en la familia y la escuela.

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