Europa quiere conservar la silla que deja Lagarde en el FMI

Lunes 22 de julio de 2019
Christine Lagarde irá al BCE.
Hace tres cuartos de siglo, los delegados de 44 países rubricaban en un hotel cercano al monte Washington (EE.UU.) un nuevo sistema económico mundial basado en pactos e instituciones multilaterales. En los acuerdos que salieron del apacible entorno de Bretton Woods no había cláusula alguna que reservara los mandos de los organismos que alumbró a ninguna nacionalidad.
Pero en sus 75 años de historia, un europeo siempre ha estado al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y un estadounidense a la cabeza del Banco Mundial.
La Unión Europea se aferra a ese sillón. Y la carrera para buscar al relevo de Christine Lagarde, que el 1 de noviembre tomará las riendas del Banco Central Europeo (BCE), ha empezado.
En las capitales circulan por ahora cuatro nombres para llevar a Washington, donde pronto arrancará la selección. Son la ministra de Economía española, Nadia Calviño; su homólogo portugués y jefe del Eurogrupo, Mário Centeno; el exministro holandés y expresidente del grupo de países del euro, Jeroen Dijsselbloem, y el gobernador del Banco de Finlandia, el finlandés Olli Rehn.
Los países de la UE reivindican ese cargo apelando al espíritu de Bretton Woods, que va desvaneciéndose al otro lado del Atlántico a golpe de retórica nacionalista, políticas proteccionistas y el riesgo de bloqueo de la OMC. Ante ese clima adverso, la UE considera clave que un europeo esté al frente del FMI.
El ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, será el encargado de buscar un acuerdo entre las capitales. A finales de mes, Europa debe tener su aspirante. “Necesitamos hallar un consenso y no entrar en una guerra abierta”, advierte Karel Lanno, consejero ejecutivo del think tank CEPS.
Le Maire ya abordó esos cuatro nombres con sus homólogos de Reino Unido, Italia y Alemania en la reunión ministerial del G-7 de esta semana en Chantilly (Francia). Varias fuentes sostienen que esa lista oficiosa no está todavía cerrada, por lo que no descartan que pueda aparecer algún tapado.
“Europa debe poder presentar un candidato muy fuerte, que tenga tanto capacidades técnicas como institucionales o diplomáticas”, advierte el investigador del think tank Bruegel Grégory Claeys.
El elegido deberá llevar una institución cuyo primer socio (EE UU) quiere socavar el actual orden multilateral y que deberá lidiar con un mundo agitado que afronta una desaceleración económica con la lupa en Argentina o Turquía.
El FMI ha tenido hasta hoy 11 directores gerentes, todos con pasaporte europeo. Pero fuentes diplomáticas admiten que entre los socios de la UE hay preocupación por la posibilidad de que esa regla no escrita pueda quedar enterrada.
El mundo de hoy ya no es el de 1944. Otras grandes economías reclaman tener acceso a las parcelas de poder que se se han reservado EE.UU. y Europa. Antes de la elección de Lagarde en 2011, los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en un insólito comunicado conjunto instaron a ambas potencias a abandonar esa “obsoleta convención no escrita” porque, a su juicio, “resta legitimidad al Fondo”.

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