Eternas canciones para abrigar el alma

Martes 16 de abril de 2019
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

La imitación parece no poder comulgar de la mano del arte. La copia es siempre considerada peyorativamente y posiciona un peldaño más abajo de la escalera a aquellos que intentan emular a otro. Sin embargo, es un enorme desafío acercarse a la obra de alguien y revivirla de la forma más fidedigna posible.
 En esta línea se encuentra The Beats, a quienes no les asusta para nada ser comparados con los míticos Beatles de Liverpool,  sino que se sumergen feliz y hábilmente cada vez más en su papel.
Tras ser elegida la mejor banda beatle del mundo en 1996 y con 30 años de historia, hasta se animan a recrear sus grabaciones en el mismo estudio de Abbey Road, tal cual lo hicieron los Fav Four en el siglo pasado.
Así, cerrando en Posadas la gira que celebra este aniversario, los porteños llenaron nuevamente la sala del auditorio Montoya con los lalala más resonantes de la historia musical.
En un entorno repleto de niños, jóvenes y aquellos más cercanos contemporáneamente a los cuatro músicos británicos, el Montoya se convirtió en un bar de los años 60 y los ideales revolucionarios de la época también quedaron reflotando en el ambiente.
Un repaso cronológico de los mayores éxitos fue levantando al público que empezó aplaudiendo moderamente y terminó de pie ovacionando y vociferando Hey Jude efusivamente.
Abrazos adolescentes y hasta algún lagrimón nostálgico fueron los signos de que estos cuatro argentinos (junto a Fernando Monteleone en teclados) realmente pueden resucitar la magia de una época musical dorada y calmar la voracidad de la beatlemanía.
Además de las canciones en vivo, entre cambio y cambio (cada segmento tenía un escenario y vestimenta específica), la historia del grupo argentino y por lo tanto de los británicos fue deshojando distintos capítulos en una serie de audiovisuales. De esta manera, se dejó ver que, más allá de la prolijidad a la hora de interpretar las archiconocidas letras, The Beats también compone y crea su propio arte, siempre a tono con el estilo beatle y en referencia a sus personajes.
All my loving, Penny Lane, Ob-La-Di, Ob-La-Da, Stand by me, While my guitar gently weeps, Don’t let me down, Get back, Golden slumbers, For no one, I want to hold your hand y Yelllow submarine fueron algunas de las canciones más resonantes, mientras hubo un segmento que dio ganas de cambiar las butacas por la pista de baile con: A hard day’s night, Help, Can’t buy me love y Drive my car.
De esta manera, contradictoriamente, mientras hay una postura snob a la hora de hablar de un artista que hace covers y tributos, la mayoría ama escuchar “una que sepamos todos” y, en ese sentido, la noche del domingo fue una celebración que se coronó con pedido concedido de bises y la multitud reproduciendo un festival sesentoso en pedido de amor y paz.
Datos clave, referirse a Abbey Road como “el templo” y otros detalles a lo ‘freakie beatlemaníaco’ se colaron en la noche. Asimismo, un resumen cholulo de su paso por distintos canales argentinos despertó inevitablemente el conmovedor recuerdo de Juan Alberto Badía al tiempo que denotaba el recorrido de estos 30 años.
Llevando esta bandera por todo el mundo, atravesando países y continentes, The Beats contagia a grandes y chicos y exporta el arte de la imitación, con un virtuosismo supremo y acercando ese fuego como si estuvieran al mando de una máquina del tiempo. Claro está que, de ser así, el móvil elegido sería un submarino amarillo. 

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