Empleada judicial se sumó a la lista de víctimas de la pareja poliladron

Jueves 13 de junio de 2019 | 06:30hs.
Entre el lunes y el martes la Policía realizó dos allanamientos en la casa de servicio donde residía la pareja. | Foto: Luciano Ferreyra
Por Daniel Villamea

Por Daniel Villamea Corresponsalía Oberá

Desde el lunes no paran de surgir nuevas denuncias contra la pareja de policías detenidos en el marco de la investigación por varios hurtos y robos en perjuicio de amigos y allegados en diferentes puntos de la zona Centro. 
Por orden del Juzgado de Instrucción Dos de Oberá, el mismo lunes se procedió al allanamiento de la casa de servicio de la Comisaría de Panambí, donde residían los sospechosos, en paralelo a una vivienda en construcción de su propiedad. 
En el operativo hallaron elementos sustraídos a la jefa de la Comisaría de la Mujer de Oberá, por lo que fueron apresados. 
Pero, apenas 24 horas más tarde y atento a una nueva denuncia, efectivos de la Unidad Regional II volvieron a allanar las citadas propiedades y dieron con más elementos que comprometen a los acusados. 
Se trata de dos cámaras fotográficas que fueron hurtadas de la vivienda de una empleada judicial que reside en el barrio Schuster, compañera de trabajo de la policía detenida, quien prestaba servicio en la Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Familia de Oberá. 
Tal como detalló El Territorio en su edición de la víspera, el modus operandi de la cabo Alicia K. (27) y su pareja, el oficial ayudante Marcos P. (28), se sustentaba con la fachada de la venta de mercadería de Brasil, sobre todo ropa y calzados. 
De esta forma, según señalaron, se ganaban la confianza de las personas y aprovechaban para delinquir. 
Además, en el caso de la empleada judicial existía una confianza propia de compañera de trabajo. 

Sin escrúpulos
Si bien la citada denuncia fue radicada hace algunos meses, hasta el momento la investigación no había tenido demasiados avances. 
Pero ciertas sospechas previas y los detalles brindados por este matutino, impulsaron a la víctima a ratificar la denuncia que tuvo como corolario el segundo allanamiento. 
Fuentes del caso mencionaron que oportunamente se recolectaron huellas digitales en el lugar del hecho, las que ahora serán cotejadas con los sospechosos. 
Y si este hecho demostró que los poliladron actuaban con total falta de escrúpulos, qué calificativo podría graficar el golpe que habrían perpetrado en perjuicio de una familia conocida de la toda la vida. 
Eran amigos, vecinos y ex compañeros de colegio, pero nada les impidió aprovechar la confianza y el conocimiento de ciertos detalles para sustraerles 250.000 pesos y 300 dólares en efectivo. El hecho fue denunciado por Alfredo P. hace tres meses, pero hasta el momento no hubo avances en la investigación. 
“Ahora caímos que tienen que ser ellos, porque conocían todo lo que hacíamos, sobre todo Alicia, que es amiga de toda la vida. Desde el primer momento pensamos que era alguien conocido porque usaron una llave que dejábamos en una plantera, pero no imaginamos que podían ser ellos, sin son policías”, comentó un integrante de la familia. 
Sobre el día del hecho, precisó que “teníamos un cumpleaños de 15 y varios vecinos estaban invitados. Ellos (por la pareja de policías) sabían que no íbamos a estar y habrán aprovechado para entrar”.
Los damnificados poseen un aserradero y parte del dinero hurtado estaba destinado al pago de materia prima. En tanto, los acusados residían casi enfrente a la propiedad y tenían amplio conocimiento del movimiento de la zona.

Efecto cascada
A los casos citados, en la víspera se registró una nueva denuncia radicada por una persona que alquila un departamento lindero al lugar de trabajo de la cabo detenida, sobre calle Jujuy. 
Según fuentes del caso, algunos de los elementos denunciados por la víctima se hallarían en el interior del coche de los poliladron. Se trata de un Chevrolet Onix que está en custodia de la Seccional Quinta. 
En dicho caso también se habrían ganado la confianza a partir de la venta de mercadería del Brasil, por lo cual conocieron el interior del inmueble y sus aspectos vulnerables.  
Sin dudas, a partir de la publicación de las primeras denuncias se originó un efecto cascada que animó a más víctimas a presentarse ante la justicia. 
“Es impresionante los casos que están surgiendo”, anticipó una fuente.
En primera instancia algunas de las víctimas habrían tenido miedo de denunciarlos porque son policías, ciertos antecedentes y lazos familiares. 
Como publicó este diario, la mujer tiene dos hermanos en la fuerza. Uno presta servicio en la comisaría de Panambí y otro en la División Infantería de Alem. 
Este último fue procesado en el marco del homicidio de la enfermera Irene Sonia Riera (43), registrado en diciembre del 2010, aunque años después fue sobreseído y continúa trabajando como policía.

Puntapié inicial
En su edición del lunes, El Territorio publicó en exclusiva detalles de un ilícito en perjuicio de la jefa de la Comisaría de la Mujer de Oberá, oficial principal Rosa Berley, a quien le sustrajeron la cartera dentro de la misma dependencia policial. Hasta entonces el hecho se mantuvo en absoluta reserva, ya que la principal sospechosa no era otra que la cabo Alicia K., quien el día del hurto fue a vender ropa y calzados a sus camaradas. Varias pistas apuntaron hacia ella. En consecuencia, la publicación de este matutino no hizo más que apurar el desenlace de la investigación en marcha, según confirmó una alta fuente del caso. También venían siendo investigados por el robo de 50.000 pesos de una vivienda del barrio Londín. La denuncia fue radicada por una vecina que le compró ropa, circunstancia en que la sospechosa habría aprovechado para acceder a información que luego derivó en el robo. Luego un testigo complicó la situación de los poliladron.

En cifras

$250.000

Hace tres meses, una familia de Panambí denunció que sufrieron el robo de $250.000 y U$D 300 en efectivo. Ahora sospechan de los poliladron, a quienes conocen.


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