El Yaparí, guardián del acervo provincial

Domingo 15 de septiembre de 2019
Zulma Pittau anunció que en los próximos meses se expondrán otras obras de la pinacoteca. | Foto: Marcelo Rodríguez
Más allá de un horizonte, un lienzo, un taller, todo artista necesita una vidriera donde poder dar a conocer sus creaciones, donde desnudar su alma, compartir sus miedos y sus conquistas. En Misiones, la incipiente tarea de resguardar el arte se concentra principalmente en el Museo Provincial de Bellas Artes Juan Yaparí, donde convive todo el color y la diversidad de misioneros autóctonos y por adopción con otros grandes exponentes foráneos. 
Los autores locales nombrados anteriormente se codean por ejemplo con Castagnino, De la Vega, Soldi, López Grela entre otros que forman parte del acervo provincial.
Celadora de estos baluartes, Zulma Pittau emprendió la loable y difícil tarea de poner a punto el Yaparí. Tras 10 años de haber estado recluidas en la pinacoteca, sin mantenimiento alguno y ni siquiera aire acondicionado (que las protegiera del dañino clima), las más de 300 obras que pertenecen al museo volvieron a ver a luz y poco a poco se ponen a punto para ser exhibidas.
“Esta muestra actual es de 29 obras,  que eran las que estaban en mejor estado de conservación y en las que menos hubo que intervenir. Ahora las que se van a presentar en octubre, aunque no está definida la fecha, van a ser obras que llevaron un poco más de trabajo que ya se empezaron a restaurar cuando se presentó este primer montaje”, refirió sobre la muestra permanente de la pinacoteca provincial,  en el primer piso del museo. Es permanente, por el uso del espacio en sí, pero las obras se irán rotando para que todo lo que está guardado pueda ser expuesto.
Renacimiento
Las altas temperaturas y la humedad fueron las condiciones críticas que afectaron a los objetos de arte del museo provincial. Protegidos bajo llave, después de un trágico e irresoluto robo de tres grandes obras en 2007 (Carnaval en Posadas de Areu Crespo, Cabeza de viejo de Antonio Berni y Bodegón, de Mané Bernardo), los trabajos fueron condenados a la pinacoteca, sin siquiera asegurar un clima ideal que los mantuviera intactos. Actualmente, un aire acondicionado funciona día y noche para mantener la temperatura ideal que necesitan: entre 17 y 24 grados. Además, se requiere de deshumidificadores constantemente. A falta de más sofisticados, aunque necesarios, aparatos que realicen estas tareas, por el momento se usan sales.
Al mismo tiempo, todas las obras que exigen una restauración, están siendo sometidas a un minucioso trabajo de recuperación. En el primer piso del museo, se puede observar elementos que se emplean en esta tarea y una muestra del antes y después del laboratorio.
En tanto, también se busca editar un inventario real completo y   proveer un registro oficial acorde. En este sentido, la exposición abierta colabora a recabar datos de algunas obras y autores que carecían de ellos. Además, se implementó un simple pero novedoso sistema, que no se utiliza en ningún otro lugar de la región:  en la cédula de identificación de cada obra, se sumó un código QR que aporta, a modo de guía,  información sobre la biografía del autor.
“Detrás de cada obra de arte tenés el alma de alguien. Alguien que la pensó, que la sintió, que la puso a consideración del público”, reflexionó Pittau. “Una vez que exhibís algo es como empezar a desprenderte de eso. Es parte de la persona pero no se conoce a esa persona, estás viendo un producto terminado y por eso me parecía importante contar quién fue la persona en cada obra”, agregó.
El Yaparí, como museo de bellas artes y bajo el ala del Estado Provincial, es el lugar que sobresale y suma status para los artistas plásticos, y se postula como único en su especie, aunque hay algunas otras salas disponibles. El museo municipal Lucas Braulio Areco, el museo arqueológico Aníbal Cambas, el centro de arte del Centro del Conocimiento son algunos de esos escasos espacios.
“Exponer acá es motivador, es un reconocimiento, en cuanto a institución provincial es la única  como museo de bellas artes, entonces la idea es también poder tener una curaduría que decida y organice qué muestran se expondrán”, explicó la directora.
Tal como detalló, hay mucha demanda y al reducirse las muestras transitorias sólo a la planta baja, se prevé acotar los tiempos de exposición de un mes a quince días, para dar lugar a más artistas.
A pesar de que goza de autoridad, el lugar donde funciona el museo es un edificio histórico y si bien lo convierte en patrimonio, no lo hace ideal para albergar pinturas. Hay problemas estructurales, sobre todo de humedad y también necesita aggiornar su estructura de luminaria por ejemplo, que es otro de los factores que afecta a los cuadros.
En cuanto al trabajo hormiga que se está realizando, Pittau entendió que estamos empezando a valorar más todo lo artístico y postuló como uno de sus propósitos poner en valor el patrimonio misionero, tanto el tangible como el intangible: ese entramado pluricultural que nos caracteriza de costumbres, música y tradiciones. 

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