El tránsito, desde la perspectiva sociocultural de un antropólogo

Domingo 19 de enero de 2020
Paiva estudió en la Universidad Nacional de Misiones. | Foto: Natalia Guerrero
En muchos aspectos el tránsito solamente se reduce a estadísticas y números que dan cuenta de los saldos funestos que ocasionan los incidentes viales, pero lo cierto es que detrás del fenómeno hay multiplicidad de factores sociales que influyen y que merecen ser analizados desde otros puntos de vista. 
“El tránsito nos atraviesa a todos. Todos podemos discutir y polemizar sobre el tránsito”, expresó poco después de comenzada la entrevista con El Territorio el antropólogo Hernán Paiva, quien en 2010 se recibió en la Universidad Nacional de Misiones (Unam) con una tesis vinculada al tránsito en Posadas y a partir de ahí continuó publicando artículos sobre comportamiento vial y accidentes de tránsito.
Para este informe, Paiva detuvo por un rato su rutina y recibió a El Territorio en un aula del posgrado de Antropología Social de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (Fhycs) para explicar algunos de sus tantos trabajos publicados, además de aportar algunas reflexiones sobre el tránsito desde su especialidad académica. 
Su primera tesis relacionada al tránsito fue considerada inédita y al ser consultado sobre cómo surgió la idea expresó que “siempre estuve interesado en el tema. Cuando era estudiante tuve un choque que me hizo cambiar y transformarme personalmente. Eso me llevó a estudiar el tema”. 
Paiva señaló que ese trabajo final para la licenciatura fue un tanto “exploratorio”, pero en 2018 volvió a abordar el fenómeno para su tesis de maestría titulada “Tránsito, magia y riesgo. El sentido de las técnicas y del uso del espacio para motociclistas de Posadas, Misiones”. 
“Empecé a ver qué choca contra qué en Posadas debido a las altas tasas de siniestralidad que hay y veía que los que más participan de los choques son los motociclistas. Entonces tomé muestras de los primeros 5 meses del 2015 e hice un mapeo de la ciudad en base a las estadísticas”, explicó Paiva sobre los pasos de su investigación. 
Pero, Paiva agregó que “estos son números, son estadísticas, pero en lo que se caracteriza el trabajo antropológico es en la permanencia prolongada del trabajo de campo. Las estadísticas te dicen dónde ocurren los hechos, en qué cantidad, con qué frecuencia y quiénes, pero no te dicen por qué, ni cómo”. 
Entonces, en su tesis buscó indagar sobre las causas socioculturales que intervienen en la producción de incidentes viales y después del primer análisis su estudio se focalizó en un tramo de concentración de accidentes sobre la caótica ex ruta 213.
La elección no es para menos, sobre esa arteria entre 2015 y 2016 se registraron muchos incidentes viales, entre ellos los casos protagonizados por Gonzalo Slámovits y Julio Werner Lutz, que derivaron en movilizaciones sociales para reclamar mayor seguridad vial. 

De motos y heridas como trofeo
En medio de sus observaciones, recorridas y encuentros con los vecinos, Paiva llegó hasta un grupo de motociclistas que lo llevó a estudiar la relación que esos jóvenes mantienen con sus artefactos, es decir, con sus motos.
“En ese tramo me hice amigo de motociclistas que modifican estética y mecánicamente sus motos y en algunos casos son protagonistas de accidentes. Yo con ellos vi que me narraban los choques en un tono de chiste y yo eso lo interpreto como esa ancestralidad común de ir a la batalla y volver vivo. Me mostraban fotos de las raspadas como trofeos de guerra”, recordó.
A estos comportamientos a su vez el antropólogo los relacionó con diversos estudios de salud y sexualidad ligados a la masculinidad, los cuales trabajan desde la masculinidad como una “configuración del riesgo donde los hombres para legitimarse como hombres tienen que exponerse al riesgo para tener historias que contar y entonces quién es el más macho: el que más marcas tiene. El hombre necesita medirse a ver quién es más hombre y en esto el tránsito da cuenta de cómo somos como sociedad y cultura”. 
Pero, a su vez, éste y otros trabajos publicados por Paiva lo llevaron a más conclusiones. “El tránsito está ocupado por una cantidad de actores y una multiplicidad de clases sociales, de generaciones y de géneros. Yo en este caso estudié un grupo en particular. Mi primer trabajo había sido más exploratorio, indagando por qué la gente cruza por la mitad de cuadra y no por las esquinas. Todos me decían que era por seguridad”, detalló.

Rebeldía semiótica
Y respecto a ese primer trabajo el entrevistado señaló que “yo en mi tesis pongo que hay una rebeldía semiótica, los argentinos transformamos los signos viales en símbolos, es decir que le damos una interpretación arbitraria a las señales”. 
Para explicar su teoría, utilizó ejemplos y comparaciones claras: “Si en Estados Unidos hay un cartel que indica velocidad 60, 60 es 60 y 30 es 30. En Argentina, en cambio, es 60 pero decimos ‘vamos un poco lento, vamos a darle un poco más’. O en Estados Unidos el PARE es detener el vehículo, mientras que en Argentina para el conductor eso puede ser un simple tocar el freno, disminuir la velocidad y así pasar”.
El origen de esas dosis de arbitrariedad que le aplicamos a la interpretación de los signos viales en Argentina para Paiva “tiene que ver con nuestra historia política, económica y con toda una formación ciudadana. Los norteamericanos tienen problemas de accidentes de tránsito desde los años 30 o 40 y desde ahí lo vienen trabajando”. 
Y en el mismo sentido agregó que “lo que hay que ver antropológicamente es que el espacio vial es un espacio socialmente construido que nosotros tendemos a naturalizarlo. No es lo mismo el cruce de calles acá que en otras ciudades donde, por ejemplo, se respeta quién tiene la prioridad de paso. A veces se da una lucha en la que reina el que tiene el cuerpo más fuerte, que el tiene una camioneta obliga a parar al auto y así...”. 
Cerca del final, Paiva indicó que actualmente está trabajando en una tesis en la que indaga sobre por qué la gente maneja tan rápido, proceso que también lo lleva a abordar y relacionar muchas otras aristas. 
“Conducimos como vivimos. Nosotros podemos conducir muy bien, pero si nos peleamos con nuestra pareja o tenemos un problema en el trabajo nuestra manera de estar cambia y por lo tanto nuestra forma de conducir también. Por eso es que conducimos como vivimos y si el 90% de las causas son errores humanos, es decir que hay que trabajar en la cultura, en la sociedad, en lo humano. Por eso son las disciplinas sociales las que tienen que trabajar más y poner un esfuerzo”, señaló. 
Para Paiva el cambio en los hábitos culturas es clave, aunque reconoce que no es fácil. “A veces los abogados dicen que falta conciencia, pero a veces la gente sabe las cosas, pero no lo hace. Entonces la educación no sólo pasa por una cuestión cognitiva, sino también con otros niveles de análisis. Por eso es importante el cambio de hábitos culturales”, culminó. 

Un curso docente sobre educación vial

Para el antropólogo consultado, la educación vial debe trabajarse en todas las edades, aunque en ese punto sostuvo que no necesariamente la cuestión deba resumirse a la explicación de señales y normativas, sino incorporar e interactuar con el fenómeno en todas las materias. Por ejemplo, indicó que una buena forma sería incorporar en las matemáticas cálculos o ejercicios relacionados a situaciones del tránsito y así con otras materias como física o ética. En este contexto, Paiva adelantó que en marzo se abrirá en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales un curso de educación vial desde una mirada antropológica e interdisciplinaria. Según indicó, la capacitación está destinado a docentes de nivel inicial, primario y secundario, como así también a todos los profesionales de la educación que estén interesados en las áreas afines (instructores de educación vial, ingenieros, fuerzas de seguridad, etc). El curso constará de ocho encuentros y otorgará una valoración docente.


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