El soldado y dos causas que le significarían una dura condena

Domingo 1 de diciembre de 2019 | 07:00hs.
Entre los patrones en común en cada ataque se encuentra la escena: un monte al costado de la ruta 12.
Jorge Posdeley

Por Jorge Posdeley fojacero@elterritorio.com.ar

El soldado Carlos Luis Leandro Villar (20) ya lleva 37 días detenido, pero esto es apenas un comienzo del largo período tras las rejas que deberá cumplir conforme a cómo avanzan las causas que tiene en su contra por femicidio y abuso sexual. 
Es que el joven está próximo a ser procesado con prisión preventiva por dos graves hechos que conmocionaron a la provincia, lo cual marcaría además su traslado a una unidad penal y allí deberá ir tachando sus días privado de la  libertad durante un largo período de tiempo que podría traducirse en décadas. 
Villar está a disposición del Juzgado de Instrucción Tres, cuyo titular, el magistrado Martín Brites, ya lo imputó por el femicidio de Vilma Mercado y esta semana hizo lo propio por un ataque sexual perpetrado bajo un mismo modus operandi en perjuicio de una adolescente que logró escapar y salvar su vida. 
Según lo que pudo averiguar este matutino, el caudal de elementos e indicios que el muchacho registra en su contra en ambas causas lo dejan a un paso de recibir la prisión preventiva y también conformarían un cúmulo de pruebas difíciles de contrarrestar en un futuro debate oral y público, por lo cual en su futuro sólo asoma una pena de prisión perpetua, lo que equivale a, al menos, 35 años de reclusión.
Tal como viene informando este matutino, el primer hecho que se le imputó al soldado fue el abuso y posterior femicidio de Vilma Mercado (19), una joven que estuvo desaparecida hasta  que finalmente su cuerpo fue hallado en un monte ubicado en cercanías a una antena de televisión al costado de la ruta nacional 12, a varios kilómetros del casco urbano de Puerto Iguazú. 
El drama comenzó el miércoles 23 de octubre a la noche, cuando la muchacha salió de su casa en el barrio Las Orquídeas y nunca regresó. 
Tras la denuncia por su desaparición, los pesquisas empezaron a trabajar en el caso y en medio de las averiguaciones realizadas supieron que esa noche la joven había pactado un encuentro con un chico. 
Ese sospechoso fue identificado y se trataba del soldado Villar, que inmediatamente quedó en el centro de las sospechas y con el correr de las horas su situación fue complicándose más y más. 
Los propios familiares de Vilma se contactaron con él para preguntarle por el paradero de la joven, pero en cada consulta el joven incurrió en contradicciones que llamaron la atención de todos, principalmente la de los pesquisas, y el avance de la investigación lo dejó acorralado. 
Los investigadores constataron que tenía una mordida y cortes en sus manos, pero además de ello también encontraron un chip que podría pertenecer al teléfono de la víctima. 
Con todo esto sobre el tapete, los investigadores detuvieron al sujeto y allanaron su vivienda, donde incautaron sogas y una cinta de embalaje, elementos que terminaron siendo clave. 
Es que cuando la Policía encontró el cadáver de Vilma, durante la tarde del viernes 25 de octubre, se llevaron una imagen terrible al observar que el cuerpo estaba maniatado y con el rostro encintado. 
Justamente, fue la asfixia que le causó la cinta en su rostro lo que llevó a la muerte a la joven. Los exámenes médicos luego indicaron  además que la mordida que el soldado presentaba se condice con la cavidad bucal de la víctima.
Después de todo esto, Villar fue trasladado al Juzgado de Instrucción Tres, donde se abstuvo de declarar y fue imputado por los delitos de femicidio y abuso sexual, figura que prevé una pena de prisión perpetua.

Segunda causa
Pero la cuestión no culminó allí, ya que al conocerse todos los detalles del asesinato de Vilma, los pesquisas vincularon el hecho con un ataque sexual de similares características registrado dos semanas antes. 
Es que el 11 de octubre a la noche una adolescente de 16 años había sido auxiliada por un automovilista que circulaba por la ruta nacional 12 y luego de escapar semidesnuda de un monte lindante. Se trató de la misma zona donde Vilma después apareció asesinada. 
La menor denunció que mientras caminaba por Iguazú se acercó un motociclista que a punta de cuchillo la obligó a subir a su moto y así la trasladó hasta el monte donde la maniató y encintó el rostro, aunque ella pudo aprovechar un descuido de su agresor para escapar y pedir ayuda. 
Durante esta semana, la adolescente declaró en Cámara Gesell y ratificó todo lo que expresó en su denuncia, al tiempo que agregó más datos que apuntan directamente al soldado, a quien incluso reconoció como su agresor en una rueda de reconocimiento. 
“Se dio todo como en el caso Vilma, por la manera y el lugar donde la encontraron a ella. Mi hija estaba toda atada, encintada y en un momento hasta perdió la fuerza, se desmayó. Pero en un momento él se descuidó, fue hasta su moto y ella agarró su ropa y salió corriendo desnuda en el medio de la ruta”, expresó la madre de esta segunda víctima en diálogo con El Territorio previo a la concreción de la Cámara Gesell.
Por este hecho Villar también fue imputado y los elementos que la Justicia tiene en su contra son muchos y contundentes, por lo que su futuro pareciera estar escrito. 
“Nosotros queremos la perpetua, no podemos pedir menos, es la máxima y quiero que la pague en vida. Recibo muchos mensajes pidiendo que lo maten, pero yo no deseo su muerte. Es mi hija la que está muerta, pero habrá salvado a muchas chicas, a muchas familias. Por eso quiero que él pague en vida, porque si lo matan le están haciendo un favor. Nosotros no contratamos abogados, estamos con el fiscal porque confiamos en la Justicia”, expresó hace unos días María Leite, madre de Vilma. 

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