"El mundo no se va a parar hasta que yo me decida quién quiero ser"

Martes 4 de junio de 2019 | 05:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

La intolerancia es uno de los principales problemas de la humanidad. Grandes tragedias la tuvieron a ella como eje de ejecución por no concebir otro color de  piel, religión, simpatía partidaria, inclinación sexual o identidad de género.
Pero las barreras están hechas para romperse. Para avanzar y destruir los estereotipos. Las sociedades evolucionaron y su apertura mental permitió que existan leyes, como la de Identidad de Género en Argentina (ley 26.743) sancionada en 2012, que permite que las personas trans (transgénero) sean anotadas en sus documentos con el nombre de su identidad autopercibida y los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio.
Y ese apartado de arriba resulta atinado porque esta apertura propició también que el fin de semana pasado se haga la primera elección de la reina trans en Misiones. El evento se realizó en un conocido boliche alternativo de Posadas el viernes por la noche y coronó como su primera reina a Emma Aylen Verón (29), que representará a la provincia el domingo 16 en Córdoba; si se corona allí, competirá a nivel internacional en Barcelona, España.
Es por este motivo que El Territorio dialogó con Emma acerca del evento, de cómo se siente y de los prejuicios y dificultades que se le presentan por su identidad de género. Emma nació en el cuerpo de un hombre, pero siempre se sintió una mujer.
“Ahora no hay tanta discriminación como había antes, es un poco más libre, pero todavía existen personas que no pueden aceptar lo que es la realidad hoy en día”, expresó. 
Ni bien se conoció la noticia de este certamen trans, se convirtió en una de las más leídas y en las redes sociales afloraron comentarios de todo tipo. Desde los que celebraban la iniciativa como un paso más hacia la inclusión hasta la de los otros cuyas palabras, lejos de ser graciosas, resultaban ofensivas y hasta violentas.
“Era sabido que eso iba a pasar, pero nosotras vamos a seguir luchando para que esto no les suceda más a las generaciones que vienen después de nosotras. Es una lucha que llevamos las chicas trans todos los días”, dijo al respecto.
Uno de los principales obstáculos con los que se topó desde su cambio de género fue encontrar trabajo. Es así que tomó la riendas de su destino y hace cuatro meses se recibió de peluquera. “Me dije ‘basta, voy a estudiar y ser mi propia jefa’, es la única salida que encontré. Ahora estoy haciendo lo que realmente me gusta, que es el tema de la estética y de a poco voy saliendo adelante”, contó.

El cambio
Emma tenía cerca de 20 años cuando inició su proceso de cambio de género. Sin embargo, desde que tiene uso de razón se sintió una mujer y se dio cuenta de que le gustaban los hombres.
“Me dije ‘acá me largo y el que quiera aceptarme bien, el mundo no se va a parar hasta que yo me decida quién quiero ser’”, comenzó diciendo y agregó: “Pero esperé hasta la muerte de mi padre, él era una persona mayor y yo no quería ser lo que soy hoy y después sentirme culpable de su muerte. A mi mamá le costó un poco aceptarlo y ahora somos uña y carne, me acompaña en todo y su apoyo hacia mí es incondicional”.
Emma sostuvo que no pretende un trato especial por su condición debido a su elección, sino nada más que el respeto que merece cualquier ser humano con derechos. Y se definió a sí misma: “Yo soy una mujer trans. Yo sé lo que soy, no me creo una mujer nacida con vagina, soy consciente de todas las cosas. No ando diciendo a todo el mundo ‘soy una mujer, respétenme’. Respeto a la gente y espero que la gente también lo haga conmigo”.

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