El gigante del básquet

Miércoles 29 de noviembre de 2017

Hijo de padre y madre alemanes, nació en Oberá, el 7 de mayo de 1945 bajo el nombre de Ernesto Gehrmann. Desde pequeño su altura fue una de sus características más distintivas y por eso la pasión por el básquet no tardó en llegar. Surgió cuando cursaba el colegio secundario y sus amigos lo incitaron a que se pruebe en el Club Tokio de Posadas.
“Me reclutó Pelozzo, un correntino que trabajaba en las menores y me dio las primeras nociones. Luego tuve muchos entrenadores pero fue un brasileño, Damaseno Lopes, del que más aprendí, fundamentalmente en la parte psicológica, anímica, porque yo sufría mucho complejo con mi altura. Además, fue el que perfeccionó mis lanzamientos al cesto”, recordó en una de las tantas declaraciones periodísticas que dio. “Yo de básquet sabía que había dos aros y nada más. Era hincha de Boca y como todos jugaba al fútbol en la vereda. Así fui al Tokio y empecé a jugar. Iba al colegio mañana y tarde, entrenaba después todos los días, llegaba a mi casa y me juntaba a tirar con mis amigos”, añadió.
Llegar al plantel superior de su club e incorporarse a la selección misionera fue automático. "Disfruté defendiendo los colores de mi provincia. Teníamos un equipo más que aceptable, con un base muy habilidoso, Ratier, que me daba muchas asistencias. También el Tupy Varela, pero sólo cuando él quería, ya que era muy individualista para jugar".
Pero Gehrmann alcanzó dimensión nacional cuando llegó a La Plata para incorporarse al poderoso Gimnasia y Esgrima de Rolando Sfeir, Adolfo Perazzo, Antonio Arnal, Héctor Galliadi, Carlos González, Carlos Ratier, Jorge Martín y Orlando Butta orientados por el Bala Ripullone.
"Tras los provinciales se formaba el representativo bonaerense y robábamos en los Argentinos de Selecciones. Ni Capital, ni Córdoba, ni Santa Fe ni nadie podía con nosotros", memoró. También fue figura en suelo brasileño con los colores del Palmeiras de San Pablo.
En febrero de 1966 Finito debutó en la selección argentina enfrentando a Paraguay. Ese mismo año fue campeón sudamericano en Mendoza y repitió el título en 1976, en Medellín, Colombia.
"Yugoslavia y Estados Unidos eran grandes equipos pero el que más me impresionó siempre fue la Unión Soviética. Unas bestias. Te pasaban por arriba", recuerda admirado.
En 1979 cumplió su último año como internacional argentino alcanzando el récord de 12 temporadas entonces en poder de Rafael Lledó y Ricardo Alix.
En total Ernesto Gehrmann, que pisó canchas de 24 países, jugó seis Sudamericanos, tres Panamericanos y dos mundiales (más uno Extra) en los que, en 16 partidos, tuvo una media de 20.5. A principios de los 80 se retiró en Gimnasia.
Hoy vive en su casa de Villa Sarita, en Posadas, y sigue siendo una referencia dentro del deporte misionero. Es común verlo por las calles de la ciudad caminando, donde sigue despertando las mismas miradas de admiración, como cuando era un joven. De esta manera, el gigante del básquet pivotea para subirse al podio y ser el Misionero del Año. z

 

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