El epílogo de José Artigas

Domingo 2 de agosto de 2020
Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

Las guerras del artiguismo, en el aspecto interno, se libraron contra el Directorio. Pero esta entidad política desapareció después de la derrota del ejército porteño en la Batalla de Cepeda del 1 de febrero de 1820. Allí nació la provincia de Buenos Aires, con la que los caudillos federales del Litoral concertaron la paz que se concretó el 23 de febrero de ese año en el Tratado del Pilar. Artigas, mientras tanto, jefe de la coalición de los federales litoraleños, había sido derrotado duramente en la batalla de Tacuarembó, en tierras orientales, en diciembre de 1819, donde perdió la vida el sucesor de Andresito en la Comandancia de Misiones, el santotomeño Pantaleón Sotelo.

El del Pilar fue un acuerdo entre Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, sin mencionarse ni a la Liga Federal, ni a su Protector, José Artigas. Por Entre Ríos firmó Francisco Ramírez, segundo de Artigas hasta su derrota. El objetivo final de este pacto tripartito era convocar a un Congreso Constituyente que incluyera a todas las provincias rioplatenses. En su parte secreta, la mayor preocupación estuvo centrada en la de proporcionar armamentos y hombres para la continuidad de la guerra contra los luso-brasileños.

A José Artigas se lo ignoró por completo. Derrotado, se dirigió al sur de Corrientes instalando en Avalos su campamento general. Estando allí, se enteró de lo acordado por Ramírez con Buenos Aires y Santa Fe, reprochándoselo duramente: “Esta es la peor y más horrorosa de las traiciones de V.S.”.

El 24 de abril, Artigas, con la sola lealtad de Corrientes y Misiones, suscribe un pacto con el gobernador correntino Méndez y el nuevo comandante misionero, sucesor de Pantaleón Sotelo, don Francisco Javier Sity. En mayo, inició sus planes ofensivos contra Ramírez. Al principio las victorias fueron para las fuerzas artiguistas. Sity venció al comandante entrerriano Gervasio Correa en Arroyo Grande, mientras Artigas vencía a Ramírez en Las Guachas, el 13 de junio. Persiguiendo al entrerriano, Artigas fue sorprendido por las fuerzas ramiristas en Las Tunas el 24 de junio. Allí, las cosas cambiaron. La tenaz persecución del entrerriano sobre el oriental fue premiada con sucesivos triunfos en Yuquerí, en Mandisoví y en Mocoretá, donde participaron jefes guaraníes como Perú Cutí, Matías Abacú, Pablo Aramembi y López chico.

Alarmado por los contrastes, el comandante misionero Francisco Javier Sity envió al padre Javier Tisera para parlamentar con Ramírez, sometiéndose al entrerriano. Desde San Miguel, a orillas del Iberá, Artigas, desesperado, intentó recuperar la voluntad de Sity, a quien le escribió el 11 de agosto. “He llorado los trabajos que le ha ocasionado el engaño con que lo sedujo el inocuo Ramírez…e l objeto que se propuso Ramírez era desunirnos, para después, divididos, irnos pegando el golpe…. He juntado todas las tropas y familias para que vuelvan a su patria y esto solo es el objeto de mi venida. Yo no vengo a dar castigos sino voy con los brazos abiertos para estrecharlos como a hijos por quien tengo hechos tantos sacrificios y he recibido hasta ahora buena correspondencia. De nuevo los vuelvo a buscar con la unión y que juntos todos defendamos el sistema”.

Pero Sity no sólo hizo caso omiso a este intento artiguista, sino que contribuyó a darle el golpe de gracia. El 15 de agosto, en Asunción del Cambay, pequeño poblado guaraní-misionero construido a orillas del Miriñay, Artigas fue derrotado por el oficial entrerriano Gregorio Piris y el propio Sity. Terminó huyendo hacia Candelaria, donde llegó el 5 de septiembre, y desde allí pidió asilo en el Paraguay, donde residió hasta su muerte sin volver jamás al territorio nacional.

Paralelamente al avance de las tropas ramiristas se produjo un desbande general de la población guaraní que aún sobrevivía dentro de los límites provinciales al norte del Miriñay. El cruceño Pablo de la Cruz y el mandisoveño Perú Cutí reunieron los cientos de familias que venían de Misiones en Mandisoví y desde allí cruzaron todo el contingente al otro lado del Uruguay, quedando temporariamente despoblado todo el territorio desde el arroyo Yeruá hasta el Miriñay, antiguo territorio misionero. También fue abandonado el puerto de San Antonio de Salto Chico (hoy Concordia), cuyo caudillo, Domingo Manduré, siempre se mantuvo leal a José Artigas.

El 29 de septiembre de 1820 nacía la República Entrerriana del Pancho Ramírez, una unión de las provincias mesopotámicas que, en lo ideológico, constituyó una continuidad de la Liga Federal de Artigas. En el orden político, desparecieron los cabildos y se concentró todo el poder en el entrerriano, a quien se le otorgó el título de “supremo jefe de la República”. Dividió los territorios entrerriano y correntino en cuatro grandes departamentos. Uno de ellos, el de Misiones, respetó los límites tradicionales de la provincia guaranítica, desde el Miriñay al norte.

Dos ambiciosos proyectos guiaban al entrerriano Ramírez; llevar la guerra al Paraguay y armar un gran ejército para vencer al Imperio portugués. Su prematura muerte dio fin a esa ilusión, como a la efímera República Entrerriana, que desapareció con su jefe.

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